martes, septiembre 29, 2026
José Villagrán GarcíaMonografías

Sobre el arquitecto y maestro José Villagrán García

Por M. Alejandro Gaytán Cervantes


José ha sido un alumno brillante durante toda su etapa como estudiante de arquitectura en el nivel profesional; lo hizo, allá en Academia 22, en el centro de la Ciudad Capital, donde en la tercera década del siglo XX, se encontraba la Escuela Nacional de Arquitectura, dentro de lo que fue la Academia de San Carlos, “La Institución de las Tres Nobles Artes: “Pintura, Escultura y Arquitectura”.

Ahí, se la ha pasado enfrentado a los profesores de la propia Academia, que fue establecida hace mucho tiempo, como copia de la enseñanza de la edificación en España y Francia, donde se imparten los conocimientos de la manera tradicional, partiendo de los órdenes clásicos; esto es: el dórico, jónico y corintio, con todos sus componentes y aplicaciones, pero pensando en su utilización en la obra arquitectónica que será realizada por los arquitectos que en ese tiempo se encuentran en formación, en el inicio de los años veinte del pasado siglo XX.

Pero en el mundo de principios de este nuevo siglo, ha surgido una arquitectura moderna, producto de las nuevas tecnologías y de un conocimiento del hombre que se vislumbra con recientes formas culturales, apegadas a los nuevos conceptos, productos y posibilidades de entregar al hombre una arquitectura más acorde con sus nuevos requerimientos sociales y culturales.

José la conoce; la ha estudiado desde los cursos del maestro Francisco Centeno; lee publicaciones internacionales, analiza las obras publicadas en estos documentos y así se ha formado una clara opinión, muy propia de lo que debe ser la nueva arquitectura que, en 1924, es necesario realizar en nuestro país.

De esa forma ha terminado su carrera con excelentes calificaciones, aunque siempre en una constante contradicción con los conceptos de esa Academia, que él ve y siente como afectan en demasía al desarrollo de lo que deberá ser la futura arquitectura mexicana.

Como está programado, tal como lo marca la tradición, se presenta ante el gran jurado, con quien analizará la etapa final de su formación; esto es, exponer y sustentar el tema de tesis que plantea realizar para con él, efectuar su examen profesional y con ello su titulación.

De esa forma ha terminado su carrera con excelentes calificaciones, aunque siempre en una constante contradicción con los conceptos de esa Academia, que él ve y siente como afectan en demasía al desarrollo de lo que deberá ser la futura arquitectura mexicana.

Como está programado, tal como lo marca la tradición, se presenta ante el gran jurado, con quien analizará la etapa final de su formación; esto es, exponer y sustentar el tema de tesis que plantea realizar para con él, efectuar su examen profesional y con ello su titulación.

Ha realizado una propuesta muy bien documentada y, piensa él, fundamentada. En ella establece las condiciones del transporte de una ciudad cosmopolita como lo es la Capital de la República; las necesidades que tienen sus habitantes de una cada vez mayores y rápida comunicación con el resto del mundo; en fin; define claramente el requerimiento de un aeropuerto internacional que requiere la ciudad de México.

Presenta una exhaustiva exposición de las necesidades a satisfacer con esta obra, así como las características del programa arquitectónico del propio aeropuerto.

El jurado se muestra desconcertado ante la exposición hecha por José; de uno a otro se pasan las láminas presentadas por él. Analizan, pero callan; hasta que el Decano de la carrera expresa:

-Cómo se le ocurrió presentar esta propuesta, en base a qué. ¿Nos puede usted solidificar esto con una argumentación sólida? 

– Claro que sí, maestro:

México, la capital de nuestro país, es una ciudad con cerca de un millón de habitantes y va a crecer mucho más; por eso debe estar comunicada con las grandes metrópolis del mundo. Necesita contar con un aeropuerto de carácter internacional, que permita a los mexicanos llegar rápidamente a distintos países; al mismo tiempo, que pueda recibir visitas de personalidades, visitantes y productos de cualquier lugar.

-¡Está usted loco! Los aeroplanos sólo sirven para que orates como usted, se suban a ellos. Una persona de calidad, una familia de gente decente, jamás se subirá en esos armatostes.  ¿Se imagina a una buena familia, una familia decente subida en esas cosas?

-Pero maestro, ¿Como opina usted eso? Cada día los aviones recorren enormes distancias en el mundo sin ningún problema, son más seguros, más rápidos y directos que otros transportes e incluso se viaja en ellos con gran comodidad.

-No ha entendido nuestra postura. ¿No se da cuenta de lo ridículo de su propuesta?

– ¡Claro que he comprendido perfectamente sus argumentos! Pero no podemos desconocer el mundo que nos arrastra. La civilización crece a un ritmo grandioso, como nunca lo había hecho.

-Bueno, bueno; veamos; Nuestra conclusión es esta:

¡No aceptamos su propuesta para el tema de su tesis, por ser imaginario, fuera de toda proporción real, contrario a las buenas costumbres de nuestra sociedad!

Si desea recibirse, lo debe de remplazar. Regrese y sustente otro tema. Muchas gracias; puede retirarse.

Indignado y desconcertado José salió. Después de un tiempo regresó con un nuevo planteamiento:

Sonrió y dijo:

-Ahora sí, mi propuesta tiene una versión que creo es adecuada a su forma de enfocar el futuro. Mi tesis versa sobre la necesidad que tiene una población urbana para recibir a los viajeros que de las montañas y valles vienen y van con sus familias y sus cargamentos. Como ustedes pueden ver para mi tema de tesis, propongo:

“Un Mesón para Mulas y Burros en Pátzcuaro, Michoacán.”

Contra lo que él pensó este tema fue admitido de inmediato. El Jurado no se dio por aludido y lo aprobó. Este es el tema con el que se tituló como arquitecto el Maestro José Villagrán García. Esto sucedió hace 100 años.