lunes, junio 15, 2026
Mario Pani DarquíMonografías

Al Cliente… Lo que pida

Por M. Alejandro Gaytán C.

Raúl es responsable de la construcción de la torre Guadalquivir, proyecto de Don Mario Pani, el arquitecto más renombrado del momento. Con la obra casi terminada, recorre el edificio para encontrar detalles a solucionar. De súbito, en el sexto piso se abre la puerta de un departamento ya habitado y aparece una señora de edad madura con tipo extranjero, quien le dice:
-Arquitectou, mí lo anda buscandou, pero qué bueno que está aquí usted. Mire venga a my department, vea nada más que tan horrible cosa. Y abre su departamento.
-Perdóneme señora, no veo nada mal, ¿A qué se refiere?
-Mire nada más esta columnas que estar cerca de la entradas, is terribl, está muy mal, afea el living

-Bueno, son gustos personales, pero si no la desea ¿qué puedo hacer?
-Lo que mí querer es usted elimínela de ahí.
-Pero ¿cómo se le ocurre que se puede suprimir una columna? Si la quitáramos se caería el edificio.
-Si no puede quitarlas, entonces mí decir al arquitectou Pani.
-Haga usted lo que quiera, pero él va a darle la misma respuesta.
Sale volando en busca del jefe del proyecto, del creador del edificio. En un instante regresan juntos; el arquitecto viene casi corriendo y a cada paso hace muchos aspavientos; al acercarse exclama:
-Arquitecto, cómo se atreve a decirle a la señora que no se puede quitar una columna. ¡Al cliente, lo que pida!
-Pero, arquitecto, cómo cree usted posible quitar una columna, el edificio se vendría abajo.
-No arquitecto, al cliente nunca se le dice no. Por favor, señora, vayamos a su departamento para ver esa columna que a usted le parece fea.

La señora, sonriente, abre su puerta y exclama:

-¡Mire nada más, que cosa fea se ve aquí en el hall!.-Perdóneme, señora, pero para mi gusto se ve muy bien, crea un vestíbulo muy agradable en la entrada. Pero tiene usted razón. Yo soy como usted, de que quiero realizar un capricho, lo hago, así llueva o truene. Por favor, arquitecto, haga un pequeño presupuesto a la señora y pasado mañana se lo presentamos.
Mire, esto no puede considerarse en el costo de su departamento, ya que, con los 200 mil dólares, apenas sacamos los gastos; así es que comprenda usted, este será un costo adicional. Pero no se preocupe, el precio lo dividiremos entre dos y yo me comprometo a costear la mitad; usted sólo pagaría el resto.
-Thank you very much; ya ve usted, arquitectou, como si se pudou hacer lo que mi quería.

En cuanto se retira la americana, el joven arquitecto exclama:

-Por favor arquitecto Pani, cómo se le ocurre quitar una columna -Y. ¿quién le ha dicho que lo vamos a hacer? Lo que sí le digo y apréndalo de verdad, es:
“A un cliente nunca se le dice que No”. Hágale a la señora un presupuesto por unos dos millones de dólares y me lo entrega; yo se lo presentaré.
A los dos días llegaron con la dueña del departamento:
-Que bueno estar ustedes aquí; ¿me trajeron el estudiou?
-Claro, señora. Oiga, Mire, que bien se ve la columna que vamos a quitar; la he visto igual en muchos edificios de lujo en Europa y Estados Unidos: Pero como le digo, usted tiene razón, un capricho es para hacerlo.
A ver, arquitecto, páseme por favor los papeles. El costo resultó un poco más alto de lo que pensábamos; todo ha subido de cuando iniciamos la construcción, pero no se preocupe, como convenimos nosotros absorberemos la mitad y usted la otra. ¿Está de acuerdo?
-Mi parecer bien, a ver déjeme ver su paper.
Al leerlo, exclama:
-Cómo es posible este costo. ¡Es un escándalo!
-No señora; mire, debemos recimentar el edificio, reforzar todas las columnas y trabes; más bien creo, nos hemos quedado cortos

La gringa se queda pensativa, ve nuevamente su columna y dice:

-Bueno, que le vamos a hacer, deje la columna como está.

-¡Qué sabia decisión ha tomado usted! …
El tiempo se lo demostrará; vendré a visitarla el año próximo y creo, para entonces, estará de acuerdo conmigo: esta es la mejor columna vista por usted en su vida.