{"id":6560,"date":"2026-04-30T07:31:01","date_gmt":"2026-04-30T12:31:01","guid":{"rendered":"https:\/\/calli.digital\/revista\/?p=6560"},"modified":"2026-04-30T07:31:02","modified_gmt":"2026-04-30T12:31:02","slug":"vuelta-al-origen","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/2026\/04\/30\/vuelta-al-origen\/","title":{"rendered":"Vuelta al Origen"},"content":{"rendered":"<body>\n<figure class=\"wp-block-image alignleft size-thumbnail\"><img decoding=\"async\" width=\"150\" height=\"150\" src=\"https:\/\/calli.digital\/revista\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/image025-150x150.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6404\" style=\"aspect-ratio:3\/2;object-fit:cover\" loading=\"lazy\"><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>\u00c1lvaro Morales<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>La historia del urbanismo moderno en Guadalajara es, en buena medida, la historia de muchas ciudades de Am\u00e9rica Latina \u2014y quiz\u00e1 del mundo\u2014: la historia de sue\u00f1os que promet\u00edan un futuro mejor y que, con frecuencia, terminaron en naufragio. Y es tambi\u00e9n la historia de ideas importadas, de modelos copiados con entusiasmo, pero mal asimilados, de tropicalizaciones fallidas y de lecciones que rara vez se aprendieron.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo del siglo XX se persiguieron utop\u00edas urbanas que poco ten\u00edan que ver con nuestro origen, con nuestra cultura o con nuestro territorio. El sue\u00f1o de la ciudad jard\u00edn de Ebenezer Howard, se intent\u00f3 en 1943 en Chapalita; m\u00e1s tarde llegaron las aspiraciones modernistas inspiradas por Brasilia y la visi\u00f3n monumental de L\u00facio Costa y Oscar Niemeyer, y despu\u00e9s vendr\u00edan los suburbios influenciados por el fordismo norteamericano. Cada uno de estos modelos promet\u00eda un futuro m\u00e1s ordenado, pr\u00f3spero y \u201cmoderno\u201d. Sin embargo, ese futuro rara vez lleg\u00f3 como se hab\u00eda imaginado.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el tiempo, el inter\u00e9s econ\u00f3mico se impuso sobre la l\u00f3gica urbana. El autom\u00f3vil fue valorado por encima del \u00e1rbol, y el beneficio privado por encima del bien com\u00fan. La ciudad se configur\u00f3 con una pir\u00e1mide de movilidad invertida, donde el peat\u00f3n ocupa el \u00faltimo lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>A finales del siglo XIX y principios del XX Guadalajara inici\u00f3 un profundo proceso de transformaci\u00f3n que la llev\u00f3 a abandonar la traza reticulada del Centro, para incorporarse a las tendencias europeas y norteamericanas en materia de trama citadina con trazos irregulares como se iban fraccionando los terrenos circundantes. Antes de la creaci\u00f3n de las \u201ccolonias, la ciudad se organizaba en barrios tradicionales como Analco, Mexicaltzingo, San Juan de Dios y El Santuario, que datan de la \u00e9poca colonial. Las primeras colonias formales en Guadalajara fueron la colonia Americana y la Francesa, fundadas en 1898 y dise\u00f1adas por el arquitecto Ernesto Fuchs, sellando una expansi\u00f3n fuera del centro hist\u00f3rico. Con influencia europea, surgieron en el Porfiriato como opciones residenciales a los barrios tradicionales m\u00e1s antiguos.<\/p>\n\n\n\n<p>A principios de 1900, brotaron colonias como la Lafayette, la Moderna y la Reforma, iniciando un abandono progresivo del centro hist\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p>En los a\u00f1os setenta se fortaleci\u00f3 esta tendencia con fraccionamientos cada vez m\u00e1s lejanos, como Santa Anita, de los estadunidenses Bill Frees y Roger McCann, El Palomar o Ciudad Buganvilias contribuyeron a dispersar la estructura urbana y a dificultar la provisi\u00f3n eficiente de transporte, servicios e infraestructura. A su alrededor, proliferaron versiones reducidas de estos modelos: peque\u00f1os cotos cerrados que replicaban, la aspiraci\u00f3n suburbana, y d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, otro impulso de expansi\u00f3n se manifest\u00f3 en fen\u00f3menos como Valle Real, de forma que habitantes que durante generaciones hab\u00edan dado vida al centro, a barrios y colonias tradicionales se desplazaron hacia la periferia, por aspiraci\u00f3n o por necesidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras, arquitectos y urbanistas intentaban planificar la ciudad desde el escritorio. El mercado inmobiliario avanzaba con su propia l\u00f3gica, ajena a cualquier proyecto urbano integral. Era un modelo de ciudad que no era consciente del da\u00f1o que producir\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta expansi\u00f3n territorial trajo consigo una dispersi\u00f3n social: muchos barrios perdieron cohesi\u00f3n y se debilit\u00f3 uno de los elementos m\u00e1s valiosos de la vida urbana: la convivencia barrial.<\/p>\n\n\n\n<p>Condici\u00f3n b\u00e1sica es: La ciudad es, por definici\u00f3n, Ca\u00f3tica, no entendida de manera despectiva, sino como parte de su naturaleza. El universo es, en fin, como una gran ciudad; para usar una comparaci\u00f3n de Prigogine, (teor\u00eda del caos), que viene completamente al caso; como en esta, reina el orden y el desorden; hay bellas estructuras arquitect\u00f3nicas, y tambi\u00e9n embotellamientos de tr\u00e1fico.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor parte de la realidad no es ordenada, sigue esta teor\u00eda, ni estable ni equilibrada, bulle con el cambio, el desorden, el azar, aunque es capaz de generar estructuras y ordenamientos no aleatorios. Las ciudades funcionan de manera similar. Complejas, diversas, inestables y vivas, que es la que les otorga identidad. Cada ciudad posee un modo particular de organizar su propio caos: Bangkok, Londres, Marrakech, Buenos Aires o la Ciudad de M\u00e9xico y tambi\u00e9n Guadalajara, se distinguen por esa singularidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se camina por la Ciudad de M\u00e9xico, por ejemplo, uno no puede dejar de asombrarse de que ese aparentemente ca\u00f3tico entramado de autos, personas, vendedores, cables, edificios y \u00e1rboles funcione.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a ese espect\u00e1culo urbano, la frase atribuida a Galileo parece inevitable: \u201cy, sin embargo, se mueve\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En contraste, ciudades como Brasilia \u2014planificadas desde cero con admirable rigor\u2014 muestran las limitaciones de una planificaci\u00f3n excesiva. Pese a su extraordinaria arquitectura, muchas veces producen una sensaci\u00f3n de orden r\u00edgido, de vac\u00edo y de vida urbana limitada. Es una lecci\u00f3n que data de 1956 y que, sin embargo, seguimos sin aprender del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, si el caos es inherente a las ciudades, es ingenuo tratar de controlarlas mediante planes r\u00edgidos. Ser\u00eda m\u00e1s sensato aceptar su naturaleza din\u00e1mica y aprender a gestionarla: concertar el caos, administrar la anarqu\u00eda, establecer principios generales m\u00e1s que normativas exhaustivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no significa renunciar al orden urbano, sino cambiar la perspectiva. En lugar de imponer esquemas cerrados, se trata de construir marcos flexibles que permitan orientar el desarrollo de la ciudad sin sofocar su vitalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia demuestra que la planeaci\u00f3n urbana tradicional, bidimensional (aplicada a ciudades tridimensionales) y normativa, suele estar desconectada de la realidad urbana. A pesar de la enorme cantidad de reglamentos y planes existentes, la ciudad contin\u00faa evolucionando de formas inesperadas. Con frecuencia, la norma termina sustituyendo al criterio.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, comienzan a surgir con claridad algunos principios que deber\u00edan orientar el futuro urbano de Guadalajara. Entre ellos destaca la necesidad de complejizar la ciudad antes que seguir expandi\u00e9ndola, reducir la huella ecol\u00f3gica del crecimiento metropolitano, crear m\u00e1s espacios p\u00fablicos, priorizar formas de movilidad alternativas al autom\u00f3vil, fortalecer el arbolado urbano y mejorar las condiciones para el peat\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Para avanzar en esa direcci\u00f3n, algunas estrategias resultan particularmente relevantes:<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Modificar legislaciones y simplificar tr\u00e1mites para facilitar proyectos urbanos de calidad.<\/li>\n\n\n\n<li>Restringir el Coeficiente de Ocupaci\u00f3n del Suelo y flexibilizar el Coeficiente de Uso del Suelo.<\/li>\n\n\n\n<li>Promover usos mixtos y complejidad urbana en tres dimensiones.<\/li>\n\n\n\n<li>Sustituir ciertos pagos o contribuciones por obras que mejoren el entorno urbano, como \u00e1reas verdes, equipamientos o espacio p\u00fablico.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>M\u00e1s que debatir sobre la altura de los edificios, convendr\u00eda concentrarse en la calidad del espacio urbano que se genera a nivel de calle. La altura rara vez es el problema central; lo verdaderamente importante es el espacio p\u00fablico, el arbolado, la calidad ambiental y la vitalidad de las calles. Como se\u00f1alaba Louis Kahn, \u201cla calle es una estancia comunitaria\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed que resulte razonable permitir mayor flexibilidad en alturas, pero exigir a cambio mejores condiciones urbanas. Cada nuevo desarrollo deber\u00eda representar una ganancia para la ciudad en t\u00e9rminos de espacio p\u00fablico, algo tan simple como aplicar la donaci\u00f3n de \u00e1reas de sesi\u00f3n en desarrollos verticales que adem\u00e1s ya est\u00e1 contemplado en el Art\u00edculo 179 del C\u00f3digo Urbano para el Estado de Jalisco<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, es fundamental recuperar la idea de la ciudad como un espacio compartido. Hoy muchas ciudades se han vuelto excluyentes: lo privado prevalece sobre lo p\u00fablico, los ciudadanos se encierran tras murallas y los espacios colectivos se reducen. El coto tapat\u00edo, fraccionamiento urbano cerrado, podr\u00eda tener sentido desde el adentro, desde la individualidad, pero resulta agresivo e incoherente desde el afuera, desde la comunidad, desde la ciudad y sus interacciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Asistimos entonces a una suerte de ruptura urbana, en la que las relaciones entre las partes que configuran el sistema de las ciudades est\u00e1n fracturadas. Lo que sigue, por tanto, es entender d\u00f3nde est\u00e1n las principales fracturas, los m\u00e1s dolosos conflictos, y buscar una reconciliaci\u00f3n urbana que exige reconstruir la relaci\u00f3n entre el ciudadano y su ciudad. Esto implica reconocer la diversidad de funciones, actividades, redes sociales e infraestructuras que conviven en el espacio urbano. La complejidad urbana \u2014lejos de ser un problema\u2014 es una condici\u00f3n necesaria para una ciudad viva.<\/p>\n\n\n\n<p>A simple vista uno puede observar que existe una suerte de dicotom\u00eda intr\u00ednseca entre los faroles y los charcos, entre los balcones y los \u00e1rboles, entre los cables y los sentimientos, entre los coches y los zapatos, los globos y la publicidad. Y es f\u00e1cil tambi\u00e9n darse cuenta de la manifiesta rivalidad existente entre las puertas y el viento, entre los tejados y el cielo, entre los sombreros y los autobuses, entre las calles y las llantas, entre las flores y los peri\u00f3dicos, entre el ciudadano y la ciudad, pero tambi\u00e9n entre los ciudadanos mismos, y entre las partes que configuran la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, la diversidad de usos, la mezcla de actividades y la presencia constante de personas en las calles son elementos fundamentales. Como se\u00f1alaba Jane Jacobs, las calles necesitan estar llenas de vida para funcionar verdaderamente como espacios urbanos.<\/p>\n\n\n\n<p>El principal escenario de esta reconciliaci\u00f3n debe ser el espacio p\u00fablico. Las calles, plazas y parques constituyen el lugar donde la ciudad se reconoce a s\u00ed misma. All\u00ed se desarrolla la confianza colectiva, se construye ciudadan\u00eda y se fortalecen los v\u00ednculos sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuperar el espacio p\u00fablico significa devolver a los ciudadanos la posibilidad de encontrarse, de caminar, de convivir. Significa tambi\u00e9n instalar el gobierno de los \u00e1rboles, de lo verde, del espacio comunal.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad puede entenderse como un gran escenario donde los individuos representan su papel social. Cuando ese escenario desaparece o se deteriora, los ciudadanos pierden tambi\u00e9n parte de su identidad urbana. Se trata, en \u00faltima instancia, de reconstruir una relaci\u00f3n afectiva entre la ciudad y quienes la habitan.<\/p>\n\n\n\n<p>En a\u00f1os recientes han comenzado a surgir se\u00f1ales alentadoras. Nuevas pol\u00edticas urbanas, algunos cambios normativos y una renovada valoraci\u00f3n de la vida urbana parecen apuntar en una direcci\u00f3n m\u00e1s prometedora. A pesar de los debates sobre fen\u00f3menos como la gentrificaci\u00f3n, existe un movimiento gradual de retorno hacia los barrios tradicionales.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 la se\u00f1al m\u00e1s esperanzadora sea que las nuevas generaciones est\u00e1n volviendo a habitar las casas y barrios donde vivieron sus abuelos. Ese regreso paulatino al centro y a la vida urbana est\u00e1 contribuyendo a recuperar la vitalidad de la ciudad. Y no se trata de implementar nuevos modelos urbanos, se trata de atender a nuevas din\u00e1micas sociales que han puesto a la ciudad configurada y sus oportunidades de recreaci\u00f3n, convivencia y disfrute en el deseo de muchas personas que ya no quieren la vida de las periferias y sus espejismos, que optando por una ciudad viva y vivible andando. Es decir, nuestros hijos regresan a la casa de los abuelos.<\/p>\n\n\n\n<p>Si este proceso logra consolidarse, Guadalajara podr\u00eda reencontrar uno de los principios m\u00e1s simples y profundos del urbanismo: las ciudades existen para las personas. Es decir, debemos recuperar la vida urbana, premisa b\u00e1sica para generar ciudad y ciudadan\u00eda, para tener ciudades activas y latentes, tener espacios p\u00fablicos usados por la gente, y as\u00ed lograr ciudades m\u00e1s seguras, transitables, amables y bullentes.<\/p>\n<\/body>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La historia del urbanismo moderno en Guadalajara es, en buena medida, la historia de muchas ciudades de Am\u00e9rica Latina \u2014y<\/p>\n","protected":false},"author":82,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"colormag_page_container_layout":"default_layout","colormag_page_sidebar_layout":"default_layout","om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-6560","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-editorial"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6560","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/82"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6560"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6560\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6561,"href":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6560\/revisions\/6561"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6560"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6560"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/calli.digital\/revista\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6560"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}