Los Muros de Ricardo Legorreta
En octubre de 1929, al tiempo que Nueva York y el ámbito financiero vivían sus peores momentos, Juan O´GormComo amante apasionado de mi país y de acuerdo con la formación profesional que me es propia, me apasiona nuestra arquitectura vernácula, lección inacabable de lo mexicano… Ricardo Legorreta. Muros de México
Estas líneas de Ricardo Legorreta (1931-2011) son definitorias para acercarnos a su obra, en particular a aquella construida en las últimas décadas del siglo XX. Se trata de un grupo de proyectos que se inscriben inicialmente dentro de la arquitectura hotelera o industrial y que corresponden a los que algunos estudiosos llaman Regionalismo.
Pero vayamos por partes para comprender mejor estas propuestas del galardonado diseñador. Realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM, al tiempo que iniciaba como delineante en el taller del arquitecto José Villagrán; eran los inicios de la década de los cincuenta y el llamado estilo internacional se constituía en la expresión arquitectónica en boga. Legorreta se recibió en 1953 y para 1955, después de actuar como jefe de taller, lograba ser socio de Villagrán hasta 1960. En ese momento estableció Legorreta y Arquitectos en sociedad de Noe Castro y Carlos Vargas, aunque sus primeras obras tenían todavía el sello del movimiento Moderno, con ejemplos paradigmáticos como el novedoso y audaz edificio para las oficinas de Celanese Mexicana en 1968.


Ese mismo año, especialmente significativo para México ve la luz el que puede considerarse como el primer edificio de un nuevo lenguaje arquitectónico, el Camino Real. Este momento corresponde por una parte a la primera crisis mundial del fin de siglo, que tuvo un carácter particularmente difícil y cruento por las revueltas y protestas que culminaron en el terrible episodio de Tlatelolco; por la otra, correspondió al desarrollo de los Juegos de la XIX Olimpiada que contó con un buen número de actividades culturales y para la cual se inauguró dicho hotel. En esta obra, Legorreta logró conjugar el carácter íntimo de las propuestas domésticas de su amigo y asesor Luis Barragán, con las necesidades hoteleras de gran escala y edificios complejos.

Sobre esta doble influencia que tuvo una síntesis exitosa en su trabajo, la del maestro Villagrán y la de su amigo Barragán, el propio Legorreta versó en su Conferencia Magistral en el 11º Congreso Internacional de Docomomo, que se llevó cabo en la ciudad de México en 2011. De este modo estableció que “Mis reflexiones surgen del hecho de haber trabajado con Villagrán muchos años… y de una especial amistad con Luis que no tenía nada que ver con el trabajo”, agregando que “Todas estas experiencias me han permitido tener diversos puntos de vista” … para concluir “que para hacer una buena obra se necesita una pasión”. Pasión que Legorreta buscó imprimir a sus proyectos y realizaciones.
Dentro de la Hotelería, puesto que realizó muchos hoteles en este período, sobresalen: el Camino Real Cancún, 1975, y el Camino Real Ixtapa, 1981, localizados dentro du un marco natural de singular belleza. En este último, las líneas sobrias que generan los diferentes volúmenes del conjunto siguen, por razones estructurales, la inclinación del terreno, con uno de sus principales aciertos en el área de habitaciones que cuentan cada una con una amplia terraza propia.


En cuanto a la arquitectura industrial, sus inicios se dieron en colaboraciones con Villagrán, buscando siempre resolver los complejos requerimientos de los procesos fabriles, al tiempo que se preocupa por la dignidad y calidad de espacios para los trabajadores.


En estos espacios que construye a partir de la década de 1970, imprime el lenguaje y expresión que ya había desarrollado, donde se aprecia la calidez de las edificaciones, así como las reminiscencias locales, aseverando que “un elemento que le es común y definitivo tanto en las construcciones del valle como en las costas, el desierto y el altiplano: el muro”; Muros que se hacen presentes como protectores frente a los climas extremos y con la fuerza que les otorga el poderoso colorido.
Entre otros podemos mencionar la fábrica IBM en Guadalajara y los laboratorios Mexicolor Kodak, ambos en 1975, y la fábrica de motores Renault en Gómez Palacio, Durango, 1983-85.

De forma paralela participa en proyectos tanto de edificios de oficinas como de casas particulares. Mencionamos el edificio para las oficinas de Seguros América Banamex en CDMX, 1977, el Centro Financiero Banamex en Monterrey, 1982, o Corporativo Televisa en Santa fe, 1999, donde la austeridad de los exteriores, con grandes muros coloridos, contrasta con amables interiores dotados de patios y jardines. También señalamos algunas casas en México y en Estados Unidos, que propiciaros el inicio de su presencia allende las fronteras.

En este período resultan de mayor interés una serie de edificaciones para la educación y la cultura, tanto en su país como allende el Rio Bravo; En todos estos casos su lenguaje arquitectónico se mantiene con variantes que corresponden tanto a los deseos de los clientes como a las demandas del entorno. Por lo que se refiere a los espacios museísticos proyecta el Children´s Discovery Museum en San José, California, 1989, el Museo de Arte Contemporáneo MARCO en Monterrey, 1991 y el Papalote Museo del Niño en la CDMX, 1994, la de la Universidad Autónoma de Nuevo León, la biblioteca Principal de San Antonio, Texas, y la de Chula Vista, California, todas en 1995. Finalmente podemos mencionar la Escuela Nacional de Artes Plásticas “La Esmeralda” en CDMX 1994 y el Centro de Artes Visuales de la Universidad de Santa Fe, Nuevo México, 1999, así como el Centro Internacional Tom Bradley de la UCLA en Los Ángeles, 1996 y el Centro Residencial Schawb de la Universidad de Stqanford, California, 1977.
A manera de conclusión, es posible afirmar que, a finales del siglo XX, las obras de Ricardo Legorreta se caracterizaron por sus volúmenes masivos, con pocas aperturas, y sus generosos espacios interiores, donde predominan texturas y colores cálidos, con materiales naturales como el barro, la madera, los textiles y detalles refinados de la artesanía popular. Además del edificio para la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM en 2010. En todos los casos, la importante y hasta imponente presenciade muros poderosos, protectores, conduce el diseño y la presencia de estas obras, tanto en contextos urbanos como en ambientes naturales.

El resultado es siempre un sabio equilibrio entre la austeridad y moderación de ciertos recintos y la imponente generosidad de otros cuyo diseño interior trata de manera integral sacando provecho de una larga experiencia en el diseño de muebles y accesorios de su taller.
Se comprende que tanto sus planteos como sus realizaciones se nutren de lo vernáculo y de una corriente arquitectónica regionalista y emotiva, logrando su principal aporte en la adaptación de estos preceptos en edificios con necesidades de una gran escala.
“Los muros de Ricardo Legorreta”, Summa +, N° 159, Buenos Aires, septiembre 2017.
