Paisajismo Mexicano: Mito, Desierto y Floresta.

La dimensión cósmica de la naturaleza latinoamericana
Desde tiempos ancestrales el hombre quedó sumergido en la naturaleza y se vio obligado a comprenderla y dominarla para asegurar su supervivencia. Su presencia no había modificado la vastedad de los paisajes naturales durante milenios. Sin embargo, la dinámica urbana del siglo XX –con el surgimiento de las megalópolis- generó un universe artificial que contuvo la vida cotidiana de millones de habitantes.
Las contradicciones económicas y sociales producidas por la civilización contemporánea y la dimensión territorial descontrolada de las ciudades entraron en contradicción con el sistema ecológico de la naturaleza. Se desencadenó así una crisis ambiental sin precedentes con un futuro sombrío; la contaminación de la atmósfera, la corrupción de las aguas, la desertificación de los territorios y los cambios climáticos debido al calentamiento global que provocan catástrofes naturales, aceleradas en las últimas décadas.


La conciencia de esta crisis ambiental y la caída económica mundial han cambiado la problemática de la arquitectura y del urbanismo. Ahora los profesionales en la materia están menos dedicados a los esquemas abstractos de la planeación y el diseño y se muestran más sensibles antes las condicionantes ecológicas y naturales. Tal como afirman Ábalos y Herreros, hoy debería existir una relación entre los materiales artificiales altamente sofisticados y los materiales naturales, a fin de crear modelos tecnológicos híbridos. Se trata de una integración que alcanza las escalas de la ciudad y del contexto natural en nuevo diálogo destinado a rescatas el equilibrio perdido y a genera –de acuerdo con Edgar Morin- un ecosistema socio urbano. Luis Barragán aseguraba que la arquitectura del paisaje es una arquitectura sin cubierta, e Iñaki Ábalos asocia el diseño arquitectónico con la técnica de jardineo. Zaha Hadid asume por su parte la importancia del terreno como elemento generador del proyecto, tanto por su facilidad de organización en capas –los estratos geológicos- como por la posibilidad de esculpirlo por medio de la inserción de la arquitectura.
Y el italiano Massimiliano Fuksas considera que, además del paisaje, la problemática del proyecto contemporáneo es más geográfica que morfológica. Tesis recientes demuestran la indispensable interacción entre el universe artificial y el natural, para evitar una crisis radical del planeta Tierra.
La naturaleza constituye un elemento dominante en la imagen de América Latina. De ahí que Cristóbal Colón, en su primer viaje al Nuevo Continente, afirmara sobre territorio cubano: “ésta es la tierra más bella que los ojos humanos jamás hayan visto”. Los visitantes europeos descubrieron una naturaleza exótica de una dimensión inusitada: con gigantescas florestas, montañas, desiertos, ríos y planicies. Sometido al espectáculo de una naturaleza escenográfica y al imaginario “urbano” de su cultura, el colonizador español no entendió ni asimiló la relación entre religión y naturaleza presenten en las civilizaciones primitivas americanas. Imposibilitados al diálogo, los recién llegados se aislaron y refugiaron en la malla cartesiana de las ciudades ajenas al contexto natural. Éste sin embargo aparece, disminuido a su mínima expresión, en los jardines de los patios interiores de conventos y mansiones señoriales.
Cuando en el siglo XIX las ciudades empezaron a crecer, la necesidad de espacios verdes dio origen a la presencia de parques y jardines
públicos diseñados a partir de los modelos europeos que buscaban domesticar la naturaleza tanto los geométricos italianos y franceses como los modelos libres y románticos de Inglaterra. Surgieron algunos parques importantes como el de Palermo en Buenos Aires, el parte de Charles Thays, el Campo de Santana en Río de Janeiro, de Auguste Francois Marie Glaziou, y el Bosque de Chapultepec, promocionado por el emperador Maximiliano de Austria en la Ciudad de México.
La liberación de los modelos canónicos y académicos ocurre en el siglo XX, cuando la ciudad moderna es imaginada como un sistema diseminado en el espacio natural. Tal fue la propuesta de los urbanistas revolucionarios rusos y de Le Corbusier en los proyectos de la Ville Verte para Buenos Aires y Río de Janeiro, con la esperanza de recuperar el equilibrio entre el contexto natural y el artificial. Finalmente se produjo una interpretación del arte y la naturaleza en el espacio urbano. Logrado en los diseños del brasileño Roberto Burle Marx.


