Comentarios sobre el Arq. Bernardo Gómez Pimienta

La casa es el paseo
Decía Heidegger que construir es habitar y que habitar es cuidar. Cuidando la montaña en la que se posa, la Casa MTY diseñada por Bernardo Gómez-Pimienta, no es solamente una habitación para sus dueños, es también un regalo a la ciudad que ahora contempla los árboles y los pedruscos de su sierra bajo el signo de una edificación tutelar. Cada una de las cajas que la integran, parecen haber sido depositadas con suavidad sobre el cerro sin romper ni una rama de árbol. Si construir es cuidar, será también escuchar: por eso la arquitectura es el otro arte del oído. Diálogo de construcción y naturaleza. No es el sometimiento de lo silvestre al dictado de la razón, es el contrapunto del trazo y el azar: la inteligencia del hombre frente a la otra.
La casa ocupa su lugar en la montaña sin allanarla. Una silvestre exuberancia se entiende íntimamente con la exactitud matemática de la imaginación y de la técnica. Los caprichos del bosque son el contrapunto del exquisito esmero arquitectónico. La casa promulga así un claro manifiesto contra la jardinería, ese sometimiento de la
vegetación al designio de navajas y equilibrios. Pinos, encinos, cedros, oyameles, zacatonales, yucas, uñas de gato, lechuguillas son —más que vecinos— cohabitantes de la casa. La inteligencia geométrica de Gómez-Pimienta, la profunda sabiduría de sus formas
se despliega aquí como una ambición comedida: el arquitecto maduro que entiende las fronteras de su arte admitiendo la colaboración del mundo.
La casa que acaba de recibir Medalla de Plata en la categoría de vivienda unifamiliar en la Bienal de Arquitectura Mexicana es una intervención corpulenta y, al mismo tiempo, sutil. Se muestra, pero también se esconde. Ostensible a la distancia, pero ligera, casi etérea desde el interior. Cada espacio encuentra su vocabulario, su material, su continente: madera, mármol, concreto, fierro.
Cada ritual doméstico merece residencia inconfundible; cada cuarto, su envoltura: cada recinto recibe un abrazo único y sin prisa. Los espacios nunca se dan la espalda: se comunican con pasillos de contemplación. Hilos de luz, túneles de transparencia enlazan un cuerpo de células libres. La montaña se convierte de ese modo en la puntuación cotidiana de la casa. No hay conglomeración de aposentos, la arquitectura deja de ser asiento para volverse travesía. Paréntesis en la montaña unidos por la transparencia de una coma. La vitalidad de la casa reside en su régimen respiratorio: todo tránsito cotidiano absorbe al bosque. Desplazarse de la sala al comedor, del cuarto a la cocina es inhalar la montaña y exhalar arquitectura. Llenarse de mundo los pulmones. El paseo no es la excursión de quien sale de la casa para perderse en el cerro: la casa es el paseo.
Desde el verano de 1922, Martin Heidegger vivió en una cabañita en las montañas de la Selva Negra. Abandonó la ciudad para habitar aquella mudanza que marcó su filosofía escribió un texto al que tituló «El pensador como poeta». Su casa, su pensamiento, su vida seducidos por la naturaleza y una arquitectura que la escucha:
• Cuando la luz de la aurora crece en silencio sobre las montañas
• Cuando el molinillo de viento que está fuera de ventana de la cabaña zumba en la tormenta que crece…
• Cuando a través de un jirón con nubes de lluvia se desliza de pronto un rayo de sol sobre la penumbra de las praderas…
• Cuando al comenzar el verano se abre una solitaria flor de narciso en la pradera y una rosa de las rocas brilla bajo el arce…
• Cuando el viento, al cambiar de repente, murmura en las vigas de la cabaña y el tiempo amenaza con volverse desagradable…
• Cuando en un día de verano la mariposa se posa en una flor y, con las alas cerradas, se balancea con ella en la brisa…
• Cuando el arroyo de montaña en el silencio de la noche cuenta su caída sobre las piedras…
• Cuando en las noches de invierno se desgarran en la cabaña tormentas de nieve y una mañana el paisaje se calla bajo su manto de nieve…
• Cuando los cencerros de las vacas tintinean desde las laderas del valle de montaña donde los rebaños vagan lentamente…
• Cuando la luz de la tarde, inclinándose en algún lugar del bosque, baña de oro los troncos de los árboles…
• El filósofo, ciudadano de su cabaña, registra las confidencias naturales de las que brota la idea, la vida. El texto concluye en poema:
• Los bosques se extienden, Los arroyos saltan
• Las rocas permanecen. La niebla se difunde
• Las praderas esperan. Brota la fuente
• Los vientos viven Bendiciendo a las musas.
La bendición de las montañas silenciosas, los milagros de la luz, las amenazas del viento, los bailes de la brisa. Y las rocas que permanecen. Mudanzas del tiempo y la dura persistencia de la roca. La Casa MTY de Bernardo Gómez-Pimienta ha sido tocada por la misma musa. La arquitectura es la conquista física de lo intangible. Otra forma de nombrar lo inefable y, además, habitarlo.
