ASTILLEROS de VERACRUZ.
Al término de mi participación en el curso de Planeación de Empresas Públicas, nos explicaron que el examen final sería el análisis de una empresa desde el punto de vista de las diferentes estructuras involucradas; como son los aspectos productivos, financieros, directivos, de organización etc., el punto de vista del sindicato de trabajadores, de representantes gubernamentales, en fin, una junta de consejo con 10 participantes representando las distintas funciones dentro de la empresa.
Obviamente nos dividieron en grupos de diez y a cada uno nos entregaron una gran carpeta con la información sobre una empresa. A nosotros nos tocó “Astilleros de Veracruz”.
Era viernes y deberíamos estudiarla el fin de semana, para el lunes, hacer el examen y aplicar lo aprendido en el semestre.
Revisé el material y encontré que se trataba de una empresa muy mal operada, con números rojos espeluznantes en todas sus secciones; personal mal manejado e instalaciones caducas. La producción había bajado notablemente, sus instalaciones estaban incompletas, más de la mitad del personal era de edad avanzada para una jubilación, pero no había recursos para ello; existía una fundición que operaba con un alto déficit en su producción.
Sólo examiné la información superficialmente, pues sentí que el propósito del examen era obtener una sola conclusión: Declarar a la empresa “Astilleros de Veracruz” en absoluta quiebra.
Iniciamos la sesión los diez alumnos, con un maestro argentino como coordinador que tomó el caso con mucha soltura: Nos reunió en una gran mesa, donde nos explicó como funcionaría la reunión:
Sería una Junta de Consejo, para determinar que se haría con la empresa. En una caja transparente puso diez papales con lo que cada uno de nosotros, en sorteo, tendría asignado un cargo en ella.
En el momento que revisé el papel que se me asignó, descubrí que era el de Gerente General, me entró un enorme desasosiego, pues en el papel asignado, caía en mí toda la responsabilidad sobre cómo funcionaba la empresa.

Solicité una pausa de diez minutos para estudiar mi documentación.
Sobre la marcha organicé mi intervención que se basaba en lo que sabía sobre la ciudad de Veracruz: En ella, el IMSS necesitaba construir un nuevo hospital, que podría utilizar el remanente de terreno, que era de una dimensión adecuada para ello. Con este supuesto hice mis cálculos.
Se inició la Junta de Consejo: habló el representante sindical que planteó la situación anómala de los trabajadores; la deuda que tenía con ellos la empresa y que la gerencia general debía solucionar.
Continuó el representante de Hacienda, que dio a conocer el monto acumulado por falta de pago de los impuestos, lo que representaba una enorme deuda, indispensable cubrir. El área administrativa, señaló la ausencia total de recursos para continuar operando y para solucionar las deudas existentes. Con una posición semejante continuaron los demás participantes.
Al final, el maestro que fungía en este caso como fiscal del evento, me dio la palabra: Ahora el gerente general nos expondrá como están las cosas en conjunto y cuál es el camino que se debe seguir.
Tomé la palabra y dije:
- compañeros, como ustedes saben, hace poco tiempo que asumí esta responsabilidad, pero conozco ampliamente lo que aquí sucede por eso les pongo a su consideración una alternativa de solución.
- El IMSS requiere en esta zona de la ciudad donde se encuentra nuestra empresa, de un nuevo Hospital General de Zona, que debe ser construido inmediatamente para lo que requiere de un terreno de tantos metros cuadrados, cantidad muy semejante al remanente de terreno con que contamos.
El precio del metro cuadrado en este sector varía de —- a —. Sí consideramos venderlo aún al costo menor, su venta significaría un ingreso de —–, lo que nos daría recursos suficientes para indemnizar a los trabajadores que lo requieren, pagar las deudas a bancos y al fisco y además, aún contaríamos con aproximadamente —– como un soporte con el que podríamos continuar operando, y eso sí, hacerlo con un sistema administrativo moderno, que no permita los errores como los que nos tienen en tan crítica situación.
Propongo, además, formar una empresa propia que maneje la fundidora en forma independiente de nuestros astilleros.
Pongo a la consideración de esta Asamblea la propuesta para solucionar toda nuestra problemática situación.
Inmediatamente los demás miembros del consejo aprobaron unánimemente la propuesta.
El único que brincó en su lugar y se quedó sin palabras fue nuestro coordinador, el maestro argentino que al reaccionar dijo:
- Tú no puedes llegar a esta conclusión, no es lo adecuado; y además tú qué sabes de cómo manejar una fundidora.
- Es que debo decirte que en lo personal tengo una fundidora y conozco todo su manejo.
- No pudo defender su posición y debo decir, que sacamos diez todos los participantes en esta Junta de Consejo.
A la salida me encontré con el maestro argentino, al que le dije:
- Perdóname, pero como todo era una suposición, debo decirte que no tengo ninguna fundición.
