El estado actual de la Arquitectura
Arq. Reinaldo Pérez Rayón
febrero de 2010
A principios del siglo XX, tuvo lugar el cambio más significativo en la larga historia de la arquitectura, pues los que habían sucedido se señalaban mediante los estilos artísticos, que atendían más a las formas externas. Este caso, fue más conceptual, al afirmar el papel de la arquitectura como satisfactor social, de acuerdo con las nuevas condiciones imperantes. Esto implicó una mayor preocupación por satisfacer las necesidades humanas, con preferencia las de los grupos más necesitados, por lo tanto, también con la mayor economía, mediante el mejor aprovechamiento de los recursos tecnológicos.
Viollet le Duc, el gran arquitecto francés, a mediados del siglo XIX ya había anticipado la necesidad de una arquitectura nueva que expresara con sinceridad sus posibilidades estructurales y constructivas y las necesidades por satisfacer.
La nueva arquitectura, con esta conceptualización, moderna, funcional, racional, internacional, orgánica, etcétera, como se le ha adjetivado, en referencia a sus características, todas concurrentes en satisfacer con la mayor eficacia y economía, las necesidades humanas, y ha sido determinante en las formas plásticas resultantes, y que la belleza fuera la consecuencia natural de la expresión sincera de la finalidad lograda.
Louis H. Sullivan, de los principales iniciadores de la nueva arquitectura en EU dijo: “La forma sigue a la función.
Históricamente la arquitectura ha sido determinada por las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales, y ha contribuido al mantenimiento de dichas condiciones y del poder político. No en balde, las obras más significativas que nos han sido legadas son palacios y templos, cuya magnificencia se relaciona con el poder de los príncipes y de las iglesias que las usufructuaron.
Sin remontarnos demasiado al pasado, debemos puntualizar las condiciones cercanas que gestaron la nueva arquitectura:
El Renacimiento, con el humanismo, inicia una revaloración del hombre, que se irá afirmando mediante las sucesivas revoluciones sociales, otorgando derechos fundamentales, que se reflejan en una demanda a la arquitectura, para satisfacer un cúmulo inédito de necesidades. Esta demanda en los países pobres supera con mucho las posibilidades económicas. La economía resulta, entonces, una condición necesaria para la arquitectura.
El desarrollo científico y tecnológico dio lugar a nuevos materiales: el concreto armado y el acero estructural fueron altamente propiciatorios para el surgimiento de una arquitectura, menos artesanal y más tecnificada y sobre todo con formas más novedosas y audaces.
La arquitectura tradicional más preocupada por ser contemplada que habitada, por un pudor inexplicable, recurrió a la decoración para disimular sus propias formas, sobreponiendo, elementos constructivos de arquitecturas pasadas.
Por el contrario, la nueva arquitectura, eliminó toda decoración superflua, confiando en la belleza de su desnudez. El ejemplo más significativo, fue el pabellón alemán para la Exposición Internacional de Barcelona en 1929, proyecto del arquitecto Mies van der Rohe. El edificio luce en todo su esplendor y en su interior, en el lugar propicio, está dispuesta una bella escultura. El edificio como continente y la escultura como contenido se complementan armoniosamente sin subordinación alguna. Inexplicablemente la obra fue demolida.
El concepto de belleza en la arquitectura moderna contar con una percepción diferente, el gusto visual, a diferencia del pasado, no se busca, como era lo común, por la mera contemplación de las fachadas. Ahora el disfrute visual se produce, tanto desde el exterior, como en el interior, y de adentro hacia fuera, por lo que el entorno natural cobra gran importancia, porque tanto los ecologistas ahora como los urbanistas del mundo, que en los años treinta firmaron, la Carta de Atenas, han clamado por recuperar y mantener, sobre todo en las ciudades, la necesaria relación del hombre con su medio natural y que la ciudad misma se inserte en la naturaleza. Esto es una fuente de belleza indiscutible.
La arquitectura moderna surgió en Europa. Le Corbusier, el principal realizador y proselitista del movimiento. Contribuyó, en forma muy importante; también la creación de escuelas de diseño moderno. La nueva arquitectura influyó de inmediato en el entonces naciente diseño industrial. La más importante de ellas fue la del Bauhaus en Alemania. El diseño moderno es una forma de creatividad sin precedente histórico y ha llenado el mundo, sobre todo de los objetos cotidianos, de nuevos elementos.
¿Qué es lo que pasó en México? Un grupo de jóvenes y talentosos arquitectos, egresados de la escuela de arquitectura de la Universidad Nacional, única escuela existente en el país, destacando entre ellos Juan O ‘Gorman, se convirtieron en entusiasmados defensores de la nueva arquitectura y realizaron un conjunto de obras de beneficio social con la aplicación rigurosa de sus principios. Su entusiasmo los llevó a la enseñanza de la arquitectura donde se dieron dos circunstancias: Por una parte, el grupo enfrentó la inercia de la tradición de su propia escuela que los rechazó, y por otra, formaron los cuadros profesionales que el desarrollo del país demandaba, con espíritu nacionalista y de servicio social, en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura.
Esta escuela de vanguardia influyó en la transformación de la enseñanza en la escuela de arquitectura de la Universidad.
Podríamos decir que al término del segundo tercio del siglo pasado, la arquitectura que se realizaba en el mundo, salvo contadas excepciones obedecía a las premisas de la arquitectura moderna, y las formas resultantes eran consecuentes con dichas premisas.
Aquí en nuestro país, el desarrollo social y económico previsto, propició la realización de múltiples e importantes obras con los postulados de la nueva arquitectura. Escuelas, sobre todo rurales, empezaron a llenar el país, y en el nivel de educación superior, dos conjuntos destacaron: la Ciudad Universitaria y la Unidad Profesional de Zacatenco, importantes hospitales a la altura de los mejores del mundo, el Centro Médico, destruido por el sismo del 85. Edificios e instalaciones para la cultura, la recreación, varios parques deportivos.
El proyecto de la Unidad Profesional de Zacatenco obedeció además a otras premisas, en una etapa más actualizada y avanzada de la arquitectura moderna. Estas premisas consistieron en: Una rigurosa modulación tanto para las partes como para el conjunto, con las ventajas de sistematización que esto implicó. Una concepción dinámica de los espacios, para ajustarlos a los cambios de las necesidades, tan acelerados en nuestro tiempo y una elasticidad en el proyecto para absorber los crecimientos futuros. Con estas condicionantes, mantener la funcionalidad el mayor tiempo posible.
Así también, el uso de los materiales y sistemas constructivos más avanzados tecnológicamente, correspondiendo al hecho de ser el IPN, la institución de enseñanza tecnológica más importante del país. Un ejemplo de esto fue el uso de estructuras metálicas soldadas, ligeras, cuando predominaban las remachadas tradicionales, pesadas y costosas.
Se buscó emplear, en el mayor grado, materiales de fabricación fabril, así como la aplicación de sistemas constructivos mecanizados y de montaje, en un esfuerzo para lograr una arquitectura industrializada hasta donde fue posible, en su momento y en nuestro país. Estas premisas, dieron a la Unidad un valor propio y definido.
El Estado, a través de diversas instituciones, realizó conjuntos habitacionales de interés social, desafortunadamente insuficientes por la limitación de recursos, pero en general apegados también a los postulados de la arquitectura y del urbanismo moderno: edificios de varios pisos, adecuadamente separados entre sí y dejando áreas intermedias con jardines de uso común al margen de las circulaciones vehiculares.
Pero no ha dejado de persistir la milenaria tradición artística de la arquitectura, según la cual, si la arquitectura es una de las bellas artes, su finalidad debe ser la de crear belleza, al igual que las demás artes plásticas, sólo que, en este caso, también tiene que cumplir con una utilidad, lo que necesariamente implica un compromiso en el manejo de las formas para satisfacer ambas premisas.
Esta persistencia no ha dejado de mantener una preocupación por las formas plásticas resultantes, como motivadoras del gusto visual. A veces disimulada, a veces abiertamente postulada.
El hombre mismo, sobre todo el urbano, se ha llegado a parecer a los demás rebasando fronteras, lo mismo geográficas que culturales —el vestir es muy ejemplificador— La arquitectura, salvo las diferencias impuestas por los programas de necesidades, por los sistemas constructivos o por el clima, no puede, si es sincera y honesta, excluirse de esta realidad.
Esta generalización de las formas creó una familiaridad que podría parecerse a un estilo, según el concepto y el papel que estos asumieron en la arquitectura tradicional. Esto produjo formas de la nueva arquitectura sin importar la función, que se ostentaran como modernas.
Al iniciarse el gran desarrollo de las comunicaciones que ha achicado al mundo, hasta llegar a lo que hoy se menciona como la aldea global, tuvo lugar una euforia universalista. Hubo quienes, orgullosamente, se autonombraron ciudadanos del mundo. Se creó la Sociedad de las Naciones que se pensaba como antecedente de un gobierno universal. Se inventó un idioma internacional, el esperanto. Se sucedieron las grandes ferias internacionales. Sobre todo, se confiaba en que esto traería el fin de las guerras y de las desigualdades entre los países.
Pero el sueño duró poco. El despertar fue la primera guerra mundial y las consecuencias a su término, que condujeron a las grandes dictaduras, la de Franco en España, de Mussolini en Italia, de Hitler en Alemania y finalmente, a la segunda guerra mundial.
Las dictaduras fomentaron los nacionalismos y coaccionaron a la arquitectura para adoptar las formas vernáculas de sus respectivos países, convirtiéndola en rehén de sus ambiciones políticas de dominio, afortunadamente sólo por el tiempo que duraron.
La necesidad del sistema capitalista de incrementar el consumo de lo que se produce, ha conducido a las modas, que crean una obsolescencia estética periódica, para que la gente deseche lo que aún sirve y adquiera lo mismo, que se le ofrece con nuevas formas aprovechando el gusto por lo novedoso que las mismas modas han propiciado. Esto se constata con la ropa, los automóviles, los aparatos electrodomésticos y con casi todo lo que se produce.
El medio más efectivo ha sido la publicidad, empleando todos los recursos a su alcance, materiales y psicológicos. Aprovechando los medios de comunicación masiva y los espacios públicos visibles, en azoteas, calles, avenidas y carreteras. La arquitectura no escapó al impacto cultural de las modas, que ha producido cambios en las formas que no obedecen a nuevas necesidades o a la evolución de los sistemas constructivos.
Así, se puso de moda el uso de formas propias de la prefabricación, a pesar de que los sistemas constructivos fueran aún artesanales. La de los espacios triangulares, una especie de horror al ángulo recto, con las consecuentes dificultades constructivas, innecesarias, y el menor aprovechamiento de los espacios, en detrimento de la economía.
El caso de la llamada arquitectura posmoderna, que inexplicablemente alcanzó cierto éxito en Europa y en Estados Unidos, y alguno, tardíamente en nuestro país, aun cuando, ya sólo por el tiempo limitado, característico de las modas.
Buscar una arquitectura nacional mexicana ha sido una preocupación meramente formal. Una arquitectura proyectada para satisfacer las necesidades de los mexicanos de hoy y con el empleo de los recursos constructivos, materiales y humanos, actuales del país, si es honesta y veraz, tendrá que expresarse a sí misma. Por consecuencia tendrá que resultar tan parecida a la de otros países, como los mexicanos actuales somos parecidos a sus nacionales respectivos y en el grado en que los recursos constructivos son internacionales. Las diferencias
sólo podrán resultar de las propias condiciones del país, entre el campo y las ciudades, o las climáticas. Pero suponiendo que se justificara, si no copiar, por lo menos adoptar ciertas formas para caracterizar una arquitectura propia ¿Cuáles serían éstas?
Las prehispánicas, serían las únicas con derecho propio, ¿pero la enorme distancia que guarda el habitante del México prehispánico con el mexicano actual, lo justificaría? De la arquitectura colonial tenemos experiencias frustradas; el colonial de Polanco de los años treinta y cuarenta, resultó una verdadera caricatura. ¿De las formas afrancesadas del porfiriato o de las de las haciendas de esa misma época? Cualquier intento en este sentido, por talentoso y “exitoso” que sea, está condenado a ser una moda más.
En el proyecto de la ciudad Universitaria, hubo el propósito de volver a una integración plástica con la arquitectura, sobre todo con la pintura. Uno de los antecedentes más notables de esta integración lo constituyen los Monasterios Pintados de la Moldavia Rumana, iglesias bizantinas cubiertas en su totalidad por frescos, que se pueden aún admirar por su magnífica conservación.
El edificio en el que, en mayor grado, se llevó esto a cabo, fue el de la biblioteca, que por lo especial de su forma como un cubo cerrado, prácticamente se pudo cubrir con frescos. Además de algunos intentos aislados, este propósito de integración plástica, que nació y tuvo su mejor expresión en la Ciudad Universitaria, también ahí murió.
La publicidad también ha implicado a la arquitectura, importantes edificios, sobre todo rascacielos, se han erigido como símbolos formales o imágenes corporativas de grandes empresas, sacrificando la funcionalidad y aún la rentabilidad de la inversión a cambio de la finalidad publicitaria. En este caso las formas de la arquitectura se han asimilado a las escultóricas con detrimento de sí mismas.
Lo importante es que las preocupaciones formales, distraen a la arquitectura de sus metas fundamentales de servicio. Por ejemplo, el de buscar el aprovechamiento al máximo de los recursos actuales de la tecnología, los nuevos materiales y los sistemas constructivos avanzados, de prefabricación o de franca producción industrial sus valores inherentes como la funcionalidad, la seguridad y la agradabilidad.
Lo anterior constituye un reto a la imaginación y al talento de los arquitectos. Ojalá y este reto lo tomaran los egresados del Politécnico, haciendo honor a los orígenes de su escuela.
En la realidad actual, con la afirmación del sistema capitalista como única opción, por lo tanto, con el predominio del mercado para la producción de bienes y servicios, y frente a un estado cada vez más pobre de recursos, la arquitectura tiende a convertirse en una mercancía más, con su consiguiente declinación.
Hay una zona en la ciudad de México, de desarrollo muy reciente, la de Santa Fe, que puede considerarse como un ejemplo de lo que está pasando en la arquitectura y en donde, a mi modo de ver, se refleja todo lo que aquí he considerado. La diversidad de los edificios parecería efectivamente como si se hubiera tratado de ejemplificar con cada uno de ellos lo que he apuntado, con un acusado formalismo, parecen obedecer a propósitos comunes, como la significación respecto de los demás; tanto el arquitecto como el propietario, sin preocupación de su funcionalidad, en prejuicio de los ocupantes, de su rentabilidad, en detrimento de la economía.
El resultado, a mi modo de ver, es un conjunto anárquico desde el punto de vista arquitectónico, y sin un verdadero plan urbanístico que lo articule. Dada la gran extensión de terreno, su alto valor, y la magnitud de la inversión, es triste que se haya perdido la oportunidad de realizar un conjunto de gran calidad, en lo arquitectónico y urbanístico.
Es de vital importancia buscar el abaratamiento de la vivienda. Todos los esfuerzos hechos hasta ahora consistieron en lograr el mayor aprovechamiento del espacio para disminuir su tamaño, pero se ha llegado a un punto en que ya no es posible su reducción sin sacrificar los requerimientos mínimos de comodidad, seguridad y agradabilidad y sólo aparece la corrupción como el motor de estas obras. Pero, si es posible buscar el abaratamiento de una buena realización.
Los materiales plásticos, ocupan, en grado importante, el mundo de los objetos que nos rodean, supliendo a veces a los tradicionales con gran ventaja, por ejemplo, al acero ya que su resistencia llega a ser diez veces mayor en relación con su peso.
Su utilización en la arquitectura resulta particularmente ventajosa: por ser fácilmente moldeable por su ligereza, resistencia y rigidez que los hacen idóneos para soportar los sismos, el aislamiento térmico y acústico, sus superficies resistentes al desgaste y fáciles de asear, la impermeabilidad, y su belleza por la casi infinita gama de colores y texturas que pueden lograrse.
Una producción industrial de viviendas, factible ya con nuestros recursos tecnológicos e industriales, y con el aprovechamiento de nuevos materiales, parece ser el único camino para acercase, por lo menos, a aliviar el problema de la habitación en corto plazo y llegar a solucionarlo en un futuro próximo.
Para concluir, la arquitectura moderna, con sus auténticos y verdaderos valores, tiene un largo y promisorio camino para cumplir con el compromiso que le corresponde frente a las apremiantes demandas sociales, a condición de que los arquitectos sobre todo los jóvenes, los recién egresados, tomen plena conciencia de la trascendencia de su actuación.
