Juan O’Gorman Responde

Juan O’Gorman
En el número 28, esta Revista publicó un artículo de la Sra. Raquel Tibol, titulado “Juan O’Gorman en varios tiempos”. A la autora de dicho artículo no se le puede pedir un análisis constructivo de mi trabajo como arquitecto pues para esto se necesita tener un mínimo de conocimientos técnicos de la materia que trata. De todo lo que dice ese artículo no se llega a ninguna colusión útil, solo se desprende la idea de que en el transcurso del tiempo niego lo que anteriormente he defendido y que, por lo tanto, no tiene consistencia las ideas que he profesado. Al igual que los lidercillos demagogos de la Escuela de Arquitectura, la autora de dicho artículo me hace parecer como un cirquero oportunista y lo único que logra es hacer más confusas las ideas y obscurecer los conceptos elementales de la teoría de la arquitectura que son tan claros como la luz del día. Como al Revista CALLI es leída por ingenieros y arquitecto y por estudiantes de estas mismas profesiones, me veo, una vez más, en la necesidad de aclarar los conceptos que han sido la base de mi trabajo como arquitecto y esto lo hago solamente porque lo considero útil para la formación del criterio de los estudiosos de esta materia.
Vuelvo a explicar, es el funcionalismo, que se refiere a los edificios que satisfacen exclusivamente la necesidad del albergue. Los edificios que se hacen con un contenido estético, cualquier que sea este y que en su condición expresiva van más allá de la satisfacción de las necesidades mecánicas del albergue, no se les debe ni se les puede llamar funcionales.
Con el advenimiento del funcionalismo, a principio de este siglo, se han desarrollado una serie de procedimientos técnicos para llegar a realizar edificios y cosas que son simplemente albergues útiles del hombre y son:
1º. La técnica de la construcción que implica el conocimiento sistemático de los diversos tipos de estructura: claro resta que la técnica de construir no termina allí. A mayor conocimiento de esta Técnica, mayores son las posibilidades de un funcionalista más perfecto, más eficiente y económico.
2º. La técnica de la distribución, que es la planeación de las partes y conjuntos de los edificios y se refiere a las necesidades específicas de albergue que deben llenar dichos edificios (individualmente y dentro de los conjuntos urbanos). Los diferentes locales de un edificio representan una seria de diversas necesidades que no pueden desarrollarse dentro de un solo espacio y por lo tanto se requieren diferentes tipos de locales útiles, separados los unos de los otros. Claro está, que para determinar el tamaño y proporción correcta deseo locales útiles es necesario planear cada uno de esto de acuerdo con los muebles so máquinas que contiene. Dentro del funcionalismo hay un espacio requerido que es justo y necesario para cada local y estos tamaños se determina técnicamente. Pero para hacer una distribución correcta de estos locales útiles, (unos con respecto de otros y de acuerdo con la relación de sus funciones dentro del edificio). Se requieren espacios de circulación para ligar y separar estos locales.
En la medida en que dentro de un edifico las circulaciones sean más cortas, en esta misma medida es más funcional la distribución del edifico.
Solo cuando la distribución se aplica con criterio técnico y se lleva a su mayor perfección se llega a edificios que funcionan bien, es decir funcionales. Esta es la técnica de las instalaciones y de los equipos.
Instalaciones eléctricas, de agua y saneamiento, de acondicionamiento de aire, etc., etc. Equipos de puertas, ventanas, canceles, muebles, máquinas, etc., etc. De suerte que con la aplicación correcta de estas diferentes técnicas se pueden realizar edificios que funcionen mecánicamente con perfección.
Nos preguntamos: ¿Cómo se va a resolver el problema de la habitación colectiva, considerando el enorme aumento de la población den los últimos años en el mundo? Necesariamente será por medios mecánicos, industrializados y completamente funcionales, de otra manera no se podrá resolver. Este apremiante problema necesita pensarse y resolverse con los conceptos del ingeniero y no con los del arquitecto.
Para explicar este mismo asunto, voy a decir cómo se planteó y se realizó el programa de construcción de escuelas, que me fue encomendado en la Secretaría de Educación Pública entre los años de 1932 y 1934. En aquella época, me encontré que un 90% de los edificios donde estaban instaladas las Escuelas Primarias eran totalmente inadecuadas. En su mayoría eran casas viejas de habitación rentadas para escuelas. En un 50% eran pocilgas sin luz, ni ventilación, sin patios de recreo, sin instalaciones sanitarias.
Unos cuantos años antes la raíz de la Revolución Mexicana de 1910-1914 el Sr. Ministro José Vasconcelos había mandado construir edificios tales como la Escuela Primaria Benito Juárez o como la Escuela Normal de Maestros de esta Ciudad.
Edificios en los que se gastaban millones de pesos en arquitectura. Edificios de tipo conventual con patios de recreo rodeados de corredores fortificados dando acceso a salones de clase sin orientación correcta (con respecto a la posición del sol durante los diversos períodos del año) con bibliotecas que remendaban capilla de convento, portadas de piedra con relieves, recubrimientos de tezontle, rematas de piedra labrada etc., etc.) llamado Estilo Colonial. ¿Qué había que hacer?
¿Seguir este procedimiento “revolucionario” o hacer edificios escolares (sin arquitectura) que resolvieran lo más económica y eficientemente las elementales necesidades de alberque escolar en D.F.? De 1932 a 1934. Que fue lo que duró la administración del Lic. Bassols en la Secretaria de Educación Pública, proyectamos y construimos (sin mordidas) 30 edificios de escuelas primarias para un total de 15,000 niños en el Distrito Federal, una Escuela Primaria en Tampico, Tamps. Y una Escuela Técnica (ahora llamada vocacional) en la Ciudad de México, con un gasto de un millón de pesos, que entregaba el Departamento del D.F. a la Secretaría de Educación Pública como subsidio anual. Quien lo dude puede consultar las memorias publicadas por la Secretaría de Educación Pública en estos años.
Esta primera etapa de mi trabajo como “arquitecto” la desempeñé como ingeniero de edificios y si hoy volviera yo a la Secretaría de Educación Pública como “arquitecto” para proyectar y construir las escuelas, volvería a hacer edificios escolares lo más funcionales posible, sin arquitectura propiamente dicha, es decir, sin concepto estético ni estilo de ni8ncuga clase (incluyendo el llamado estilo Internacional que hoy está a la moda del día), porque considero que hoy existe el mismo problema en el que, con respecto a los edificios escolares, la cantidad determina la calidad. Volvería a dar otro “salto acrobático” (según la Sra. Tibol) para servir a mi patria, lo más eficazmente que yo pudiera, como ingeniero de edificios y volvería a proyectar y construir edificios escolares dentro del concepto de lo que ella llama torpemente “despojamiento funcionalista! Por el año de 1935 el funcionalismo significó en México una novedad y yo mismo proyecté y construí muchas casas de habitación con este mismo criterio. Esto pudo haber sido un error si se considera que la casa habitación particular debe resolverse siempre como obra de arte. Pero este pudo de vista también es muy discutible sobre todo cuando el ahorro que se obtiene con el funcionalismo es considerable. Claro está que en manos de los mercachifles el “máximo de eficiencia por el mínimo de inversión”, de lo cual yo no soy responsable.
Otra de las consecuencias que, en México tuvo la “arquitectura” funcional, es decir la ingeniería de edificios fue la de romper los moldes de la antigua academia, abrir el paso a lo que hoy se conoce como arquitectura moderna del llamado Estilo Internacional. Muchas personas confunden esta arquitectura modernista y cosmopolita con la “arquitectura” funcional porque la juzgan sólo por su apariencia y no se dan cuenta que en esa arquitectura modernista y cosmopolita se emplean los elementos y las formas derivadas del funcionalismo como formas derivadas del funcionalismo como formas para producir efectos estéticos sin función utilitaria. Con el desarrollo de esta arquitectura cosmopolita se ha llegado a crear la nueva academia de la arquitectura de cajón que hoy día se hace dondequiera, por cualquier egresado de cualquier escuela de arquitectura y que ha llegado a la plenitud del aburrimiento. Esto es lo que llamo la degeneración de la arquitectura de nuestra época, pues aparenta sea funcional sin serlo. El proceso de su desarrollo histórico ha sido mecánico y no implica creación o invención de forma arquitectónica. Tampoco implica economía en el gasto de horas de trabajo para realizarla. Es decir, es una arquitectura que no tiene las ventajas de la ingeniería de edificios ni tampoco es obra de arte como creación original de la imaginación humana.
Mi casa de habitación, construida en 1951 en las estribaciones del Pedregal de San Ángel, es un ensayo de arquitectura orgánica y la única obra de verdadera arquitectura que he realizado en mi vida. Su principal mérito consiste en ser una expresión de protesta en contra de la academia actual de los cajones modernistas. por eso procuré, en la medida de mi capacidad como artista, que la arquitectura de esta casa fuera todo lo contrario del recetario de la arquitectura académica cosmopolita. Aunque su apariencia sea eso que, para ridiculizar un poco, la Sra. Tibol llamo “indigenismo-neobarroco” si se estudia un poco su construcción y su distribución se verá que están aplicados en esta casa, de la manera estricta, los principios del funcionalismo, En el caso de la ingeniaría de edificios del funcionalismo es la finalidad u en la arquitectura de calidad el funcionalismo es el medio que sólo sirve de base, para lograr, mediante la imaginación, una expresión original que, cuando llega a ser vehículo de armonía entre los hombres y la tierra, llega a ser la expresión de una época. Esta es la lección, fácil de comprender, pero difícil de aplicar, que nos dejó el gran arquitecto Frank Lloyd Wright, inventor de la arquitectura orgánica en el mundo moderno.
En la antigua Tenochtitlán el centro cívico religioso estuvo constituido por edificios cuya magnifica arquitectura fue la expresión estética de la más alta calidad, tanto arquitectónica como urbana y el resto de la ciudad lo formaron las casas construidas por sus habitantes, llamadas jacales, perfectamente funcionales, realizados con los materiales, con la técnica y con los conocimientos empíricos y prácticos de aquella época.
Octubre de 1967 Juan O’Gorman
Algunas de las demás facetas de O´Gorman que no fueron tratadas en esta publicación
La casa de Juan O´Gorman, Nota (La destruyó Helen Escobedo)






Museo Anahuacalli


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O´Gorman, Pintor, Muralista




