viernes, mayo 1, 2026
Louise NoelleMonografías

El Camino de la Letra y  la Investigación

Eduardo Langagne

Como la gente famosa, Louise Noelle es conocida por su nombre de pila; su apellido paterno es Gras y el materno es Gas; al casarse con el señor Mereles, tomó su apellido y ahora su hija, dedicada a la comunicación se llama Louise Mereles.

De ascendencia francesa, su abuelo Gas ya nació en México, y su abuelo Gras en Francia, quienes se casaron con dos damas de San Rafael, ubicado en las costas veracruzanas, fundado por colonos franceses..
Consciente de que era difícil para una mujer ejercer la carrera de arquitectura, estudió Historia del Arte, en la Universidad Iberoamericana. Es así como los arquitectos Carlos González Lobo, Chuy Barba, Ricardo Arancón, Jorge González Loyzaga y el investigador Alberto Híjar, la interesaron más y más en la investigación de la arquitectura contemporánea, descubriendo que había mucho espacio para estudiar y que hacían falta profesionistas interesados en esta materia.

Tuvo un trato muy cercano con la familia del maestro Mario Pani, por lo que en 976 la invitó a colaborar en la más importante revista de arquitectura de aquella época: Arquitectura/México y, posteriormente, coeditora de la publicación en compañía de Arturo K. Pani, lo que le permitió ingresar al estudio de la historia y la crítica de la arquitectura por la “puerta grande”, pues con esta calidad se acercó a los más importantes realizadores de la época, ya que el comité editorial estaba formado por Enrique Yáñez, Raúl Cacho, Luis Barragán, Augusto H. Álvarez, Enrique Carral, Mathias Goeritz, Agustín Hernández, Ricardo de Robina, Ricardo Legorreta, Enrique del Moral, Juan O’Gorman, Emilio Rosenblueth, David Serur y Ramón Torres.

Después de las reuniones editoriales, el maestro invitaba al grupo a comer, para comentar desenfadadamente las últimas noticias del mundo de los arquitectos y de la arquitectura, por lo que ella se pudo enterar no solamente de la obra de los maestros del momento, sino anécdotas que ampliaron su visión de este medio.

Los cuatro años siguientes permaneció como coeditora de la revista, hasta que en 1980, después de cuarenta años, tuvo que cerrar, como resultado de una de las crisis recurrentes a las que tan acostumbrados estamos. En ese periodo realizó entrevistas a arquitectos de las más variadas corrientes arquitectónicas, como María Luisa Dehesa, Augusto H. Álvarez, Ramón Torres, Juan Sordo Madaleno, Antonio Attolini, Agustín Hernández, Manuel González Rul o Fernando Jackson, logrando entender el pensamiento dominante de esos años.

Por esas fechas terminó su tesis de licenciatura con la obra del arquitecto Agustín Hernández, publicado por la UNAM. Aceptó la invitación del Arq. Jorge Fernández Varela para colaborar en la Coordinación de Extensión Universitaria de la UNAM.

En 1981 se inició como ponente en diferentes bienales y congresos de la Unión Internacional de Arquitectos, en su calidad de socio fundador de la Sociedad Mexicana de Críticos de Arquitectura y de miembro fundador del Comité Internacional de Críticos de Arquitectura, CICA, por lo que desde entonces se relacionó con los pensadores de todo el mundo en el área de nuestra profesión.

De 1982 a 1988 fue vocal del Comité Editorial de la revista Arquitectura y Sociedad del Colegio de Arquitectos de México. En 1983 se integró al Comité Mexicano de Historia del Arte, con una serie de membresías, con lo que participó en múltiples eventos relacionados con la arquitectura; y aun así se dio tiempo para escribir, organizar, exponer y viajar.

En 1986 ingresó al Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, como investigadora con especialidad en arquitectura contemporánea. De 1985 a 1987 realizó su maestría en Historia del Arte en la UNAM, completando su formación y abriéndole las puertas para pasar a ser relatora de la Academia Nacional de Arquitectura en 1985, y académica honoraria de la misma en 1988, como un caso excepcional para una profesionista no arquitecto.

Ha realizado artículos en libros y revistas especializadas y producido diferentes libros sobre estos temas. La que se vuelve especialmente importante a partir de 1989, cuando publicó dos libros; uno editado por la UNAM: Ricardo Legorreta-tradición y modernidad, y Arquitectos contemporáneos mexicanos, con la Editorial Trillas.

Para estar al día con la evolución de la arquitectura en el mundo, Louise viajó a congresos y reuniones en diversas partes del país y del mundo. Tuve la oportunidad de conocerla en1990, en un evento denominado “Arquitectura de la Frontera”, realizado en la ciudad de Mexicali, Baja California. Ahí entendí cómo la maestra en historia enfocaba la problemática de nuestra profesión, compartiendo las preocupaciones de los arquitectos analizando desde la perspectiva de la teoría, lo que nosotros estábamos estudiando en la práctica diaria en nuestros restiradores.

Por esos tiempos, Carlos Vejar, Carlos Ríos y el que esto escribe establecimos un espacio en el periódico Excélsior, publicando hasta tres artículos diarios, con colaboraciones de decenas de colegas interesados en expresar sus opiniones. A partir de entonces, la pluma de Louise se convirtió en asidua colaboradora de nuestra columna, enriqueciendo su contenido.

Coincidiendo en que la difusión es parte fundamental de nuestra actividad, en 1992 nos reunimos veinte interesados en la arquitectura y en la manera de comunicarnos con la sociedad, entre los que se contaban Luis Arnal, Ramón Vargas, Rafael López Rangel, Carlos González Lobo, Enrique Cervantes, Carlos Corral Becker, María Luisa Mendiola, Manuel Sánchez de Carmona, Arturo Ayala, Alejandro Gaytán, Ricardo Prado Núñez, Enrique Sanabria, Francisco González Cárdenas, Alejandro Lazo y, por supuesto, Louise Noelle, para formar el Consejo de Comunicación para la Arquitectura, el Urbanismo y la Ecología AC (Codecom), la que después de escriturar, la integramos al Colegio de Arquitectos como una de sus sociedades.

A la maestra Louise Noelle, el año de 1991 le resultó memorable al recibir el nombramiento de investigador nacional y presentó su trabajo de ingreso como miembro de número a la Academia de las Artes, por lo que pareciera que ya estaba en todos los organismos relacionados con la arquitectura. Sin embargo, todavía le faltaba pertenecer a la institución encargada de preservar el patrimonio arquitectónico de nuestro país; me refiero al ICOMOS mexicano, omisión que se subsanó dos años después, en 1993, cuando ingresó a este organismo, desde donde ha defendido nuestros valores arquitectónicos y de sitios.

En este mismo año publicó, en colaboración con Carlos Tejeda, una Guía de arquitectura contemporánea de la ciudad de México, que no existía en una ciudad tan grande y tan rica como lo es esta ciudad de México, y además escribió el libro Crónicas de arquitectura, editado por la UAM; luego, en el año de 1994, con su enorme capacidad de acción, pudo combinar sus viajes, conferencias y trabajo en la universidad, con la presentación del libro Teodoro González de León. La voluntad del creador, editado por Escala Somo Sur de Bogotá, y todavía tuvo la energía necesaria para ponerse a escribir dos libros que publicó el año siguiente, uno sobre la obra del arquitecto Agustín Hernández, editado por Gustavo Gilli, y otro sobre el pensamiento del maestro Vladimir Kaspé, editado por la Universidad La Salle.

La última obra que le conozco a la maestra Louise Noelle es del libro Luis Barragán. Búsqueda y Creatividad, editado por la UNAM, y que ella acaba de presentar en este año de 1996, precisamente en la que fuera casa del maestro jalisciense, pero seguramente la acelerada maestra e historiadora debe de tener guardados en su computadora dos o tres libros más que verán la luz en un futuro cercano.

(1 ) Extracto del documento publicado originalmente en: Eduardo Langagne O., Los diversos caminos de los Arquitectos, Vol. I, México, Ed. del autor, 1996.