lunes, junio 15, 2026
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Manuel Teja y Juan Becerra

Arq. David Cymet Lerer

Egresado de la carrera de Arquitectura en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del IPN, con Maestría en Planeación Urbana en el Tecnológico de Massachusetts y doctorado en Asuntos Urbanos y Políticas Públicas en U. de Delaware.
Maestro en el IPN, UNAM, Dpto. Matemáticas y en Art and Design en NYC. Consultor de arquitectura, planos reguladores y diseño urbano en la Ciudad de México. Ha realizado proyectos de construcción de vivienda popular y residencial y escrito artículos sobre arquitectura y planificación urbana en México y EUA.

Cuando ingresé a la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional (ESIA) como alumno y empecé a familiarizarme con sus valores ideológicos y humanos; los nombres de Manuel Teja y Juan Becerra, se mencionaban con singular respeto entre maestros y alumnos.

Ya eran reconocidos como firmes exponentes de la arquitectura funcionalista en su más avanzada y pura versión en la que no había lugar para los excesos y malentendidos que abundaban por aquel entonces.

En su visión sincera se abría un panorama en que “teoría y práctica”
manifestaban una congruencia ejemplar.
Tuvieron en ese sentido una influencia saludable de largo alcance en la enseñanza de la arquitectura en la escuela, como modelo a seguir para las primeras generaciones. La arquitectura no era incidental en sus vidas, sino el foco central, a la que decidieron entregarle todos sus esfuerzos.
No era su profesión de arquitectos una mera manera de ganarse la vida, sino que toda su vida la formaron en torno a ella como un ideal.

Para ellos, hacer arquitectura era la misión de su vida, que los impulsaba a aspirar a los más altos niveles de calidad y excelencia.

No aceptaban la mediocridad ni el “hay se va” dedicándole la máxima atención a todo el proceso creativo y productivo cuidando hasta el menor detalle. Convencidos de que la arquitectura debía desarrollarse de un estado de actividad artesanal a otro de carácter industrial, incursionaron en el universo de la industria. Cuando se iniciaron como empresarios industriales formaron sus empresas de manera que su foco y actividades estaban íntimamente relacionadas con la profesión de la arquitectura.
Primero crearon una empresa de estructuras metálicas y, años después, otra de componentes de madera, que producía puertas, closets y muebles estandarizados.
Se produjo una interacción creativa entre sus actividades industriales y su ejercicio profesional que fue benéfica para ambas actividades.

Esta simbiosis fue análoga a la que habían experimentado muchos miembros de la Bauhaus en Europa y sus herederos en América, después de la forzada disolución de ese extraordinario centro creador de la arquitectura moderna.
Geográficamente, alejados de éste, su afinidad de pensamiento los condujo a resultados similares que permitió ubicarlos como miembros dignos de un mismo movimiento. Su obra es un testimonio perdurable y exitoso de aquella simbiosis. Su notable casa industrial es una honrosa muestra de lo que lograron tanto en el sentido de su producción industrial como en el de su uso como hábitat moderno y su muy alto valor estético.

Desde mi punto de vista, me atrevo a considerar que junto con Phillip Johnson se sitúan en la joven generación de arquitectos después de Mies Van de Rohe, que hicieron realidad la revolución industrial en la
arquitectura.

Es lamentable que murieran muy jóvenes cuando apenas levantaban el vuelo y todavía tenían tanto que dar a la noble profesión de arquitectura. Su memoria perdurará como dos de los más distinguidos egresados del Instituto Politécnico Nacional y de su generación de arquitectos.