“Conceptos y Obras del arquitecto Reinaldo Pérez Rayón”
Por M. Alejandro Gaytán Cervantes.
En muy contadas ocasiones podemos encontrar una coherencia tan absoluta en la realización de una acción arquitectónica como en la del arquitecto Reinaldo Pérez Rayón, quién a través de sus numerosas obras, efectuadas durante más de cuarenta años, ha dejado constancia de ello. El racionalismo, la arquitectura funcional mexicana, se han visto enriquecidos con la arquitectura de Pérez Rayón, de quién entre sus obras más importantes podemos señalar a la Unidad Profesional del I.P.N. en Zacatenco, D.F., de 1957 y la Ciudad de la Ciencia y la Tecnología, de 1964
Estudió en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional, la segunda escuela de arquitectura fundada en el país en los tiempos en que jóvenes arquitectos como Juan O ‘Gorman, Juan Legarreta, Álvaro Aburto, Raúl Cacho y Hannes Meyer, en sus apasionadas clases, trataban de establecer una nueva forma de hacer arquitectura, de integrar ésta a una visión global del conocimiento del hombre; donde la ciencia y la técnica se funden con el arte y las tradiciones de cada sociedad para llevarla al encuentro de un nuevo mundo para el hombre.

La concepción racionalista plantea la desaparición de los “estilos” arquitectónicos, entendidos como recetas para adornar la arquitectura y darle el toque formal; en contraposición, será la función de cada espacio, así como la utilización de técnicas y métodos científicos los que permitirán desarrollar una arquitectura acorde con la evolución de la sociedad. La obra de Pérez Rayón resulta significativa, ya que, al aplicar estos conceptos, sintetiza sus resultantes de la siguiente forma:
“La funcionalidad corresponde a un sentido de utilidad que atiende a las necesidades directas del hombre y de su sociedad, a su comodidad, higiene, seguridad y a su bienestar en general; sin enfrentar, según la concepción romántica, el sentimiento con la razón, y menos aún, la belleza con la propia funcionalidad.
La arquitectura moderna es racional, por ser un producto de la razón, facultad que más distingue al hombre respecto a las demás especies. Las formas del diseño y de la arquitectura en particular, tienen por objeto la utilidad, por lo que obedecen en mayor grado a la razón, mientras que las del arte tienen por objeto la contemplación y responden significativamente a la imaginación.
La arquitectura moderna es internacional, como lo es cada día el hombre actual al que sirve; igual sucede con los materiales, sistemas constructivos y recursos técnicos en general. No obstante, la selección adecuada de éstos y la justeza de los programas de necesidades, continuarán expresando las diferencias locales, regionales o nacionales, de la ciudad y del campo.

La arquitectura moderna puede considerarse orgánica, por la analogía de su organización funcional con las estructuras biológicas en las que nada falta y nada sobra, de la que resulta una armonía natural y nuestra apreciación generalizada de belleza.
El gusto, al ser una relación causa-efecto, tiene lugar en el inconsciente y consciente, como un sentimiento subjetivo del hombre. La diferencia del gusto que se da entre los distintos estratos sociales, está determinada por las condiciones económicas y culturales; pero también asume una intención política de mantenimiento y consolidación de su propia estratificación social. El gusto visual de la arquitectura será motivado por una concurrencia de cualidades ostensibles: el planteamiento justo y cabal de las necesidades por cumplir, que den por resultado la expresión de una satisfacción social; en el diseño, por lo correcto del ordenamiento, proporción y relación de las partes, la calidad constructiva, el valor y adecuación de las obras de arte, la comodidad y agradabilidades previsibles para los espacios interiores y en su conjunto. La arquitectura que debe gustar es la bien diseñada y realizada, como resultado del talento, así como de la intención sincera y honesta del diseñador.
La agradabilidad es un concepto que implica el gusto visual, no solo en la contemplación de algo estático, sino que abarca el entorno, aunado a un sentimiento de comodidad, tranquilidad y paz, o de animación y movilidad; lo que nos haga sentir bien.
Las revoluciones sociales, que le han otorgado al hombre igualdad de derechos, establecieron un compromiso fundamental de la arquitectura: satisfacer las necesidades de espacio del hombre común. Este compromiso implica dar respuesta a un cúmulo de demandas sociales: viviendas, escuelas, hospitales, edificios y espacios para el deporte y la cultura, etc. Hoy la arquitectura debe expresar un justo sentido de la economía, haciendo suya la premisa del diseño y de la producción industrial: “Máximo de eficiencia por mínimo de esfuerzo”, entendido esto como inversión de recursos humanos y físicos.
Los criterios señalados por el arquitecto Pérez Rayón son tangibles, en su aplicación en el diseño de los espacios, donde se integran los conceptos urbanísticos con los elementos estructurales, arquitectónicos y muebles. Es así como la arquitectura racional no puede ser considerada peyorativamente, sino que representa actualmente, un seria y sincera propuesta de solución a la satisfacción de las necesidades de espacios de nuestra población; en una integración de nuestro desarrollo científico y tecnológico, con lo más avanzado de nuestra cultura.

