viernes, mayo 1, 2026
MonografíasReinaldo Pérez Rayón

“Conceptos y Obras del arquitecto Reinaldo Pérez Rayón”

Por M. Alejandro Gaytán Cervantes.

En muy contadas ocasiones podemos encontrar una coherencia tan absoluta en la realización de una acción arquitectónica como en la del arquitecto Reinaldo Pérez Rayón, quién a través de sus numerosas obras, efectuadas durante más de cuarenta años, ha dejado constancia de ello. El racionalismo, la arquitec­tura fun­cional mexicana, se han visto enrique­cidos con la arqui­tectura de Pérez Rayón, de quién entre sus obras más importantes podemos señalar a la Unidad Profesional del I.P.N. en Zacatenco, D.F., de 1957 y la Ciudad de la Ciencia y la Tecnolo­gía, de 1964

Estudió en la Escuela Superior de Inge­niería y Arqui­tectura del Instituto Politéc­nico Nacional, ­la se­gunda escuela de arquitec­tura fundada en el país en los tiempos en que jóvenes arquitec­tos como Juan O ‘Gorman, Juan Lega­rreta, Álvaro Aburto, Raúl Cacho y Hannes Meyer, en sus apa­sio­nadas clases, trataban de establecer una nueva forma de hacer arquitectu­ra, de integrar ésta a una vi­sión global del conoci­miento del hombre; donde la ciencia y la técnica se funden con el arte y las tradiciones de cada sociedad para llevarla al en­cuentro de un nuevo mundo para el hombre.

Maestros de la ESIA 1953

La concepción racionalista plantea la desaparición de los “esti­los” arquitectónicos, entendidos como recetas para adornar la arquitectura y darle el toque formal; en contraposición, será la función de cada espacio, así como la utilización de técnicas y métodos científicos los que permitirán desarrollar una arquitec­tura acorde con la evolución de la sociedad. La obra de Pérez Rayón resulta significati­va, ya que, al aplicar estos conceptos, sintetiza sus resultantes de la siguiente forma: 

“La funciona­lidad corresponde a un sentido de utilidad que atiende a las necesida­des directas del hombre y de su socie­dad, a su comodidad, higiene, seguridad y a su bienestar en gene­ral; sin enfrentar, según la concepción romántica, el sentimiento con la razón, y menos aún, la belleza con la propia funcionali­dad.

La arquitectura moderna es racional, por ser un producto de la razón, facultad que más distingue al hombre respecto a las demás especies. Las formas del diseño y de la arquitectura en particular, tienen por objeto la utili­dad, por lo que obedecen en mayor grado a la razón, mientras que las del arte tienen por objeto la contemplación y responden significativamente a la imaginación.

La arquitectura moderna es internacional, como lo es cada día el hombre actual al que sirve; igual sucede con los materiales, sis­temas constructivos y recursos técnicos en general. No obstante, la selección adecuada de éstos y la justeza de los programas de necesidades, continuarán expresando las diferencias locales, re­gionales o nacionales, de la ciudad y del campo.

Alumnos de arquitectura

La arquitectura moderna puede considerarse orgánica, por la ana­logía de su organización funcional con las estructuras biológicas en las que nada falta y nada sobra, de la que resulta una armonía natural y nuestra apreciación generalizada de belleza.

El gusto, al ser una relación causa-efecto, tiene lugar en el inconsciente y consciente, como un sentimiento subje­tivo del hombre. La diferencia del gusto que se da entre los distintos estratos so­ciales, está determinada por las condiciones eco­nómicas y cul­turales; pero también asume una intención política de manteni­miento y consolidación de su propia estrati­ficación social. El gusto visual de la arquitectura será motivado por una concurren­cia de cualidades ostensibles: el planteamiento justo y cabal de las necesidades por cumplir, que den por resultado la expre­sión de una satisfacción social; en el diseño, por lo correcto del ordenamiento, proporción y relación de las partes, la calidad cons­truc­tiva, el valor y adecuación de las obras de arte, la comodi­dad y agradabilidades previsibles para los espacios interio­res y en su conjunto. La arquitectura que debe gustar es la bien dise­ñada y realizada, como resultado del talento, así como de la intención sincera y honesta del diseñador.

La agradabilidad es un concepto que implica el gusto visual, no solo en la contemplación de algo estático, sino que abar­ca el entorno, aunado a un sentimiento de comodidad, tranqui­lidad y paz, o de animación y movilidad; lo que nos haga sentir bien. 

Las revoluciones sociales, que le han otorgado al hombre igualdad de derechos, establecieron un compromiso fundamental de la arqui­tectura: satisfacer las necesidades de espacio del hombre común. Este compromiso implica dar respuesta a un cúmulo de demandas so­ciales: viviendas, escuelas, hospitales, edificios y espacios para el deporte y la cultura, etc. Hoy la arquitectura debe expresar un justo sentido de la econo­mía, haciendo suya la premisa del diseño y de la producción in­dustrial: “Máximo de eficiencia por mínimo de esfuerzo”, enten­dido esto como inversión de recursos humanos y físicos.

Los criterios señalados por el arquitecto Pérez Rayón son tangi­bles, en su aplicación en el diseño de los espacios, donde se integran los conceptos urbanísticos con los elementos estructu­rales, arquitectónicos y muebles. Es así como la arquitectura racional no puede ser considerada peyorativamente, sino que representa actualmente, un seria y sincera propuesta de solución a la satisfacción de las necesida­des de espacios de nuestra población; en una integración de nuestro desarrollo científico y tecnológico, con lo más avanzado de nuestra cultura.