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Alberto González PozoMiradasMonografías

Teoria de la práctica – Planos de un Andamio

Publicado en Arquitecturas de la Globalización, Colegio de Sonora, México, 2007.

GÉNESIS, CONTEXTO Y VIGENCIA DE UN MODELO TEÓRICO

Hace más de medio siglo, el maestro José Villagrán García se refería a la Teoría de la Arquitectura que nos impartía en San Carlos como “un andamio” cuya utilidad era soportar los conceptos para armar una edificación intelectual que permitiera entender lo que es la arquitectura y lo hacía a partir de su propia práctica, así como de conceptos filosóficos y estéticos de raíz neoplatónica y positivista que provenían de su visión eurocéntrica de la cultura, conciliándolos con las que surgían de la realidad que le tocó vivir: El advenimiento, desarrollo de la Revolución Mexicana y sus efectos indudables sobre una cultura nacional en transición. Sus primeros alumnos: Juan O ́Gorman, Enrique del Moral y Enrique Yáñez producirían sus propias versiones teóricas para la arquitectura, cada una con una tendencia distinta.

Después de un tiempo vinieron fieles discípulos, como mi estimado amigo y compañero Ramón Vargas, quienes no sólo absorbieron todo lo que la enseñanza teórica villagraniana ofrecía, sino que se dedicaron a la tarea de divulgarla y darla a conocer más ampliamente; así, se convirtió en uno de sus mejores intérpretes. Su introducción a la breve Teoría de la arquitectura de Villagrán que publicó el INBA en 1964, aún me parece un modelo de hermenéutica del pensamiento villagraniano. Por eso, siempre he pensado en esta analogía: Por lo menos entre los años sesenta y ochenta, Vargas fue para Villagrán lo que Platón para Sócrates.

Pero no todos sus coetáneos compartían esa devoción. Algunos, como Rafael López Rangel, Israel Katzman y Miguel Messmacher, objetaron tesis del maestro. Otros, como es mi caso, aplicamos sus enseñanzas en la práctica y en la docencia lo más fielmente que pudimos, pero en pocos años nos encontramos con que el andamio teórico de Villagrán no nos servía para seguir por nuestro lado en lo que a cada uno interesaba y terminamos por levantar nuestros propios andamios.

Entretanto, el panorama de la arquitectura en el mundo comenzó a cambiar. Si la Segunda Guerra Mundial le dio a México la oportunidad de industrializarse y expandir su economía; si los años de la posguerra nos permitieron aparecer en la escena mundial como un país en pleno crecimiento, capaz de levantar conjuntos urbanos y de vivienda, grandes equipamientos sociales, culturales y de comunicación, incluso arquitectura especulativa y residencial con personalidad propia para la burguesía emergente de los años cincuenta y sesenta.

Si las realizaciones de O ́Gorman, Pani, Barragán, Del Moral, De La Mora, Candela, Yáñez, Álvarez, Ramírez Vázquez y el propio Villagrán se divulgaban nacional y mundialmente en exposiciones y publicaciones; si nos integramos a la modernidad, y al panorama mundial de la arquitectura, todo ello no fue sino algo transitorio, efímero a la postre.

¿Qué pasó? Simplemente que, en la reagrupación de las esferas geopolíticas, la Guerra Fría y la ominosa posibilidad de un holocausto nuclear, las promesas de las revoluciones de la primera mitad del siglo XX se quedaron a medio camino; su cumplimiento completo se pospuso indefinidamente; se terminó por cambiar totalmente las políticas económicas mundiales, para dejar los recursos del orbe a las fuerzas del libre mercado, incluso en los países llamados socialistas. En naciones dependientes como el nuestro, significó detener las responsabilidades del estado benefactor y fue franca su declinación de los años ochenta en adelante. El conocimiento se expandió y todas las certidumbres fueron revisadas. Mientras, en los países en desarrollo, la concentración del ingreso creció hasta la escandalosa situación en que ahora se encuentra.                             

Muchos no nos percatamos de los cambios que se avecinaban y, en ese contexto, entre 1967 y 69, armé un modesto ensayo sobre teoría de la arquitectura que la Secretaría de Educación Pública editó en 1971 titulado El dominio del entorno. El título me parece ahora arrogante, inadecuado, como si realmente pudiésemos dominar a nuestro ambiente por medio de las edificaciones; pero refleja la confianza excesiva que los arquitectos de la década de los sesenta teníamos en nuestras realizaciones. Por esa época, ya había tenido la oportunidad de participar en proyectos interesantes de los que me sentía razonablemente satisfecho: edificios de oficinas, iglesias, hospitales, industrias, residencias, incluso viviendas de interés social. Todos ellos los había hecho tratando de aplicar los razonamientos teóricos villagranianos, tanto en la elaboración del programa como en la prefiguración formal. Pero también comencé a introducir ajustes, nuevas consideraciones, incluso algunas que contradecían lo  aprendido en la ENA o con otros colegas más experimentados.

Lo que ocurrió es que  no me limité a ejercer mi profesión, sino que recorrí, al mismo tiempo, varios campos a la vez: colaboré en revistas (como Arquitectos de México) con artículos o reseñas que me obligaron a enterarme de lo que ocurría o se publicaba en otras partes del mundo. También me desempeñé en la docencia en la UNAM, en el área de Teoría de la Arquitectura, donde me percaté de que no podría repetir a mis alumnos lo mismo que José Villagrán, Federico Mariscal, Vladimir Kaspé o Ricardo Gutiérrez Abascal (más conocido como Juan de la Encina) habían hecho por formar mi cultura arquitectónica. Y que las ideas de Le Corbusier, Gropius, Lloyd Wright, Giedion, Zevi, Argan y otros no podían aplicarse sin más, a la realidad de la arquitectura mexicana contemporánea. Además, surgían otros historiadores y teóricos que explicaban a la arquitectura y su historia de otras maneras: Louis Kahn, Peter Collins, Christopher Alexander y Christian Norberg-Schulz.

Al escribir el ensayo teórico al que me refiero, me propuse varias cosas que los demás andamios no me resolvían satisfactoriamente:

• ¿Cómo plantear una teoría de la arquitectura apoyada en campos de conocimiento más amplios y humanistas?

• ¿Cómo hallar una explicación a lo que la arquitectura es, no sólo actualmente y en mi contexto cotidiano, sino en otros ámbitos o épocas con los que no estamos tan familiarizados, cercanos o lejanos en el tiempo o en el espacio?

• ¿Cómo referirse no sólo a las edificaciones que han hecho los profesionales de cada época y país, sino a las modestas moradas donde lo que conocemos como arquitecto no parece estar presente y, sin embargo, también las consideramos arquitectura?

• ¿Cómo hacer de un modelo teórico una herramienta útil para orientar decisiones que se toman en un proyecto, o en tareas de docencia o investigación del conocimiento?,¿cómo facilitar nuestra evaluación sobre lo que hacemos nosotros mismos o sobre lo que hacen los demás?

Años después, cuando había publicado mi ensayo, me encontré con que la mayoría de los autores opinan que un modelo así, que explique cualquier arquitectura en cualquier época o parte del mundo es poco menos que imposible. Sin embargo, en el dominio del entorno intenté eso y recurrí a ejemplos de muchas épocas y de todos los rincones del planeta sin excluir, desde luego, aquello que se podía ver en México en esa época. Digo se podía, porque algunos ejemplos de arquitectura vernácula que incluí ya desaparecieron.

La vinculación de la teoría de la arquitectura con una visión teórica o filosófica más amplia me pareció más complejo. Algunos, como Villagrán, se adherían demasiado, a interpretaciones idealistas de la arquitectura (como la vieja noción platónica de que la belleza es el esplendor de la verdad y la vinculación de esto con teorías de valor de raíz neokantiana); o como Kahn, que afirmaba que las formas arquitectónicas son finalmente lo que quieren ser, que hay una especie de voluntad de forma en las formas mismas. Tampoco me convencían del todo las ideas de Alexander, porque las veía demasiado empíricas.

Así que busqué otros autores fuera del campo de la arquitectura que me brindasen una base de la cual partir y los encontré en campos disímbolos: los teóricos de la antropología cultural (principalmente Melville Herskovits); los del estructuralismo (especialmente Piaget) y otros. Reconozco que fue una ensalada que me pudo haber indigestado, pero me permitió avanzar y clarificar mis ideas.

Fueron dos libros de Herskovits que me abrieron los ojos al campo de la antropología cultural y me permitieron entender que la arquitectura es apenas un campo de la cultura humana y que su posible explicación teórica está anclada a una teoría más amplia que abarca todo el campo de la producción y manifestaciones culturales. Otros autores (Kroeber, Linton) también daban una visión amplia de la cultura, pero las tesis de Herskovits me parecieron más claras.

El caso de Bronislaw Malinowski es distinto: representaba a la antropología llamada funcionalista y sus tesis parecían brindar un asidero a los que por aquella época nos considerábamos funcionalistas en lo arquitectónico. Incluso hubo un par de arquitectos catalanes (Margarit y Buxadé) que exploraron la posibilidad de elaborar un complicado instrumento metodológico que mezclaba los principios del funcionalismo cultural de Malinowski con métodos de análisis estadístico y probabilístico programados en lenguaje fortran, grafos, matrices y otras herramientas propuestas por Christopher Alexander, con resultados poco convincentes.

Una vez publicado mi ensayo, la producción teórica en el mundo se multiplicó en las siguientes décadas. En los años setenta y ochenta conocimos autores que matizaban, ponían en duda o de plano negaban algunos de los principios del Movimiento Moderno. Unos se restringían a los campos conexos entre la arquitectura y el urbanismo como Robert Venturi, Charles Jencks, Geoffrey Broadbent, Françoise Choay, Manfredo Tafuri, Aldo Rossi y Renato de Fusco. Varios de estos teóricos se concentraban en los mensajes que la arquitectura transmite, en su capacidad de formar lenguajes, en su semántica. Algunos se orientaban hacia los métodos de diseño y la posibilidad de racionalizarlos al máximo. También, otros, abrían más su campo de visión y trataban de abarcar otras dimensiones artísticas, sociales culturales, como Abraham Moles, Henri Lefebre y Amos Rapoport.

El panorama latinoamericano de la teoría arquitectónica también se agitaba con exponentes como López Rangel, Roberto Segre y Enrico Tedeschi. Los dos primeros partían de principios marxistas adaptándolos a la arquitectura, entendida como una tarea comprometida con las necesidades de las clases populares, mientras que Tedeschi se acercaba más a una visión eurocéntrica de la arquitectura. En los años ochenta, Fernando Tudela publicó entre nosotros varios textos vinculados a la teoría de la arquitectura, de los cuales se destacan dos: “Arquitectura y procesos de significación” y “Conocimiento y diseño”, que ayudaron a entender lo que ocurria con las bases semiológicas y epistemológicas de las que partían los teóricos de esa época.

Observé lo que se producía en la práctica, en la historia y en la teoría de la arquitectura, y consideré que con tantos cambios que ocurrían: Tardo modernismo, Posmodernismo, en todas sus variantes, desde el High-Tech hasta el Neohistoricismo y Deconstructivismo, llegaría el momento en que mi modesto andamio dejaría de ayudarme a explicar lo que yo quería, o a encontrar lo que buscaba en la arquitectura. Pero ocurrió lo contrario: El modelo teórico se puso a prueba con tanto cambio y no dejó de auxiliarme para seguir entendiendo a la arquitectura.

Con estos sucesos existieron cambios, ajustes o incluso remiendos que era necesario introducir y así lo he venido haciendo. Los ajustes más notorios son dos: Uno es el doble marco de referencia ambiental y sociocultural con que empiezo a aproximarme al conocimiento de la arquitectura, en vez de la referencia sólo a lo ambiental tal como viene en El dominio del entorno. El segundo se refiere al enunciado de métodos de prefiguración, en que de plano he tomado lo que propone Geoffrey Broadbent en vez de lo que yo manejaba en mi texto de 1971. Lo demás, son enriquecimientos, precisiones y ejemplos de todas las épocas, incluso las más recientes, que alimentan al modelo positivamente, a pesar de los cambios sufridos por la arquitectura.

De modo que lo que paso a explicar en la segunda parte de esta presentación es una descripción del modelo tal como está hoy en día. Se parece mucho a “El dominio del entorno”, pero estará mejor explicado ahora que terminé de darle forma de libro.

EL MODELO TEÓRICO Y SUS COMPONENTES

  1. La parte externa del modelo

Está  formada por la alternativa inicial a que nos enfrentamos, al tratar de entender lo que es la arquitectura, ya sea:

• Conocerla directamente (es decir, visitándola, viéndola), asimilando esa vivencia y con ello, formándonos una idea al respecto; o bien:

• Conocer primero el marco de referencia en que surge; hacerlo en dos vertientes, una ambiental (fisiográfica, biótica) y otra socioeconómica y cultural (la población, sus usos y costumbres, su economía, sus valores, su organización), y explicar la arquitectura a partir de este par de referentes. La mayoría de los textos de historia o crítica de la arquitectura emplean este acercamiento a través de marcos de referencia ambiental o social.

El primero tiene implicaciones ecológicas y si se desarrolla a profundidad, plantea cuestiones relativas a la sustentabilidad de la producción urbana y arquitectónica, mientras que el segundo se relaciona con la vida humana en todas sus manifestaciones, conflictos y posibilidades. Otros campos del conocimiento en que se emplea este mismo tipo de aproximación con gran provecho son la arqueología y la etnografía.

b. La parte interna del modelo

El segundo paso para conocer a la arquitectura, una vez familiarizados con su marco de referencia ambiental y sociocultural, es adentrarnos en la parte interna de un modelo de explicación:

• Que tome en cuenta los requerimientos a los que la arquitectura responde,

• Que defina cuál es el proceso de producción de la arquitectura, y los recursos o insumos que intervienen en ese proceso,

• Que reconozca las etapas que ocurren en el proceso de producción y las características de cada una,

• Y que permita situar el papel o las funciones del arquitecto en ese proceso.

LA ARQUITECTURA COMO RESPUESTA A REQUERIMIENTOS

Si se analizan los componentes del modelo teórico tenemos, en primer lugar, los requerimientos que la arquitectura resuelve. En este tipo de análisis, la arquitectura puede verse como un “espejo” que refleja las demandas de los usuarios, los clasificamos en siete tipos:

a. Alojamiento de personas y sus actividades (mediante espacios acondicionados, abiertos o cubiertos). Todos los sitios de habitar, trabajar, circular, cultivo de la personalidad, resuelven este tipo de requerimiento.

b. Guarda de pertenencias (también mediante espacios acondicionados para ello), como ocurre en centrales de abasto, tiendas, bancos, bibliotecas, museos y zoológicos, por ejemplo.

c. Formación de un microclima y un ambiente adecuado para personas, sus actividades y sus pertenencias (mediante espacios y medios pasivos o que requieren energía). Es un requerimiento más complejo, que abarca todos los dispositivos fijos o mecanismos de que se vale la arquitectura para ofrecer un mejor ambiente a sus ocupantes, condiciones de higiene y disponibilidad de energía.

d. Comunicación y/o separación de personas, actividades, pertenencias y ambientes entre sí (mediante espacios o medios pasivos o que consumen energía). El requerimiento se concreta lo mismo en espacios de circulación que en barreras o dispositivos de aislamiento. Parecen dos necesidades distintas, pero en el caso de vanos, como puertas o ventanas, cumple con ambos a la vez. Las terminales de comunicación terrestre, aérea o marítima resuelven este tipo de requerimiento.

e. Estabilidad y firmeza de lo construido ante situaciones normales o extraordinarias, y ante ciertas cargas vivas o muertas, solicitaciones, claros y alturas útiles para el aprovechamiento o la expresión del inmueble (mediante una determinada solución estructural).

f. Durabilidad y facilidad de mantenimiento y operación durante la vida útil del inmueble (lo que incluye consideraciones sobre su reutilización, rehabilitación, conservación y restauración). Pocas veces se toma en cuenta este requerimiento, que tiene que ver con el deseo de prolongar la vida útil de los edificios y con las teorías de la conservación del patrimonio cultural.

g. Expresión utilitaria, simbólica o poética (donde la arquitectura es un vehículo o metalenguaje capaz de transmitir mensajes a la sociedad). La mayoría de los enfoques semiológicos de la arquitectura tienen aquí un campo de aplicación concreta.

Al analizar cada uno de los requerimientos que la arquitectura resuelve en cada caso específico, se obtienen generalmente:

• Consideraciones cualitativas sobre cada tipo de requerimiento, por ejemplo, relaciones entre formas o espacios físicos y requerimientos.

• Consideraciones cuantitativas (indicadores, frecuencias parámetros y en general, valores medibles) todo esto constituye campos de investigación posible.

• Relaciones específicas de cada requerimiento con el marco ambiental o con los rasgos socioculturales previamente analizados, lo que también constituye campos de investigación.

EL PROCESO DE PRODUCCIÓN DE LA ARQUITECTURA

Otro modo de entender a la arquitectura dentro del modelo interno consiste en verla como objeto artificial que también refleja su propio proceso de producción que, a su vez, implica tres campos teóricos que pueden verse por separado para efectos de análisis:

• Los recursos o insumos que intervienen en el proceso de producción

• las etapas mismas del proceso de producción y sus características, y

• los responsables de coordinar o conducir el proceso de producción y sus funciones.

LOS RECURSOS DEL PROCESO DE PRODUCCIÓN DE LA ARQUITECTURA

Todo proceso de producción requiere insumos, recursos o medios para conseguir su objeto. Estos pueden ser de cuatro tipos:

1. Recursos materiales (cualitativos y cuantitativos). Los materiales que intervienen en el proceso productivo se analizan desde dos aspectos: En lo cualitativo, se considera el grado de transformación del material al incorporarse al proceso de producción; Lo cuantitativo se refiere al volumen relativo de material que una unidad de espacio requiere para ser producida. Si se relacionan los dos aspectos, se encuentra que, en términos generales, a mayor grado de transformación del material con que se hace una obra se requiere menor volumen de este. Es decir, se trata de una correlación inversamente proporcional.

2. Recursos humanos o fuerza de trabajo que interviene en el proceso (también distinguiendo entre cantidad y calidad). Los aspectos cualitativos en los recursos humanos se refieren al nivel de preparación o adiestramiento de éstos.

Los aspectos cuantitativos se relacionan con el volumen de la fuerza de trabajo, expresado en número de operarios y tiempo. En este caso también hay una relación inversamente proporcional entre lo cualitativo y lo cuantitativo: mientras mayor es el nivel de preparación de los operarios menor suele ser su número.

3. Tecnología e instrumental (acorde con el estadio socioeconómico y cultural que se vive). La tecnología es la forma de hacer las cosas: Tiene un valor más cualitativo que cuantitativo.

4. Tiempo, cuyo transcurso es un recurso. El lapso requerido para el proceso de producción es inversamente proporcional al nivel tecnológico empleado. A mayor nivel tecnológico, menos tiempo se requiere. El tiempo también puede ser un recurso útil. Cuando no se dispone de todos los recursos: el tiempo permite reunirlos.

Las relaciones entre sus componentes configuran campos de investigación muy interesantes. Por ejemplo, si se revisa la relación entre requerimientos y recursos, se observa que los requerimientos bien resueltos no son simplemente los que dan mejores indicadores, sino que dependen del volumen y la calidad de los recursos involucrados. Así, la economía de la arquitectura puede expresarse como la consecución del máximo de requerimientos en un inmueble empleando en su producción el mínimo de recursos. Esto último, a su vez, conforma otro campo más de investigación.

EL PROCESO DE PRODUCCIÓN DE LA ARQUITECTURA Y SUS COMPONENTES

Muestra cuando menos dos etapas bien discernibles que pueden superponerse entre sí, es decir, la primera no ha concluido aun cuando ya comenzó la segunda:

  1. Una etapa que llamaremos de anticipación, en la que la arquitectura no existe todavía, pero ya está en la mente de los productores. Esta etapa puede dividirse en dos subetapas:

A1. Anticipación conceptual (o programación) y

A2. Anticipación formal (o prefiguración). Ambas pueden traslaparse entre sí.

B. Y una etapa de materialización, en la que se lleva a cabo lo previsto o anticipado en la etapa anterior. (No desarrollada aún)

A1. Anticipación conceptual. Define los atributos que tendrá la obra concluida pero aún no resueltos; como la forma y dimensiones definitivas. Normalmente se expresa en documentos y esquemas de funcionamiento: grafos de relación, organigramas, tablas, etcétera. Desde un punto de vista teórico, es lo que nutre muchos de los textos neo-empiristas de teóricos como Alexander, Margarit y Buxadé, etcétera. También forman parte de la anticipación conceptual todas las normas, reglamentos y parámetros que deben observarse en un edificio. Los máximos o mínimos cuyo cumplimiento exige la ley. También los propósitos de quienes promueven su producción, sus conceptos sobre lo que esperan ver materializado en la obra. En algunos edificios muy especializados (fábricas, hospitales, museos, laboratorios, aeropuertos) la anticipación conceptual puede estar a cargo de expertos de campos muy distintos a la arquitectura.

Las instituciones que construyen muchos equipamientos públicos o privados tales como escuelas, hospitales, bancos o grandes tiendas, tienen normas para armar con rapidez este tipo de anticipaciones.

A2. Anticipación formal. Esta tiene que comprometerse con la forma y las dimensione de la resultante arquitectónica, y con muchas de sus soluciones constructivas. La anticipación formal o prefiguración está en el corazón del proceso que llamamos diseño arquitectónico.

La definición que hace Geoffrey Brodabent de cuatro métodos de diseño (que se entrelazan) representa un avance en la definición de estos conceptos y la he adoptado con algunos ajustes. Así, tendríamos los siguientes cuatro tipos de prefiguración:

Método canónico o geométrico, que se refiere al universo de reglas (cánones) de la geometría (euclidiana, analítica) sin cuyo conocimiento no es posible generar formas geométricas simples o complejas, incluyendo las reglas para representarla (geometría descriptiva y estereotomía).

Método icónico o tipológico, que alude a que, en muchas ocasiones, quien imagina una forma arquitectónica está apoyándose, inspirándose o tomando como punto de partida otra forma (o una familia de formas) ya existente. Este método se usa mucho en la arquitectura vernácula, pero también se ha empleado en diversas épocas: el Renacimiento, el Neoclásico, etcétera. También se emplea mucho en procesos de restauración.

Método analógico. Se utiliza cuando, para generar una forma arquitectónica, se parte de otras formas ya existentes fuera de la arquitectura. (biomorfismos, zoomorfismos, fitomorfismos, antropomorfismos, geomorfismos). El capitel corintio, en sus orígenes, es un ejemplo que ilustra este método.

Método pragmático. Alude a la experimentación, a la búsqueda-hallazgo, a la prueba-error como partes de un proceso de diseño, a la incorporación inteligente de elementos preexistentes en el sitio y sus inmediaciones. Según Broadbent es el más primitivo de los cuatro métodos, pero se utiliza en pleno siglo XXI. Luis Barragán lo empleó en sus obras y Frank Gehry hace otro tanto.

Nuevamente, cada uno de estos métodos forma un campo de investigación.

EL PAPEL DEL ARQUITECTO

El último aspecto del modelo interno se refiere al papel que tiene el arquitecto (o quien ocupa su lugar) en el proceso productivo de la arquitectura frente a requerimientos, recursos y métodos de producción. Al parecer, el arquitecto es quien:

• Ayuda a identificar y precisar los requerimientos que resolverá la arquitectura bajo su responsabilidad.

• Elige, entre todos los recursos disponibles, aquellos que se incorporarán al proceso de producción.

• Juega un papel central en los procesos de anticipación, y es el principal responsable de la anticipación formal o prefiguración

• Coordina la etapa de materialización.

Ofrezco el Esquema de un modelo teórico para la arquitectura.

Bibliografía

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