viernes, julio 31, 2026
Honorato Carrasco NavarreteMonografías

Honorato Carrasco, Maestro Excepcional en Arquitectura

Luis Fernando Solís Ávila

Lo primero, el Arq. Honorato Carrasco Navarrete era un educador excepcional, un Arquitecto que entendía que la arquitectura era el equilibrio entre las ciencias, las humanidades y el arte.
Por las amistades del arquitecto, recuerdo esta frase: “…no era más que un zorro semejante a otros cien mil otros; pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo” (El Principito). Mencionare a algunas de sus amigos en la ENA de la UNAM: Luis Enrique Ocampo el querido “Chato”, Rene Capdevielle, Miguel Herrera Lazo, Raúl F Gutiérrez, Domingo García Ramos, Carlos Contreras Pages, Enrique
Vaca Chreisleb, Alberto Amador Selerier, Pedro Medina Guzman y José Luis Benlliure Galán entre muchos otros.

Al entrar a la Escuela nos encontramos con un nuevo plan de estudios, que en el 67 cambió de anual a semestral; se abrieron áreas del conocimiento para comprender problemas económicos, políticos, culturales y sociales del País, se les denominó México I y II, se introdujeron las asignaturas de Diseño, Materiales y Procedimientos, Construcción, Estructuras: el plan permitía una especialización. Estos cambios fueron gracias al Arq. Carrasco, quien nunca se apartó de una visión social de la arquitectura.

En segundo año, cuándo ingrese al taller del Arq. Rene Capdevielle; taller horizontal, con 800 alumnos en dos turnos, me toco el grupo matutino donde conocí al Arq. Carrasco. El maestro Carrasco se distinguía, como un extraordinario orador, me atraía su creatividad; era afable y culto: Para mí fue un gran inspirador. La solución que di a la cubierta de mi proyecto del parador fue una cubierta plegada y conseguí en ese momento un acercamiento con él que me unió para toda la vida, pues fue de su agrado mí propuesta y se interesó en mí como estudiante.

Para el segundo ejercicio trabajé en dupla con Rafael Gayol y Mangino, hoy amigo entrañable. Nuestro amor por la arquitectura nos unió y trabajamos con el Arq. Carrasco; sensacional la frase “La magia de conectar y la suerte de coincidir”.

Nos tocó por tema un Refugio para alpinistas cerca del Popocatépetl, en el momento en que se presentó el movimiento del 1968, en el que el Rector Barros Sierra defendió los principios del movimiento estudiantil y se manifiesto en contra de Díaz Ordaz. El 30 de agosto de 1968, el presidente ordeno al ejército reprimir a los estudiantes refugiados en la Escuela Nacional Preparatoria de San Idelfonso y destruyo con una bazuca la puerta principal del siglo XVIII, aprendiendo a varios estudiantes; en repuesta el Rector Barros Sierra izó la bandera nacional a media asta en la explanada de rectoría y en su discurso habló en contra de la violación de la autonomía universitaria pidiendo la libertad de los estudiantes. 

El arquitecto participo en el comité de huelga, este suceso lo llevo a pensar en la autonomía, la libertad de catedra y la democracia, su preocupación por los problemas económicos, sociales y políticos del país, lo que provocó que se manifestará de manera enfática dentro del comité, lo cual lo convirtió en un perseguido político, refugiándose en su casa de Popo Park.

Casa del Arq. Carrasco en Popo Park –  Foto: Luis F. Solís

Con el fin de concluir el ejercicio del refugio en el Popo, Rafael y yo lo buscamos sin saber la situación en que estaba; sin embargo, nos recibía y con una paciencia admirable nos aconsejaba, orientaba y sobre todo lo empezamos a conocer. Nos preguntaba sobre nuestras familias y nuestros antecedentes escolares. Nuestras charlas nos llevaron a escuchar una infinidad de anécdotas y nos fue concientizando de la problemática del país y el compromiso que deberíamos tener con la Nación.}

Como nos quedamos sin clases recurrimos al Maestro Honorato Carrasco, para consultarle si era conveniente que nos cambiáramos a la Universidad Iberoamericana, él nos dijo unas palabras que quedaron en mi alma grabadas: “Si fueran mis hijos les diría que se quedaran en la UNAM. En ese momento lo considere mi padre académico, me hizo entender la distinción de ser miembro de la ENA y de la Máxima Casa de Estudios. Posterior al paro, me invitó a su taller de construcción como oyente, pues era una materia adelantada al nivel académico en el que estaba; aprendí sobre construcción y su directo engranaje con el diseño.

Le teníamos miedo a Estructuras 1 y le solicitamos que fuera nuestro profesor; nos respondió que no ere su área de enseñanza. Por nuestra petición al director de la escuela, abrió la asignatura para el Arq. Honorato. Fue la materia que marco mi carrera. Nos daba la clase con diapositivas de los libros de estructuras para arquitectos, que no estaban a nuestro alcance; así, se adelantó a su época.

Fue profesor México I y II, donde se analizaban los problemas económicos, sociales, y políticos de México. Al iniciar la primera clase, con su guitarra cantó: –Oye bartola, ahí te dejo estos dos pesos…— De esa forma entendimos la problemática de la economía de las familias mexicanas. Otra fue “era de nogal el santo” donde con la letra de la canción hablaba de la historia de México, la conquista, la intervención francesa, etc. 

Mi tema de tesis fue un una empacadora de carne. El examen se inició con dos sinodales; al llegar el Arq. Carrasco cuando finalizaba mi exposición, vio mis cortes arquitectónicos, detuvo el examen y comentó que no era factible que la cubierta de dientes de sierra tuviera triángulos longitudinales y transversales, lo que desde el punto de vista geométrico era imposible; solo sería posible si fueran paraboloides hiperbólicos. Al mostrarle una lámina que no alcanzó a ver al llegar, en la que tenía el desarrollo geométrico que él indicaba, me hizo dos preguntas: ¿Dónde colocaría las lámparas en los triángulos y cuál sería su intensidad? Contesté que se colocarían en las directrices horizontales de 500 lúmenes. 

 Examen Profesional. 

El Gran Maestro Honorato Carrasco, dejo en mí, sus raíces éticas, morales, académicas, arquitectónicas y de valentía, principios inevitables en mi pensar y actuar, que me han llevado a entender y gozar la vida de una forma sencilla y comprometida con mi México, mi familia, mis colegas y con la Universidad.