sábado, junio 27, 2026
EditorialUIA

Extracto de una toma de protesta y un compromiso

Hoy asumo esta responsabilidad, comprometido con el servicio público desde la profesión, con la planeación urbana como estrategia, con la defensa del espacio público, de una movilidad más humana y el cumplimiento claro de la regulación. Nuestro propósito: Poner a las personas en el centro de la ciudad.

Cancún es extraordinaria, nació de una visión planificada y colectiva. Pero hoy se debate entre la vitalidad y la fragmentación. Durante décadas, el crecimiento urbano se movió más rápido que la planeación. La expansión periférica sustituyó la idea de comunidad; los fraccionamientos cerrados desplazaron la vida pública; las avenidas se diseñaron para los autos, no para las personas.

Andrés Duany advierte que “las ciudades no fallan porque crezcan, sino porque dejan de planear su crecimiento.” Y en Cancún esa frase es vigente: crecemos, pero no hacia el lugar correcto.

Elizabeth Plater nos recuerda que la mezcla de usos de suelo, la escala humana y la diversidad, son los verdaderos cimientos de una ciudad viva. Sin embargo, nuestro tejido urbano se ha vuelto cada vez más desigual: hay zonas que prosperan y otras que permanecen sin servicios, sin parques, sin aceras, sin transporte digno.

Y como dice Jeff Speck, “una ciudad que obliga a conducir para vivir es una ciudad que renuncia a su humanidad.” Cancún, que se soñó como ejemplo de ciudad modelo, hoy necesita recuperar su caminabilidad, su movilidad inteligente y su vocación pública. Reconozcamos lo evidente: La falta de coordinación entre planeación, transporte y espacio público ha debilitado nuestra calidad en su vida urbana.

Tenemos el conocimiento, la energía y el talento para corregir el rumbo. Pero más que los diagnósticos, lo que hoy nos convoca no es la crítica, sino la esperanza. Porque toda ciudad puede corregirse cuando aún conserva personas que la aman y creen en ella.

Lo que nos preocupa no es solo el tráfico o la falta de parques, sino que la ciudad se vuelva ajena, que deje de reconocerse a sí misma. La planeación urbana no es un trámite técnico: es una decisión política y ética sobre el tipo de ciudad que queremos ser.

Durante mucho tiempo, confundimos planear con reaccionar y regular con limitar. Planear es anticipar, integrar y construir con visión, es pensar en el largo plazo, más allá de un proyecto o administración.

 “una buena ciudad no surge de la espontaneidad, sino de una visión clara y compartida.”

Esa visión es lo que nos falta recuperar. Volvamos a la idea original del urbanismo: Como una herramienta para ordenar el territorio, conectar la movilidad con el espacio público, vincular la vivienda con el empleo y devolverle al ciudadano su lugar como medida de toda decisión de diseño.

“La escala humana es la unidad mínima de la planeación.” Cuando la ciudad se piensa a esa escala, las calles dejan de ser canales de tránsito y se convierten en espacios de encuentro.

El Colegio será el promotor de esa mirada: una planeación que no solo mida metros cuadrados, sino también relaciones, tiempos y accesos; que entienda que cada línea en un plano representa una experiencia humana en la vida real. Por eso, este Consejo asume la planeación como una estrategia fundamental.

Porque sin planeación, no hay rumbo y la ciudad se fragmenta. Cancún  debe volver a ser pensada antes de ser. Si queremos una ciudad más justa, más viva y segura, empecemos por la forma en que nos movemos dentro de ella. La movilidad es cómo nos encontramos. Y esa relación entre movimiento y encuentro debe reconciliarse.

Durante años, posterior a su proyecto original, nuestras calles se diseñaron para los automóviles y no para las personas. Se redujeron las banquetas, los cruces se volvieron peligrosos, los parques quedaron aislados entre avenidas que nadie se atreve a cruzar. Y “una ciudad que no es caminable termina por no ser segura.” Porque la seguridad no nace de la vigilancia, sino de la presencia ciudadana. Las calles bien iluminadas, las aceras transitables, los parques activos, las esquinas con vida y comercio: Eso disuade el miedo y baja la delincuencia. La verdadera seguridad urbana empieza cuando las personas vuelven a habitar su entorno. “El espacio público no es un lujo, es la infraestructura de nuestra comunidad” Por eso debemos repensar Cancún desde la escala del peatón y del vecindario.

Esa es la ciudad posible y también la más humana. Desde el Colegio, asumimos el compromiso de participar en el impulso a una movilidad segura, sostenible y digna, que devuelva la confianza al espacio público y con ello, a la convivencia misma. Porque solo cuando las calles se llenan de vida, la ciudad vuelve a pertenecer a todos.

Cancún no puede seguir siendo una suma de proyectos aislados. Debe volver a ser una visión compartida, sostenida en planeación, regulación y participación social. 

Reforzaremos los vínculos con las instituciones públicas. Deseamos que el Colegio vuelva a ser consultado antes de que se tomen las decisiones urbanas, no después. Estemos en la misma mesa con autoridades, desarrolladores, académicos y ciudadanos, para que la planeación vuelva a ser colectiva, verificable y transparente.

Impulsaremos la capacitación permanente, que no solo actualice a los arquitectos en normatividad y herramientas digitales, sino que fortalezca su capacidad de compromiso ético y de liderazgo en participación profesional. Porque el conocimiento técnico es la base, pero el liderazgo ético es lo que realmente transforma la ciudad.

Nuestro objetivo es volver a poner la planeación en el centro de las políticas públicas. Cancún necesita retomar su vocación de ciudad planificada. Superemos la lógica fragmentada de fraccionamientos, vialidades y permisos aislados, para volver a pensar en tejido urbano, conectividad, continuidad ambiental y social.

“una ciudad bien diseñada no se improvisa: se compone.” Cancún necesita composición: equilibrio entre densidad y espacio público, entre crecimiento y sustentabilidad, entre desarrollo y bienestar.

Sabemos que pequeñas intervenciones pueden tener grandes impactos: una calle sombreada, un parque activo, una esquina segura: Eso es el inicio de una transformación más profunda.

Imaginemos al Cancún del 2050, que heredarán nuestros hijos y los hijos de ellos. Una ciudad que ya no dependa de su zona hotelera, que se reconcilie con su territorio, sus ecosistemas y su gente; que integre su periferia, respete sus lagunas, sus manglares y su paisaje, tal como fue inicialmente, que entienda que el desarrollo no solo se  mide en metros cuadrados, sino en calidad de vida; por su capacidad de sostener la vida cotidiana con dignidad.” El largo plazo debe centrarse en eso: Dignidad para caminar, estudiar, trabajar y para disfrutar del espacio público sin miedo ni exclusión.

Hablamos de un Cancún más compacto, conectado, equitativo y humano; Donde la belleza no sea un privilegio turístico, sino un derecho ciudadano y la arquitectura y el urbanismo vuelvan a ser herramientas de integración social, los barrios recuperen identidad y los arquitectos recuperen su papel como intérpretes del territorio.

Cada generación de arquitectos hereda una ciudad distinta, pero también una tarea pendiente. La nuestra no puede limitarse a construir edificios; nos corresponde reconstruir el sentido de comunidad, recuperar el valor del espacio público y devolverle a Cancún la esperanza en su propio futuro.

La arquitectura, entendida desde su raíz más profunda, no es solo técnica: es servicio. Servimos cuando ponemos el conocimiento al servicio de la ciudad y quienes la habitamos, y no de los intereses que la fragmentan. El arquitecto no es un espectador del deterioro urbano, será un agente de cambio. Su acción debe estar ocupada por profesionales con ética, con conocimiento y con visión pública.

Este año celebramos el 50 aniversario de nuestro Colegio; somos 120 arquitectos colegiados, vamos por más. A las nuevas generaciones les digo que el futuro no se les va a entregar hecho: tendrán que construirlo, cuestionarlo y defenderlo.

Les tocará una ciudad más compleja, sí, pero también una con más conciencia y con más herramientas. Que su brújula sea siempre la honestidad, la empatía y la convicción de que toda buena obra deja algo más que un edificio: deja un ejemplo.

El legado de este Colegio no serán reconocimientos, sino la calidad de la ciudad que ayudemos a formar. Porque si la arquitectura no mejora la vida, no ha cumplido su propósito. Y si el Colegio no defiende el interés público, habrá olvidado su razón de ser. Lo que hagamos o dejemos de hacer marcará la vida de miles de personas que nunca conoceremos, pero que habitarán el resultado de nuestras decisiones.

Esta toma de protesta es un pacto con el presente y el futuro. Hoy asumimos una responsabilidad que va más allá de los planos, de los trámites o los cargos. defenderemos la ciudad como un bien común. Porque Cancún no pertenece a unos cuantos: pertenece a todos los que la viven, la trabajan y la sueñan.

El reto es enorme, pero no imposible. Nos atañe escuchar más, coordinar mejor y actuar con valentía, aunque a veces eso signifique decir lo que nadie quiere oír.  “Una ciudad se mide por lo que ofrece al más vulnerable de sus habitantes.” Que sea caminable, segura, diversa y humana, que ha entendido el sentido profundo de la arquitectura: crear condiciones para la vida.

A quienes me acompañan en este Consejo, les pido compromiso y convicción; a mis colegas, confianza y participación; y a la comunidad, cercanía y diálogo.

Porque solo juntos – autoridades, profesionistas y ciudadanía- podremos reconciliar a Cancún con su vocación original: ser una ciudad planeada, habitable y digna.

El futuro no está escrito; lo escribiremos con cada decisión, obra bien pensada, o espacio que devuelva esperanza. Que nuestro legado sea una ciudad más justa, más bella y humana. Únete al cambio. Esa será la verdadera medida de nuestro éxito.

José Luis Cortes Delgado. Presidente inmediato saliente UIA Secretario de Relaciones Internacionales FCARM