La Enseñanza de la Arquitectura: Aprender de la Realidad y los Maestros

Arq. Gustavo López
Arquitecto por la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Socio de Sánchez Arquitectos y Asociados. Coautor con Humberto Ricalde en los Apuntes para la Historia de la Arquitectura, INBAL. Académico en Historia, Teoría de la Arquitectura y Diseño Ambiental en el Taller Max Cetto de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Autor, editor, de libros de arquitectura Mexicana y creador de dos exposiciones “21 Jóvenes Arquitectos Mexicanos”
Esta ampliamente documentado que la mayoría de la población mundial vive en ciudades y luego entonces su cotidianeidad de vida está determinada en buena medida por la calidad de los espacios colectivos y privados, que forman parte de las mismas ciudades. Esta realidad propicia conductas sociales y que un mayor número de personas esté interesado por todo aquello que sucede en los ámbitos urbanos, incluyendo las diferentes posibilidades de arquitecturas que se han desarrollado en el tiempo y las que se ejecutan en la actualidad formando parte de estos ámbitos. Como consecuencia de lo anterior, existe también un mayor interés en lo que tiene que ver con la formación y el aprendizaje de los jóvenes, que se preparan profesionalmente como urbanistas y arquitectos y que finalmente ejercerán sus conocimientos, pensando en el diseño de espacios privados y colectivos procurando el bien común. En este sentido, existe cada vez más un mayor compromiso, asumido por las distintas universidades, por aplicar los mejores y más eficientes programas educativos, encaminados justamente a la mejor preparación de estos estudiantes y futuros profesionales.
Reconociendo la importancia de lo anterior, al reflexionar en el presente ensayo, sobre lo que tiene que ver con la enseñanza – aprendizaje de la arquitectura y el urbanismo, necesariamente vale la pena remitirse en primera instancia, a las experiencias previas exitosas en la materia, que sin duda deben ser consideradas. En este sentido, sin irnos demasiado lejos en el tiempo, es importante recordar y valorar la experiencia educativa desarrollada en los inicios del siglo XX, en la llamada Bauhaus, escuela alemana fundada en Weimar el 12 de abril del año de 1919, por parte de Walter Gropius (1883-1969) y que cerrara como institución en 1933. Una primera consideración relacionada con la Bauhaus tiene que ver con el criterio de enseñar, tomando en cuenta una visión interdisciplinaria del diseño, en la que participen integralmente pintores, escultores, artesanos, escenógrafos, diseñadores gráficos e industriales, arquitectos, urbanistas y pensado-res de la cultura en general, incluyendo consideraciones de carácter filosófico.
Vale la pena reconocer el poder de convocatoria de Gropius, para conjuntar en la escuela a personalidades tan diversas y talentosas como Paul Klee (1879-1940), Vasili Kandinsky (1866-1944), Laszló Moholy-Nagy (1895-1946), Marcel Lajos Breuer (1902-1981), Hannes Meyer (1889-1954), Mies Van Der Rohe (1886-1969) y Lwdwig Hilberseimer (1885-1967) entre otros. Haciendo equipo, entendieron que la arquitectura era una manifestación construida, social, colectiva, dentro de la cual de manera integral se expresaban la cultura en general, el arte, las artesanías, la técnica y con el mismo sentido integral aplicaron sus metodologías de enseñanza, comenzando con los cursos de iniciación, en los que jugando se incentivaban lúdicamente los primeros acercamientos al entendimiento, conceptualización y experimentación del diseño.


Otra característica importante en la enseñanza dentro de la Bauhaus fue procurar dentro de la medida de lo posible, que los temas de diseño estuvieran vinculados con las necesidades de la realidad social, económica, cultural y tecnológica de Alemania, de tal suerte que se pudieran abordar y resolver problemas o temas reales, llegando a diseños o productos que se pudieran construir o fabricar, produciendo además de una enseñanza-aprendizaje exitosa, líneas de diseño que llegaron a identificar a la propia escuela, generando además recursos económicos, que pudieron solventar algunas necesidades operativas de la institución. Hoy en día una buena cantidad de productos, sobre todo de diseño industrial y gráfico, se siguen produciendo y criterios teóricos de diseño urbano y arquitectónico siguen presentes, manteniendo el prestigio teórico, práctico y pedagógico de la Bauhaus. Se trata de diseños que han logrado escapar al tiempo.
Muchos de ellos en su vigencia, parecen actuales, habiendo transcurrido alrededor de cien años desde sus conceptualizaciones originales. Las metodologías educativas de la Bauhaus tuvieron y siguen teniendo en la actualidad una vigencia internacional, incluyendo
México y en las reflexiones actuales sobre las maneras de educación, relacionadas con la arquitectura, el urbanismo y el diseño en general, se vuelve necesario tenerlas presentes.
Otra referencia importante en las maneras de aprendizaje de la arquitectura tiene que ver con la experiencia de cómo aprendió a diseñar Le Corbusier (1887-1965), maestro importante y trascendente del movimiento moderno, racionalista. En este sentido vale la pena recordar que este arquitecto suizo-francés, no asistió formalmente a una universidad para recibir una educación en el sentido tradicional. Él quería y tenía la voluntad de ser arquitecto, quería ser el mejor y más trascendente en su momento. Y para lograrlo emprendió diversas actividades. Una primera y muy importante fue el viajar a diversos lugares del mundo, con la idea de conocer cómo se manifestaban y expresaban los espacios colectivos en las ciudades y sus arquitecturas. Vale la pena recordar, que la esencia misma de lo que se refiere al diseño urbano y arquitectónico, tiene que ver con las ideas que dan sentido a los espacios habitables en donde los seres humanos realizamos nuestras distintas actividades.


Durante estos viajes, con ojos atentos recorría los lugares, sus secuencias espaciales y además de sensibilizar todos sus sentidos y percepciones, en relación con estos recorridos, dibujaba a mano las obras y objetos que veía y eran de su interés, entendiendo el dibujo, como una manera sustancial de comunicación y aprendizaje. El dibujo como un proceso de percepción intelectual, en el que, a través de la mano, lo que dibujaba podía llegar a su cerebro y comenzar con ello una valoración de las obras, que podía tener un carácter individual para cada obra y una valoración colectiva, comparativa al recorrer o identificar un conjunto de obras. Se trataba de dibujar para entender y pensar y con ello comenzar a construir sus propias maneras de entender el diseño, la arquitectura y las ciudades. Viajar y dibujar, partir de la realidad para imaginar otras realidades. Le Corbusier estudió en la universidad de la vida cotidiana, en la calle, con ojos atentos y con la voluntad de querer ser un arquitecto trascendente.
A lo anterior Le Corbusier, sumó la pronta actividad de aprendizaje, trabajando profesionalmente como colaborador de un arquitecto importante en su momento, como lo fue Auguste Perret (1874-1954), arquitecto francés, representante del movimiento Proto racionalista. Se trató de enfrentarse a la realidad profesional proyectual, desde lo que tiene que ver con la conceptualización de los proyectos, apoyada en principios teóricos racionalistas, hasta la realización concreta, material de las obras. Fue una experiencia de aprendizaje invaluable. Podemos
reconocer, que históricamente el aprendizaje de la arquitectura se puede desarrollar, como lo que sucede con la vida misma, en donde los padres o los maestros que han acumulado experiencias aprendidas a lo largo del tiempo transmiten estos conocimientos a los hijos o a los alumnos, a partir del contacto y la práctica cotidiana en la que participan ambos. Se trata desde luego de que los alumnos aprendan de los maestros, pero con la finalidad de que con personalidad y asumiendo distintas y personales visiones de la vida, posibiliten que los alumnos puedan ocupar su propio lugar en la historia, de tal suerte que no sean solo repetidores de los maestros, sino que lleguen a partir de la experiencia y la reflexión, a construir sus propios caminos e ideas, que le den sentido y trascendencia a lo que hacen.
Si se piensa en los inicios de arquitectura contemporánea, para no remontarnos muy lejos en la historia, está claramente documentado que August Perret fue maestro e influyó en la formación profesional de Le Corbusier, Louis Sullivan (1856-1924) en Frank Lloyd Wrigth (1867-1959), Peter Behrens (1868-1940) en Walter Gropius, Luis Barragán (1902-1988) en Ricardo Legorreta (1931-2011). El mismo Le Corbusier influyó en Teodoro González de León (1926-2016) y este último en el arquitecto yucateco Augusto Quijano (1955), para hablar un poco de la realidad mexicana. Así las cosas, el conjunto de lo anterior representa unos cuantos ejemplos de las relaciones e influencias entre maestros y alumnos.

En paralelo a su aprendizaje y práctica profesional, además de viajar, dibujar, trabajar y sobre todo después de pensar, Le Corbusier se dedicó a escribir, como una manera más de construir su propia visión de las cosas, documentando en libros sus ideas, reflexiones, propuestas teóricas que se convirtieron en guías intelectuales para él y muchos arquitectos en el mundo. Ahí está el puñado de libros que produjo Le Corbusier, en los que además de sus ideas, el dibujo de manera importante también está presente. Su experiencia de aprendizaje y rica práctica profesional sigue siendo una gran motivación para los nuevos estudiantes de arquitectura. Pero, además, asumiendo una visión de la cultura igualmente integral, Le Corbusier también fue pintor y escultor, desarrollando estas actividades dentro de sus propios ámbitos de referencia, pero entendiéndolas también, como posibilidades de reflexión y experimentación urbana y arquitectónica. Así algunas pinturas y esculturas están muy cercanas en sus expresiones y resultados formales, a lo que bien podemos asociar con juegos de planos que podrían ser arquitectónicos o urbanos.
Le Corbusier ejerció integralmente el conjunto de todas las actividades descritas anteriormente, como complementarias y retro alimentadoras de las propias de pensar el urbanismo y la arquitectura. A la distancia, sin duda, Le Corbusier tenía presente la extraordinaria experiencia cultural, visionaria e integral, desarrollada por el florentino Leonardo Da Vinci (1452-1519) en el Renacimiento.

En otro sentido, desde los años sesenta del siglo pasado hasta nuestros días, también está presente en la enseñanza aprendizaje de la arquitectura y el urbanismo, lo que conocemos como Arquitectura Participativa, por medio de la cual, se realizan proyectos vinculados directamente con las necesidades de diversas comunidades, estableciéndose una relación y un compromiso social entre estas comunidades y los arquitectos que se acercan a ellas, para tratar de resolver estos requerimientos en materia de espacios habitables que necesita la gente. Esta relación profesional conjunta, se inicia con la identificación de necesidades de espacios, la conformación de planteamientos conceptuales, llegando hasta planteamientos programáticos con los cuales resolver los proyectos necesarios. Conjuntamente también se seleccionan los lugares posibles para la realización de los proyectos y las obras, se determinan los alcances y modalidades en términos presupuestales, tiempos de ejecución y la participación, también conjunta de la realización material de las obras,
que implica en la mayoría de los casos la mano de obra activa de la propia comunidad que necesita los proyectos, bajo la dirección de los arquitectos.
Esta arquitectura participativa se ha convertido en una modalidad importante de enseñanza aprendizaje de la arquitectura, con la intervención de alumnos, dirigidos por sus maestros arquitectos. Así los proyectos terminan siendo una responsabilidad colectiva entre comunidades, arquitectos y alumnos, propiciando relaciones humanas y profesionales que se retroalimentan de ida y vuelta, en muchos sentidos, incluyendo el rescate y actualización de formas de vida sociales, materiales y procedimientos constructivos, que las propias comunidades han experimentado a lo largo de sus propias historias. En este orden de cosas ha sido importante y enriquecedora en nuestro país, la experiencia educativa del llamado Autogobierno, surgido en 1972 en la originalmente Escuela y hoy Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México y que hoy se sigue practicando en la misma Facultad, pero que ha sido reinterpretada exitosamente esta enseñanza de arquitectura participativa, en otras universidades al interior de la República Mexicana. Al final del camino, podemos pensar que esta arquitectura participativa, es una variante de la experiencia educativa de la Bauhaus, del aprender haciendo proyectos reales, vinculados con la realidad y las necesidades sociales.
A lo largo de los últimos veinticinco o treinta años, se han sumado a la enseñanza aprendizaje de la arquitectura y el urbanismo, todas las posibilidades asociadas a los modernos medios de comunicación, que permiten documentar y valorar objetiva y visualmente lugares, obras y
pensamientos teóricos, posibilitando experiencias muy cercanas a los recorridos secuenciales, presenciales, que son absolutamente necesarios para el aprendizaje del urbanismo y la arquitectura, en sus diversas posibilidades actuales. Se han producido y se sigue produciendo una enorme cantidad de conjuntos de imágenes, documentales, videos en internet, en cine, en televisión, por medio de los cuales se pueden recorrer y comparar espacios representativos de ciudades y sus arquitecturas, insistiendo, con vivencias muy cercanas a la realidad. En este sentido, vale la pena plantear, que sin duda, los recorridos preferentemente presenciales de las calles, las plazas, los jardines y el conjunto de los edificios representativos en las ciudades, se convierten en la mejor universidad, donde es posible aprender urbanismo y arquitectura.
Hoy en día, las facilidades para acceder a un sinnúmero de documentales urbanos y arquitectónicos son muy sencillas y ello nos permite visualizarlos una y otra vez, analizando por separado cada oportunidad, pero pudiendo realizar ejercicios de reflexión comparativa, teniendo en cuenta particularidades de ubicación geográfica, realidades económicas, políticas, sociales, culturales y tecnológicas, a partir de lo cual se pueden plantear reconceptualizaciones para cada circunstancia y realidad o aventurar distintas posturas teóricas, proyectuales y constructivas, de tal suerte de enriquecer y diversificar las experiencias teóricas y prácticas.
Mies Van Der Rohe dijo alguna vez, que no podía inventar una arquitectura nueva cada mañana. Eso mismo sucede con la enseñanza del urbanismo y la arquitectura. Como todo en la vida, las cosas y las circunstancias son producto de la experiencia y resultado de procesos históricos que hay que entender y valorar. En este sentido me parece que para la actual enseñanza del urbanismo y la arquitectura, se deben tomar en cuenta las experiencias exitosas previas en este sentido, tratando de actualizar métodos, modalidades y aventurando lo que pueda representar los propios tiempos.


Partiendo nuevamente de la base de que la materia prima de la arquitectura es el espacio, el conjunto de las secuencias espaciales, privadas y colectivas, cerradas y abiertas, en las cuales los seres humanos desarrollamos nuestras diversas actividades cotidianas, el principio esencial en la enseñanza debe ser sensibilizar directamente en los cuerpos, en la piel de los aprendices, en sus ojos, en su olfato y
percepción de sonidos, las diversas posibilidades de vivencias habitables, haciéndolos conscientes de las secuencias espaciales, de sus ritmos contenidos en dichas secuencias, de la escala de los lugares, de sus medidas proporcionales, de sus calidades de luz y sombras, sus colores, texturas, diversidad de materiales y concientizándolos respecto a las alternativas de procedimientos constructivos. Para lograr lo anterior es necesario estar en la calle, viajar a distintos lugares con ojos atentos, pensar, sensibilizarse con los sitios, compararlos, con la intensión de aprender y querer ser arquitectos, tratando de iniciar con ello, la construcción de las propias posturas teóricas frente a las ciudades y sus arquitecturas. Se trata también de compartir las experiencias con otras personas, intercambiando puntos de vista, vivencias y posturas teóricas.
Acompañando lo anterior es importante dibujar lugares y obras, preferentemente a mano, croquis realistas o conceptuales, iniciando y enriqueciendo bitácoras de viajes y la construcción de las propias ideas. En las escuelas y facultades de arquitectura, se puede invitar a que los propios alumnos emprendan sus viajes, solos o en equipos, incluso aprovechando las modalidades de becas nacionales y para el extranjero que se pueden obtener en la actualidad, pero se pueden realizar también recorridos y visitas programadas, acompañados los alumnos por sus maestros, intercambiando puntos de vista, en donde las visiones frescas, espontáneas, sin ideas preconcebidas de los alumnos son importantes.


Viajar, dibujar y pensar comparativa y reflexivamente, es una excelente forma de aprender. Un objetivo esencial en la enseñanza de la arquitectura es el que los alumnos aprendan a plantear criterios conceptuales, conjuntos de ideas, que le den sentido y sustancia a sus propuestas proyectuales. Insistir una y otra vez, en que la trascendencia de los proyectos radica en gran medida, en la calidad y profundidad de las ideas que los soportan. Siguiendo con los criterios de enseñanza de la arquitectura, se debe plantear a los alumnos la práctica conjunta, interrelacionada entre teoría y práctica proyectual, en donde las ideas son fundamentales y estas se deben traducir objetivamente, mediante el dibujo, en los órdenes secuenciales compositivos y formales, que van a posibilitar la materialización de los proyectos.
En relación con las clases impartidas directamente en las escuelas y facultades, es importante tener en cuenta y trasmitir a los estudiantes, una visión integral de la enseñanza, teniendo en cuenta que la ¨arquitectura es la expresión construida de los valores de la vida ¨ y luego entonces en las diversa clases, teóricas y prácticas, correlacionar la arquitectura y el urbanismo con la cultura general, con
el cine, la literatura, la escultura, la pintura, la ciencia, la tecnología, la economía, la política, la sociología y la filosofía. Incentivar mucho el dibujar constantemente buenos proyectos arquitectónicos y urbanos realizados por otros, preferentemente a mano, llegando justamente hasta la determinación abstracta de croquis conceptuales, con la idea de que, al dibujar así, las ideas y realidades de los proyectos, transiten de la mano al cerebro y se puedan realizar análisis particulares y comparativos, tratando que los estudiantes comiencen a construir sus propias ideas teóricas y conceptuales. Propiciar en la cotidianeidad de
las clases, un intercambio rico y libre de ideas entre alumnos y profesores, tratando de generar controversias y debates, partiendo de la base, de que todos tenemos ideas que al final de cuentas pueden ser importantes, pero siempre considerando que serán provisionales, relativas, perfectibles, siendo necesario aceptar la diversidad del otro, respetando los distintos puntos de vista. Parte sustancial de lo anterior es el realizar lecturas de textos importantes, que pueden ser de arquitectura y urbanismo, históricos y críticos, pero que pueden incluir también cultura en general, filosofía, sociología, política o las diversas manifestaciones del arte. Textos que, en la medida de lo posible, debieran ser discutidos colectivamente en clase.
Leer, leer y leer, debiera ser un resultado constante, cotidiano y placentero, de las clases de los alumnos. En estas clases teóricas se trata de manera importante de encaminar a los alumnos a que puedan empezar a definir y construir sus propias posturas teóricas, que le den razón y sentido a los proyectos que realicen en las escuelas, durante su tiempo de estudiantes y en los inicios de su vida profesional, reconociendo que lo anterior puede evolucionar o cambiar naturalmente en el tiempo, como lo que sucede en el conjunto de la vida. De manera simultánea los alumnos debieran comenzar también a escribir, ensayos relacionados con sus lecturas, como una manera de aprendizaje y como comienzos de la construcción de sus propias posturas teóricas. Los profesores deben incentivar en sus alumnos los hábitos de la le lectura y la escritura, para que puedan surgir además nuevos historiadores y críticos de la arquitectura, actividades fundamentales para el sano, rico, diverso y trascendente ejercicio y desarrollo del urbanismo y la arquitectura. En nuestro medio falta mucho de esta última actividad intelectual.
En la medida de lo posible en los cursos de diseño debieran realizarse proyectos reales, arquitectura participativa, para distintos grupos sociales y económicos, en los cuales los alumnos se relacionen con la realidad geográfica, social, política, económica y cultural, reconociendo
las diversas formas habitables que son propias de las comunidades donde se realicen los proyectos. Es importante también, correlacionar en estas experiencias, las clases de diseño, teoría y construcción, pensando nuevamente en la integralidad de cómo se realizan los proyectos profesionalmente. Es necesario, además, el aprovechar todas las posibilidades y modalidades de las tecnologías de comunicación actuales. Conocer y valorar visualmente proyectos, comparativa y reflexivamente, como si se estuvieran visitando en la realidad. Se debería programar la visualización de proyectos, pensando e incluyendo la mayor diversidad de posturas teóricas y de realización compositiva, formal, uso de materiales y procedimientos constructivos.
Como complemento necesario, los alumnos lo mas temprano posible, incluso durante su vida escolar, deberían empezar a trabajar en un serio e importante despacho profesional, valorando de inicio cual despacho, cuales arquitectos, porque las influencias recibidas en estas oportunidades pueden ser determinantes para el futuro bueno o malo, de cada estudiante, dependiendo de la personalidad de cada quién. Trabajando se pueden terminar de formar y encaminarse a un futuro promisorio o pueden llegar a circunstancias negativas, que mal encaminen a los jóvenes aprendices. Al final de cuentas se trata de aprender viajando, visitando diversos lugares y obras, dibujar a mano, leer constantemente, visualizar videos, trabajar profesionalmente lo más pronto posible y como resultado de todo lo anterior aprender a pensar en ciudades y sus arquitecturas y escribir documentando estos pensamientos, para finalmente traducir todo lo anterior en proyectos plenos de ideas, realizables, materializables, que puedan enriquecer y diversificar las posibilidades compositivas, proyectuales existentes, tratando de ocupar un lugar propio dentro del universo de la arquitectura y la historia.
Ciudad de México.
arq. Gustavo López
