lunes, junio 15, 2026
Juan O'GormanMonografías

Contenido Político de la Arquitectura

Arq. Juan O´Gorman

(Publicado en la Revista Edificación, Órgano de la Escuela Superior de Construcción, del IPN en su No 5 del Año IV, en septiembre de 1937)

1. Arquitectura funcional es aquella que resuelve las necesidades de habitación y albergue del hombre de la manera más científica; entendiendo por esto último, el máximo de eficiencia en la solución por el mínimo de esfuerzo para su realización. Desde este punto de vista, la arquitectura moderna funcional realiza uno de los aspectos del papel revolucionario que desempeña la burguesía.

Arquitectura de Juan Becerra y Manuel Teja, sus discípulos

El papel del arquitecto en la presente sociedad burguesa es revolucionario; porque la arquitectura que crea revoluciona los métodos usuales y hasta ahora conocidos. Este es el caso de la arquitectura industrial producida en fábrica y en serie y este concepto deberá quedar reducido a “Revolución en el modo de producción”.

Con respecto a la arquitectura de tendencia nacionalista, la arquitectura retrospectiva, la arquitectura que tiene raíz en la copia o inspiración de los tipos y ejemplares del pasado, cualquiera – que sea éste, que no esté basada en los fríos cálculos científicos y técnicos-, tiene consciente o inconscientemente la marcada tendencia de entorpecer las posibilidades de la sociedad, ayudando de esta manera a restringir el progreso y a destruir una masa de fuerzas productivas, medio que emplea la clase explotadora para sobreponerse en época de crisis.

Por eso el fascismo nazi ha declarado cuál es su posición con respecto a la arquitectura, condenado a la arquitectura funcional como una manifestación internacional del arte y sólo aceptando la arquitectura alemana de fines del siglo XVIII y principios del XIX, por ser la más auténtica y pura expresión germana que pudo encontrar, e inclusive condenando a la arquitectura Ojival por ser ésta, antes del renacimiento, una expresión generalizada en varios países de Europa.

Por eso mismo Mussolini se rodea del ampuloso ambiente de una arquitectura derivada de la romana tradicional, nacida de la arquitectura pomposa y decadente de los césares, injertada de la más modernista expresión para darle así un aspecto saludable a este producto deforme.

1. Hay otro aspecto revolucionario en la arquitectura funcional inevitable para la burguesía que la ha creado – y es el que se refiere a facilitar la producción, ayudando de esta manera a provocar en este terreno, contradicciones con el régimen de la propiedad privada; al propio tiempo que prepara a los técnicos y facilita la producción de la arquitectura para la futura “Sociedad sin Clases”.

Es por ello por lo que la Arquitectura nacida de la satisfacción exacta de las necesidades humanas y de la aplicación técnica de los medios de construcción, es decir, la arquitectura funcional, tiene un contenido político que es progresista innegable. Sólo puede decirse que es revolucionaria la arquitectura funcional en el caso preciso de que de hecho revolucione el modo de su producción. La forma realmente revolucionaria de la arquitectura moderna es aquella cuya producción es la industrializada, de fabricación en serie, pues aparece así una verdadera transformación en el modo de su producción social y que está en directa contradicción con el modo de su apropiación capitalista.

2. La burguesía, consciente o inconscientemente, ha empleado y emplea la arquitectura como medio para extender su poder y en la forma de los elementos mismos de la arquitectura, está el medio de su propaganda, a pesar de que no tiene temas precisos que expliquen las condiciones sociales.  

De igual manera, en las otras manifestaciones de las artes plásticas, es decir, en la pintura y en la escultura, la forma misma (sin considerar el tema) es el medio, conducto o camino para alcanzar la eficacia de la propaganda.

Para explicar de la manera más clara este asunto, señalemos los siguientes ejemplos: en la construcción de Bancos, edificios de Gobierno y de negocio, en todos los países del mundo; pero muy especialmente en los Estados Unidos de América, se encuentran ciertos tipos característicos de este género de edificios, que contienen por las formas arquitectónicas empleadas, una propaganda capitalista evidente.

Primer ejemplo: El Banco de “estilo” Griego Dórico, cuya fachada es una copia más o menos fiel o inspirada (dirían los académicos) de los templos griegos y de los monumentos consagrados más importantes de este estilo. Este fenómeno aparentemente irracional, tiene una explicación sólo cuando se contempla como expresión de la Sociedad Capitalista. Es un medio para decir sin palabras (a todo aquel que inevitablemente mira su forma arquitectónica) las mentiras difíciles de decir con palabras, mentiras que conducen a torcer el juicio natural en la gente, como son las siguientes:

1ª.  La institución bancaria es tan antigua como la arquitectura tradicional de sus edificios.

2ª.  El estado capitalista actual de la sociedad siempre lo ha sido, pues el empleo de la misma arquitectura antigua siempre lo ha sido.

3ª. El Partenón fue el banco que dio los medios para el nacimiento de la filosofía y de la ciencia, al pie de sus columnas florecieron los talentos, y ahora el banco hace otro tanto; pues es el único que da los medios y permite el desarrollo de toda actividad humana; desde el amor romántico, hasta el plato de frijoles.

4ª.  Las instituciones capitalistas son tan viejas como el mundo civilizado.

Segundo ejemplo: El Banco – iglesia en los Estados Unidos de América, que es una réplica más o menos modificada o inspirada, de la iglesia de estilo bizantino. Con esto se está diciendo a los ahorradores y depositarios: Ven a nuestro seno hijo mío, a depositar tu dinero en la casa de Dios, además estará bien guardado.

Tercer ejemplo: En los Estados Unidos de América hay en casi todas las poblaciones de importancia, numerosos edificios rascacielos en forma de torres góticas, con su techumbre en forma de flecha que apunta al cielo, conservando con estas formas la idea religiosa medieval de que las torres eran el conducto por donde bajaba Dios del cielo y que las flechas de su cubierta eran antenas de comunicación con la divinidad, puesto que en ellas descargaba su ira en forma de rayos.

Las grandes puertas, mucho más altas de lo necesario, de las iglesias llevaban inconscientemente a la mentalidad del hombre la idea de una necesidad y la forma de entender su gran altura imponente podía ser la siguiente: por ellas pasaba Dios, quien a pesar de que había creado al hombre a su imagen y semejanza, era mucho más grande, un gigante todopoderoso. Y estas puertas para gigantes, aparte de que ridiculizan al hombre, le infunden respeto. Son empleadas también en los edificios públicos, en los Bancos, etc.

Cuarto ejemplo: En Tulsa, Oklahoma, hay un edificio que revela en toda plenitud el fenómeno que aquí trata de explicarse. Es una torre gótica en su aspecto general, que descansa sobre un templo griego, copia de los edificios de la época de Pericles, y que tiene por techumbre una cúpula de dizque Renacimiento. Este edificio pertenece a las Iglesias Unidas S. A.

Cada piso corresponde a una religión, desde los rodadores divinos que cantan todo el día, hasta el budismo que no canta nunca.

La planta baja (época de Pericles) es un Banco que maneja los intereses de la Sociedad Anónima. En cada piso hay una capilla del estilo adecuado a la religión; estilo budista, estilo turco, etc., y además los despachos correspondientes bien equipados con máquinas de escribir y muebles metálicos, necesarios pata el buen funcionamiento de los santos intereses.

No en balde pasan los feligreses por la escalinata de mármol, por la puerta monumental y por el hall del Banco para ir a rezar a su Dios en el octavo o noveno piso, adornado con el estilo que es propio de su ideología y no en balde se conservan las formas antiguas o se sobreponen en ensalada unas y otras para impresionar al individuo cuyo gusto está ya degenerado por la educación “Artística” burguesa en sus distintos aspectos: por la exageración de la forma haciéndola aparecer monumental, por la llamada riqueza de los materiales caros, los mármoles, los bronces y hasta las piedras preciosas, por el profuso decorado que pierde la forma geométrica simple y ataranta, por el aspecto antiguo que invita a la reverencia y, en general, por la forma tradicional y sus derivados modernistas que son excitativos para todos; pero sobre todo para quienes no poseen nada.

Estos excitativos constituyen a su vez la llamada educación estética, función de la educación burguesa y consecuencia de las ideas dominantes en la clase en el poder.

No en balde en las escuelas de arte y arquitectura se estudian y aprenden de memoria los estilos del pasado y aquellas formas que son el ropaje y el lenguaje propio de las formas sociales que las crearon y que sirven como medio de propaganda, para quienes estas mismas formas sociales representan una situación de privilegio y de predominio y a quienes las transformaciones inevitables de la vida arrebatan a ese mismo predominio.

Por eso la arquitectura técnica o funcional tiene el contenido político, que consiste en no servir como medio para la clase de propaganda y en su forma se expresa esta negación, consecuencia lógica del servicio material que desempeña.

Por otra parte, en la arquitectura científicamente concebida, la forma emanada de la función expresa esta misma función y ésta resulta una especie de diagrama realista de las necesidades humanas que llena y de la técnica constructiva empleada para llenar su finalidad de utilidad.