lunes, junio 15, 2026
Juan O'GormanMonografías

Juan O’Gorman en el IPN

M. Alejandro Gaytán Cervantes.  

El tema sobre las acciones de enseñanza realizadas por el arquitecto Juan O´Gorman, sólo es conocido por los egresados de las primeras generaciones de la carrera de arquitectura de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del IPN, ya que fue el único lugar donde impartió sus enseñanzas; por ello decimos que ellos tuvieron la fortuna de ser sus alum­nos; esto aconteció entre los años de 1936 a 1954.

Estos egresados destacan por su cercanía al maestro, el Arq. Reinaldo Pérez Rayón, que fuera el heredero de su cátedra por indicaciones del propio Juan O ‘Gorman, cuando este se retiró de la enseñanza de la arquitectura. Otros de ellos son: Joaquín Sánchez Hidal­go, Juan Becerra Vila, Manuel Teja Oliveros, Fran­cisco Enríquez, Raúl Izquierdo, Eduardo Pérez Moreno, Ruth Rivera Marín, Jorge Cuevas Félix, Luis A. Ramos y por supuesto Antonio E. Alco­cer; todos ellos, alumnos que formaron parte de las primeras generaciones.

Pos­te­rior­mente, en su última etapa como profesor se señalan, entre otros a David Cymet Lerer, Guiller­mo Ortiz Flores, Alfredo Mota Treviso, Rodolfo de León Rolón, Rubén Ortiz Fernández, Ricardo Tena, Jaime Sevilla, etc.

El Maestro Juan O´Gorman

Cuando se trata el tema de Juan O ‘Gorman como maestro de la ESIA, quienes fueron sus alumnos comentan con gusto y admiración no solo por sus en­señanzas, sino la forma de impartir sus cátedras, de expresarse en toda su amplitud de conocimientos, en cada una de sus cla­ses; porqué sus materias de Teoría de la Arquitectura eran un diario acontecimiento en la escuela, donde, en vez de los 30 alumnos que tenía, entraban cien o más, hasta que el salón se atiborraba.

Para Iniciar sus pláticas, no necesitaba de una estructura específica, aunque el contenido tratado si lo era; partía de cualquier enfoque, el tema del día en las noticias nacionales o internacionales era el tópico para iniciar su materia; podía partir de lo que sucedía en la política nacional de ese entonces, de lo que acontecía en Europa o Norteamérica, de una obra de teatro, o simplemente de una noti­cia de actualidad.

Todo lo relacionaba con la arquitectura, todo lo hacía parte del hombre como un ser social y por lo tanto, al relacionar el fenó­meno del que partía, con los espacios en que el hombre se mani­festaba,

llegaba a conclusiones donde era de primordial importan­cia el desarrollo arquitectónico, integrado a los avances de la ciencia, de la tecnología y del arte de cada lugar y cada tiempo, sin olvidar la cultura y tradiciones del núcleo humano, tema de su disertación.

Sí evaluamos sus enseñanzas desde el punto de vista de analizar el producto terminado que estas pro­dujeron, esto es, desde la forma en que actuaron profesionalmente quienes formaron parte de estas gene­ra­cio­nes, convertidos ya en ar­quitectos, en maestros en pleno ejercicio, sus enseñanzas resultan impactantes. Resulta sin­gular que en la ma­yoría de ellos resaltan cualida­des semejan­tes, en las que es notorio lo impac­tante y significativo que fue lo aprendido en esas cátedras. Aunque con diferentes características como es natu­ral, enfocan en forma muy similar la solución a los problemas a los que se enfrentan.

Parten de considerar que independientemente de su característica específica, todos los problemas planteados al arquitecto para su solución espacial deben ser ana­lizados en primer lugar de acuerdo con las condici­onantes de su tiempo, las que no se deben con­siderar, en una primera instan­cia, el subje­tivis­mo y la irracio­nali­dad.

Tomemos un ejemplo: la solución a los déficits de espacios que hoy tiene nuestro país:

Su enfoque llevará a considerar los re­querimientos de manera glo­bal y sus propuestas estarán diseñadas para permitir soluciones de carácter masivo; la consideración sería que hoy, como hace setenta años, la vivienda popular, los edifi­cios para la ense­ñan­za, para la salud o el tra­bajo, continúan siendo los que cuentan con los mayores déficits, si se considera un nivel mínimo de servicios con que deben contar todos los habitantes del país.

Por lo que la única forma de dar estos satisfactores es en base a solu­ciones ma­sivas, industrializadas, moduladas, racionalizadas, de las que hoy no se piensa en ellas; su planteamiento sería que hoy son tan urgentes como en tiempos pasados y lo mismo aquí que en Estados Unidos, la India o Aleman­ia.

Esa es su primera característica, al tener esas mismas raíces, cuando se enfrentan a una pro­blemática relacionada con la arqui­tectura, no plantean su análisis como algo indivi­dual en primer término, sino que lo univer­salizan, estructuran su estudio como parte de un todo; y así, de una conclusión universal, derivan la solu­ción al problema individual al que se enfrentan. Así sucede al proyectar la estruc­tura de una ciudad, un conjunto de vivien­das, o un mueble en lo particular.

Por lo general, cuando los miembros de estas generaciones, que recibieron clases de Teoría de la Arquitectura y de Composición Arquitectónica del Maestro O’ Gorman, se enfocan a la búsqueda de algunos de los satis­factores que la arquitectura debe proporcio­nar, parten en primer lugar del análi­sis global de la problemá­tica que se presenta, esto es, de las necesidades a satisfacer, las que posteriormente integran por medio de en un riguroso programa de necesidade­s, en el que se suma la mayor cantidad de requerimientos, lo que se hace integrando las situacio­nes simila­res que pueden converger.

Reunidas estas, es a través de la Sín­tesis, que las convier­ten en un programa arquitectónico que tiene visos de solución genérica. Sobre ello bástenos analizar el trabajo realizado en edificios para la enseñanza de Reinaldo Pérez Rayón; en el diseño de muebles integrados a la vivienda popular de Juan Becerra y Manuel Teja; de los estudios urbanísticos de David Cymet, o del Plan de Estudios de Arquitectura de Eduardo Pérez Moreno.

En todos esos casos no pierden de vista que lo importante no es la forma como solucionaron “el proble­ma”, sino como encontraron la respuesta ade­cuada a “los problemas” que amalgamaron y dieron respuesta en forma integral.

Por eso sus soluciones arquitectónicas son racionales, integran el medio natural con el medio social, estudian todas las condi­cionantes de la arquitectura: las físicas, económicas, sociales, las político-administrativas y las culturales.

En cada uno de estos aspectos integran los elemen­tos componentes, para cada clima, para cada lugar, para cada género de edificio. Señalemos algunos aspectos sobresalientes sobre la actividad magisterial de Juan O ‘Gorman:

De familia irlandesa, nació en la Ciudad de México el 6 de julio de 1905 y ahí mismo falleció el 19 de enero de 1982. Víctima del cáncer, se suicidó en esa fecha. Debemos anotar que es el único arquitecto cuyos restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

Por necesidades profesionales de su padre, su familia tuvo que emi­grar a la ciudad de Guanajuato, donde terminó su ciclo prima­rio, que había iniciado en la ciudad de México. Sus estudios de preparatoria, en ese entonces en plan de cinco años, que abarcaba lo que hoy es la secundaria y la preparatoria propiamente dicha, los realizó en esta última ciudad.

En 1922 in­gresó a la Escuela Nacional de Arquitectura, que formaba parte de La Academia de San Carlos; ya como estudiante parti­cipó en una huel­ga que se produjo durante 1928; en ella formó par­te del grupo dirigente del área de arquitectura, junto con Juan Legarreta, Álvaro Aburto y otros estu­diantes de esta carrera.

Es un caso poco común, en una escuela donde existían distin­tas carreras, con un perfil profesional diferente, la de arquitec­tura por una parte y las de artes plásticas, por el otro, que los es­tudiantes de arquitectura se unie­ran a los requeri­mientos de los artistas plásticos; el objetivo era reformar los planes de estudio de las carreras que se impartían en la Academia de San Carlos, para estructurarlos de una forma semejan­te a cómo funcionaba el Bauhaus, institución de enseñanza que causó un gran impacto en México y en el mundo.

Si bien este movimiento no logró la victoria de manera directa, sí se significó por un cambio en las mentalidades de quienes estudiaban y enseñaban en ese tiempo.          

Egresó de San Carlos en 1926, ya que se realizaba la carrera en un plan de cuatro años. Esta etapa de su formación fue muy signi­ficati­va, pues es cuando se introdujo la efervescencia de la revo­lución sangrienta de 1910-1917, en los ámbitos intelectuales de México, como la propia Universidad Nacional; esta, hasta entonces estaba cerrada para sus primeros luchadores, los que efec­tuaron la revolución armada.

El ingreso de la intelectualidad a la renovación significó inte­grarse y comprometerse con las ideas e ideales de la revo­lución y con su concepción avasa­lladora de modificarlo todo, de buscar un cambio significa­tivo en cada una de las actividades del hombre.

O ‘Gorman, junto con otros arquitectos, formó parte de grupos de intelectuales y artistas que tenían una perspectiva clara de hacia a donde debería ir nuestra sociedad.  La etapa, desde los veinte, hasta los finales de los cuarenta, se significó porqué en todos los ámbitos de nuestra sociedad se querían consolidar algu­nos de los principales ideales preten­didos por los que si usaron las armas en su momento.

Todos, pintores, músicos, intelectuales, científicos y arquitectos, desde su diferente enfoque profesional, hicieron que nuestro país no sólo fuera la vanguardia en Latinoamérica, sino la espe­ranza de re­novación para muchos pueblos no desarrolla­dos del mun­do.

Bien podemos decir que Juan O’Gorman, como Maestro y Arqui­tecto, fue:

*   El creador de la Escuela de Arquitectura del Instituto Politéc­nico Nacional, único lugar donde impartió sus enseñan­zas.

*  El sustentante de la base teórica con la que se desarrolló la arquitectura de la ESIA.

*   El maestro brillante y apasionado, extraordinario polemista que hizo de su acción magisterial y profesional, un apostolado.

*   El organizador de un Plan de estudios acorde con su momento, ya que los objetivos de esta Escuela al momento de su funda­ción eran:

1.         Buscar una nueva arquitectura para satisfacer el déficit de espacios habitables para las diferentes actividades que realizan los grupos mayoritarios de nuestra población.

2.         Desarrollar una arquitectura nueva, radicalmente funcional, in­tegrada a la industria, de producción adecuada a las necesidades de sus moradores. No olvidemos que Narciso Bassols, entonces Secretario de Educación Pública le había pedido construir las escuelas sin desperdiciar ni un metro cuadrado, ni un peso, ni un rayo de luz

3.         Participar en la introducción de nuestro país en el mundo de su presente y del futuro. El rompimiento con las academias pretendía olvidar conceptos estáticos y cambiarlos por otros, dinámicos, parte de un universo en permanente evolución.

4.         Disminuir las desigualdades sociales en México. Su idea sobre lo que debería ser el desarrollo de nuestra sociedad, se integra­ba a la de un enorme grupo de mexicanos que, a través de concep­ciones revolucionarias, luchaban por fortalecer la ciencia, técni­ca, arte, tradición, es decir, nuestra cultura.

5.         Dar al Estado los técnicos para su desarrollo. Este era el objetivo fundamental para el cual se había creado la es­cuela; en ese momento, la escasa colaboración de los profesionis­tas en activo, en el proyecto del país que se es­tablecía a pasos agigantados, hacía indispensable esta participación

Consideramos que estos cinco puntos son vigentes hoy en día, lo que nos lleva a pensar lo fundamental de su puesta en práctica nuevamente. Porqué hoy sabemos que:

1.-   Existe en el país un déficit millonario de viviendas, así como de otros muchos géneros de edificios. Y con las concepciones arquitectónicas actualmente en boga, con los procedimientos y sistemas constructivos que hoy se utilizan, no se vislumbra una solución para estos déficits, en un tiempo cercano.

2.-   El presente, requiere de nuevos espacios y conceptos que permitan su adecuada utilización para las actividades del hombre, en una sociedad siempre cambiante.

3.-   El mundo que nos interesa es el del mañana, donde la natura­leza y el hombre se conjuguen en su desarrollo en forma coherente; pero no se llegará a concretarlo, si no conocemos profundamente nuestra realidad, si no somos conscientes de cuáles son las

características de nuestra sociedad, de sus graves diferencias y deficiencias, de las desigualdades económicas y sociales que impiden nuestra natural evolución.

4.-   Nuestra economía no puede permitir lujos excesivos, ni dispen­dios en la creación de nuevas edificaciones, ni en su utiliza­ción. El espacio debe ser analizado como una resultante de las necesidades reales del ser humano.

5.    La enseñanza de la arquitectura está en crisis, provocada por el liberalismo en su enseñanza, por su separación de nuestra realidad, por una entrada disforme a la modernidad, por querer perder la memoria de lo que ha sido bueno en nuestra forma de vida, en nuestra forma de hacer arquitectura.

6.-   La arquitectura que realicen los futuros egresados de las escuelas de arquitectura del país, deberá basarse en la eficien­cia y en la calidad, con que debemos trabajar los mexicanos en todas nuestras acciones.

7.-   La competencia externa es hoy una espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas, y si no estamos preparados para el momento en que ésta se vuelva crítica, corremos el peligro de ya no desarrollar nuestra función como arquitectos.