Plan Urbano Ambiental para el Municipio de Guerrero, en Coahuila.

Este municipio, poco conocido, tiene frontera con EU a lo largo de la ribera del Río Bravo y a medio camino entre Piedras Negras y Nuevo Laredo, dos ciudades de mayor cuantía, tanto en problemas como en cantidad de pobladores. El poblado de Guerrero, nombre impuesto durante los gobiernos de la revolución, nació en 1701 y fue fundado como el Presidio de San Juan Bautista del Río Grande del Norte, que es como se nombraban los sitios previamente a constituirse en Misiones, no porque fueran cárceles, sino que servían como alojamiento y protección durante el tiempo de las incursiones virreinales en el mundo chichimeca, apache y comanche. San Juan Bautista era la estación previa al cruce del río Bravo, en su transcurso más somero, que se conoce como Paso de los Franceses, que en realidad era Paso de Franciscanos, sus fundadores, y de camino a la siguiente misión importante, la de San Antonio, cuando la intendencia de San Luis Potosí que ocupaba la mayor parte de lo que ahora es Texas y todos Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.
Esta interesante región desértica forma parte de la región fisiográfica de las Grandes Planicies de Norteamérica que van desde Saskatchewan en el norte de Canadá, hasta la subcuenca sur del río Bravo entre Acuña y la Planicie del Golfo, que comienza cerca de la región de China, Nuevo León. En algún momento formó parte del mar interior antes de la última deglaciación, y se encuentran yacimientos enormes de conchas marinas y esqueletos de crustáceos y peces, como en la región de Cuatro Ciénegas, aledaña a la del Bravo.

Es una región poco poblada y cuenta apenas con 2 mil y pico de habitantes. La cabecera municipal tiene unos 700 habitantes, principalmente mujeres. Tan cerca de EU y también de otras situaciones complejas, como la carencia de empleos u ocupación, los hombres migran. El clima es extremoso con lluvias predominantes durante los equinoccios y una precipitación media anual de unos 600 mm. La subcuenca correspondiente, con una extensión aproximada de 700 mil ha. tributa al Bravo y las montañas que la limitan al sur en la Sierra del Burro alojan en sus estribaciones y meandros, oasis y praderas con paisajes de inigualable esplendor y belleza. Los suelos son feraces, aunque secos y, entre otras curiosidades, es una zona endémica del faisán y del venado cola blanca.
Hace unos cincuenta años, el padre de un amigo del cliente se dio a la tarea de construir jagüeyes a diestra y siniestra. El potencial para la captación de agua en épocas de lluvia es enorme y podría abastecerse una bien irrigada agricultura, altamente productiva y vecina al imperio, lo que no es poca cosa. Puede dar abasto también las necesidades de la población local.
Pero bueno, el encargo original consistió en proyectar un centro turístico local, con un pequeño hotel, centrito de convenciones para empresas de la región -entre ellas la Corona, por ejemplo-, sitio para la carne asada los sábados y domingos para las familias de Piedras Negras, retiro para un par de congregaciones religiosas católicas y sede para una cooperativa regional de productores. Un programa interesante pero que en modo aislado no tendría mucho éxito turístico. La apuesta iba en el sentido de tener excursiones a los yacimientos de conchas marinas y demás, contar con un sitio de descanso durante la temporada de cacería del venado -que se hace cada año con mucho éxito-, excursiones a la sierra del Burro y muchos otros atractivos como las carreras de motos, de carros y los vuelos en globo de Cantoya. Es por eso por lo que nos metimos a investigar la región, que, a la postre resultó de lo más interesante.
Como es normal en México, cuando metieron la carretera fronteriza y para variar partieron el pueblo en dos, dejando por un lado la antigua Misión de San Bernardo (1700) y por otro el pueblo, con algunos parajes y detalles históricos, como la pequeña plaza a la entrada del panteón, la iglesia en el centro, de planta basilical construida con piedra y adobe y techumbre de madera, etc. El terreno para el proyecto turístico-recreativo está en la calle principal sur-norte (antiguo camino) esquina con la carretera federal. Como esto resultaba un tanto desastroso para el proyecto, sobre todo por el ruido de los tráilers y el terregal de terrenos salitrosos, nos dimos a la tarea de proponer ciertas cosas que sirvieran para el proyecto y para la reorganización del pueblo, entre ellas, un boulevard de unos 5 km que reconstruyera un tejido urbano desgarrado y resultara en un pasaje más tranquilo y silencioso en lo posible, además de que le diera cierta identidad al pueblo que, siendo la cabecera municipal, no deja de ser un caserío sin importancia a la pasada. Se plantearon además otros temas, como la restauración de la traza original y de las construcciones antiguas, la inclusión de un paseo peatonal entre el centro y la misión y, en asuntos “ambientales” planteamos la construcción de varios jagüeyes del futuro, granjas de faisanes, cultivo de varias especies de plantas también endémicas y de valor comercial y una instalación de energía solar que abastecería de energía gratuita al pueblo, a cada casa, una vez amortizada la inversión en un lapso de 7 años aprox. con los pagos de los habitantes por el consumo normal de electricidad. Después, solo pagarían los gastos de reposición, que en una planta solar son mínimos. Algunos tendrían motivos para regresar.

El proyecto recreativo, por otra parte, es autosuficiente en energía, agua y alimentos, cuya producción está diseñada de acuerdo con el menú del restorán. Está “bioclimáticamente” adaptado y pudimos eliminar el aire acondicionado en un sitio donde es casi por ley ponerlo dadas las condiciones inclementes del tiempo mediante el uso de tecnologías vernáculas en la construcción, como el terrado, por ejemplo y otras no locales pero efectivas, como el sistema de enfriamiento maya y el iraní, así como el uso profuso de la vegetación con técnicas de permacultura. Nada nuevo.
Participantes: Jorge Ponce, Ana Cecilia Rangel, Moisés Escárcega, Mauricio Linder
