viernes, mayo 1, 2026
Jorge Ponce Amezcua

Plan de Manejo de Agua para la Región de Tizayuca

Sistema de Jagüeyes

Tizayuca
Jagüeyes en la región

¿Qué es un Jagüey?

Agua que dejes correr, no la has de beber.

Un jagüey es un bordo o promontorio alargado o de forma circular, construido de tierra y piedras, con la finalidad de retener agua. Es el pariente viejo de la presa que, como toda tecnología básica, tiene una morfología variadísima, aunque el número de elementos invariables o características funcionales es mínimo.

Las características funcionales de un jagüey deben ser: impermeabilidad del embalse, poca infiltración en los bordos ya sean perimetrales o no; estabilidad interna, mínima erodabilidad del suelo, que es un índice que indica la vulnerabilidad o susceptibilidad a la erosión y que depende de las propiedades intrínsecas de cada suelo. Y optima fijación del suelo en los bordos y lo más importante: debe obtener agua en cantidad suficiente para llenar el embalse. El jagüey es sólo una parte del sistema recolector de aguas de lluvia del que forman parte indispensable la acequia, (zanja o canal a cielo abierto para conducir agua), el tanque, el canal, la zanja y la terraza en orden ascendente y la compuerta, el canal, la zanja, el tanque y la pileta en forma descendente. El jagüey más sofisticado de épocas antiguas está compuesto por dos elementos básicos: el embalse y el estanque regulador.

Si bien el término jagüey es de origen antillano, los españoles del siglo XVI, introdujeron la palabra en México y designaron con ella los depósitos de agua de lluvia que encontraron a su paso por todo el nuevo territorio.  Los jagüeyes de entonces deben haber sido más parecidos a los actuales mismos que los naturales del Anáhuac usaban profusamente para acumular los escurrimientos de los cerros.

Con seguridad muchos de los jagueyes actuales son los mismos desde tiempos prehispánicos, ya que es difícil cambiarlos de lugar, porque su ubicación se encuentra condicionada por la morfología del terreno. El jagüey y la tecnología constructiva que tiene por objeto juntar desvirar agua, son universales y se utilizan desde el nacimiento de la agricultura cuando se hizo necesario colectar, almacenar y conducir aguas de un sitio a otro sin mas ayuda que la gravedad. Algunas formas sofisticadas de esta tecnología básica fueron, por ejemplo, los angostos canales de bordo doble y en cruz, con tierra o piedra, que se utilizaron para nivelar las plataformas de desplante de pirámides y yácatas, mucho antes del descubrimiento del control de la flotación de la burbuja o del invento del juego especular y de la lente. Antes de la idea de medición precisa.

En esos tiempos en los que la gente vivía de sus propios medios, la tecnología de manejo de agua debía ser eficiente, funcional y lo más barata y práctica posible. Durante milenios, sociedades enteras vivieron y pervivieron mediante el uso directo del agua de lluvia, pero como toda tecnología, con sus altas y sus bajas de éxito social, el jagüey y sus asociados no han sido la excepción histórica y a raíz de la introducción de la bomba y el tubo, del uso de aparatos capaces de perforar suelos duros y rocas y de los avances de la prospección geológica y demás métodos que acrecientan la certeza de encontrar agua en mantos subterráneos; la captura del agua pluvial directa y la tecnología asociada a ella cayeron en desuso. No obstante, y esto no quiere decir que la tecnología y el tubo se haya vuelto ante la evidente necesidad actual de aprovechar lo mejor posible los recursos hídricos;

quizá estamos viviendo el nacimiento de la tecnología pluvial en pequeño… lo cual es un decir. Porque para el caso del Valle de Tizayuca, por tomar un ejemplo, que es ahora el de nuestro concentrado interés, hay cientos de obras hidráulicas chicas y medianas de todo tipo y épocas que, en conjunto forman un gran sistema que cubre cerca de ciento cincuenta mil hectáreas, que ya es decir. Todo renacimiento implica la puesta al día de conocimientos y prácticas añejas y el esfuerzo por identificar los usos anticuados como los únicos posibles. El agua circula y lo peor que podemos hacer es dejarla correr.

Toda tecnología básica tiene un umbral de uso no necesariamente determinado por sus virtudes técnicas, sino en muchos casos por su viabilidad financiera y por la disponibilidad económica para la atención de las tecnologías asociadas a su instrumentación. En el caso del Valle de Tizayuca, el conocimiento de las estructuras geológicas y, por lo tanto, del comportamiento y capacidad de los acuíferos subyacentes, requiere inversiones extraordinarias y así como urgentemente necesarias para establecer parámetros más precisos que los existentes, para la correcta explotación de esos mantos.

Los planteamientos modernos acerca de la sustentabilidad de los sistemas de ocupación humana del territorio incluyen como factor central el conocimiento y el manejo de la diversidad de alternativas que cada geografía específica nos ofrece. Nuestro proyecto nos permite ver que en la subcuenca del Valle de Tizayuca contamos con dos fuentes principales de abastecimiento de agua: la subterránea y la superficial y sería por lo menos limitado desdeñar la segunda sobre la base de que la tecnología es anticuada. Toda visión éxitos del futuro implica montarse sobre los hombros del pasado para tener una apreciación más amplia del presente. Esto tampoco es la excepción.

EL Jagüey del Futuro

Para desempolvar un poco la idea de la tecnología del jagüey, convendría hablar de embalses, como primer paso, con lo que podríamos tener entonces otro panorama de las posibilidades de aprovechamiento del agua de lluvia. Esto no quiere decir que eliminemos el término de nuestro glosario. Ya hemos comentado el jagüey o embalses sólo una parte del sistema de recolección o cosecha de agua pluvial y, en consecuencia, habremos de considerar la serie de elementos que componen cada uno de esos sistemas y que lo hacen íntegramente funcional. Los factores que hacen que un embalse sea mejor que otro, en primer lugar, tienen que ver directamente con su entorno natural, como son: un bosque maduro y estable en las partes altas de su subcuenca alimentadora, suelos húmedos con capa protectora vegetal o de materia orgánica de las vertientes, la rápida saturación del suelo para aprovechar las lluvias ligeras, una serie de terrazas organizadas y cultivadas, buena fijación del suelo y estabilidad en los lechos de los arroyos, entre otros; y en segundo lugar, independientemente de los anteriores, con aquellos factores relacionados solamente con su construcción, que estarían destinados a obtener una buena definición tecnológica de partida. Entre estos últimos, quizás los más importantes son la evaporación, la permeabilidad y la limpieza del agua, que, traducidos a vocablos constructivos vendrían a ser una mínima o nula evaporación del agua embalsada, y una excelente impermeabilidad del fondo y perímetro del embalse y un óptimo control de la calidad sanitaria del agua., desde la entrada hasta la salida.