Una Vida Profesional, Gremial y Magisterial

Chema nunca dejó de ser arquitecto a pesar de que difería radicalmente del prototipo del arquitecto moderno. El debería ser el paradigma del profesional de la arquitectura en un país que ha acumulado grandes carencias y desigualdades, donde la mayoría de la población no cuenta con el apoyo mínimo de un profesional de la arquitectura.
Chema nos enseñó a predicar con el ejemplo; aunque tuvo puestos de gran responsabilidad en la administración pública, supo mantener el sentido común elemental, la disciplina de trabajo, la sencillez en el trato, la modestia, el buen humor y la capacidad de llamar a las cosas por su nombre, de acercarse a la gente y sus problemas, ensuciarse los zapatos en la obra, gozar de las enseñanzas de los “maistros” y con todo ello, merecer el respeto y reconocimiento por los grandes aportes a la arquitectura social en México.
Chema hizo escuela, creando instituciones y orientado con gran sabiduría y oportunidad a los jóvenes y a los no tan jóvenes, quienes gracias a ‘el cometieron menos errores al entender el potencial de la gran “constructora pueblo” como llamaba al esfuerzo colectivo para enfrentar el reto de la producción de vivienda.
Su llamado a no permitir que “los caciques aztecas” impusieran sus visiones tecnocráticas, permitió rescatar soluciones populares, ingeniosas y cargadas de historia, que fortalecieran y multiplicaran las iniciativas de los pobladores al hacerlos conscientes y orgullosos de aportar esfuerzos a la solución de sus propios problemas. Muchas gracias, Chema, donde te encuentres, deberás sentir una gran satisfacción por el trabajo realizado.
