Arquitectura y Tiempo
Hacer arquitectura está relacionada con el medio físico, el lugar geográfico y el tiempo histórico en que se produce. Su finalidad es dotar al hombre de espacios en los que realice sus diferentes actividades. habitar, trabajar, recrearse, educarse, etc. Estas actividades han variado a través de la historia, generando nuevos programas arquitectónicos, y soluciones diferentes; presentará soluciones que aprovechen las condiciones favorables y mitiguen las desfavorables.
Los arquitectos hemos perdido conciencia del alcance de nuestro trabajo y de su importancia para la sociedad; hemos reducido el campo de acción de nuestra profesión, cediéndola a otros profesionistas no siempre mejor preparados: Hemos cedido la planeación, la formación de nuestras ciudades y la construcción de nuestros edificios y aún de las viviendas.
Es escaso nuestro papel para mejorar las condiciones de vida de los mexicanos. Hemos olvidado que las ciudades se hacen sumando edificios, elementos arquitectónicos, que un edificio es parte fundamental de la ciudad, que nuestros edificios deben formar parte del conjunto urbano y enriquecerlo y no tratar al edificio como un elemento aislado sin referencia a su entorno.
En el pasado las ciudades se formaban con la creación de grandes edificios, casi siempre edificios públicos y con ellos se daba fisonomía a la ciudad. Así la imagen de estas siempre se da como referencia para el hombre común, con un gran edificio: Paris, La Torre Eiffel; Nueva York, El Empire State; Moscú el Kremlin; Atenas, el Partenón; Taxco, Santa Prisca y así existen múltiples ejemplos.
Hoy, nuestras urbes se forman y crecen con vivienda de gente pobre, sin recursos económicos y sin la participación de arquitectos. La ciudad se ve afectada en su imagen, pues ella no es solamente sus centros históricos, de negocios o turísticos, es la ciudad entera. Por eso para las ciudades es muy importante la imagen de su población, pues habla de historia, costumbres, cultura y tradición, que los arquitectos debemos cuidar.

Con la globalización, nuestras ciudades están en grave peligro de perder su identidad, mucho más, en los centros turísticos como es Acapulco; la invasión de las trasnacionales con sus edificios tipo, afecta en gran medida el paisaje urbano, con McDonald, Burger King o Blockbuster, pierden su identidad y se vuelven iguales en cualquier lugar del mundo. Las grandes cadenas hoteleras siembran sus edificios sin considerar el entorno y las condiciones del lugar, sus hoteles son iguales en Acapulco, Guanajuato o Honolulu. Lo que no es bueno para nadie ni para los habitantes locales, ni para los turistas que buscan un lugar distinto, con identidad propia; consideran, si no la tiene, para que ir.
El uso de materiales de importación, aplicados alrededor del mundo, no siempre son mejores que los locales; además algunos arquitectos no comprenden la integración al entorno, y copian o adaptan modelos extranjeros olvidando su capacidad de creación y conocimiento del lugar y no me refiero a crear formas del pasado. La arquitectura debe ser siempre contemporánea.
En la actualidad los arquitectos en México, participamos en un porcentaje muy pequeño del total de edificaciones que aquí se realizan; este porcentaje se podría situar en un máximo del 9%. Ello se debe principalmente a la idea de que debemos trabajar únicamente para las grandes o medianas obras arquitectónicas y preferentemente en su proyecto, olvidando que el término arquitecto significa constructor; con esta idea nos hemos alejado de la construcción, cediendo esta actividad a ingenieros o albañiles. La mayor cantidad de obra, en nuestras ciudades la ejecutan éstos últimos atendiendo las necesidades de la población mayoritaria en nuestro país, sin proyecto y realizando
obras de mala calidad y a un costo alto, y nosotros, los arquitectos no hemos sabido atender a esta población actuando de una manera elitista fuera de la realidad nacional.
Si los arquitectos supiéramos y quisiéramos atenderlos, faltarían arquitectos, pero si no comprendemos que debemos actuar para todos e insistimos en actuar solo para las cúpulas, no cumpliremos con nuestro deber de mejorar la calidad de vida de nuestros compatriotas, el trabajo será cada vez más escaso y nuestras ciudades cada día más malas.
La actividad del arquitecto debe ser cuestionada por nosotros mismos. No es comprensible que, si somos nosotros los que nos preparamos para participar en la creación de edificios y viviendas, no participemos más que en porcentajes tan reducidos; esto habla de la poca conciencia social de nuestra profesión y equivale a pensar que la gente de escasos recursos no fuera atendida por profesionales de la medicina.
