viernes, mayo 1, 2026
Enrique García Formentí

El Urbanismo y sus Paradigmas Sociales

Urbanismo es el conjunto de conocimientos y técnicas que, por medio de la planificación, define la ordenación y desarrollo del territorio, de los espacios donde habitan conglomerados sociales; donde se desarrollan sus cuatro actividades básicas: Habitar, Trabajar, Cultivo de la personalidad y Circular.

El resultado ideal del urbanismo es lograr que la utopía, se vuelva realidad, la ciudad perfecta, la ciudad ideal. El urbanismo es una actividad muy antigua, en cada una de las civilizaciones que han poblado la tierra se encuentran realizaciones urbanísticas que atendían a las necesidades de su población.

Estamos habituados a pensar que el urbanismo solo existe en las grandes ciudades; y no, existe aún en los pequeños poblados.

Las urbes son cada vez más requeridas por la población rural, por las oportunidades de desarrollo personal, educación, trabajo y servicios, incluyendo la vivienda, aunque vivan en condiciones infrahumanas, peores a las del campo.

Sobre la ciudad y el urbanismo, se han realizado trabajos de sociólogos, antropólogos, filósofos, ambientalistas, economistas, médicos, sanitaristas, ingenieros, arquitectos, artistas y urbanistas; trabajos de gran valor que nos permiten ver, conocer la importancia y complejidad de la ciudad.

Muchas ciudades fueron planeadas y realizadas con un orden, una traza, previendo su desarrollo y crecimiento, la gran mayoría, en su desarrollo, han roto los caminos previstos, se ha rebasado la planeación original y han tenido que sufrir modificaciones en su trazo y uso, en sus áreas centrales, y sobre todo en su periferia.

Las ciudades en sus orígenes estuvieron siempre delimitadas por áreas agrícolas que las proveían, le daban suficiencia alimentaria, áreas que desaparecen, transformadas en regiones urbanas, algunas planeadas y las más, sin planeación alguna, creando los llamados cinturones de miseria.

Estos barrios, pobres, incluso miserables, se forman con la invasión de tierra, o en áreas baldías, creándose los llamados tugurios. Ilusoriamente pensamos que la edificación, la vivienda y las ciudades las proyectamos y construimos los arquitectos o los constructores. Esto sería bueno, pero no es cierto, las construcciones de la ciudad en su gran mayoría las edifica la constructora pueblo, o sea la autoconstrucción.

El gobierno cuenta con áreas específicas para estos fines, con especialistas en temas urbanos. La ciudad es factor importante de negocios, la tierra es una inversión con la que se especula y produce grandes plusvalías sin regulación.

Ello crea grandes cambios; se “rescatan” zonas, se alteran usos y densidades, aumenta el valor de la tierra y se hacen importantes inversiones inmobiliarias. El rescate urbano se realiza en lugares deprimidos, con instalaciones inoperantes, o vivienda popular; al cambiar de uso, expulsa a pobladores e incrementa los costos, complica la prestación de servicios y la vialidad, modificando el tejido urbano y la vida cotidiana.

El costo del suelo, bajo la ley de la oferta y la demanda, se eleva tanto que sólo es adquirido por empresas constructoras o especuladoras, que modifican el uso, destinos, densidades, en beneficio del capital. Los desarrollos transforman a la ciudad, modificando flujo y forma de vida de sus habitantes.

En la vivienda popular, el alto costo del suelo no propicia inversiones y así los desarrolladores construyen viviendas fuera de las ciudades, en terrenos agrícolas, no urbanos a enorme distancia de los centros de trabajo, educación y salud, sin servicios urbanos, equipamiento y sin solución al transporte. Se ha roto con los sistemas de planeación, de equipamiento. En un país que necesita vivienda popular, tenemos un gran número de viviendas abandonadas.

Los centros de las ciudades, áreas que marcan su imagen, su corazón y centro de actividades, enfrentan problemas como el tráfico, inmuebles con infraestructura antigua y deteriorados, con problemas de estacionamiento, y con viviendas desocupadas. Son áreas simbólicas, patrimoniales que deben ser conservadas y habilitadas para nuevas funciones.

Se han creado ciudades del siglo XX, de diversas características; han sido una nueva propuesta que funcionó un tiempo, ahora con problemas en su operación.

Destacan Brasilia, proyecto de los arquitectos Lucio costa y Oscar Niemeyer; La ciudad original sigue siendo agradable y operativa, pero en sus límites se han creado las chabolas sin orden, con servicios precarios, inseguros, insalubres. Chandigarh, proyecto de le Corbusier, las calles han perdido sus cualidades. Dubái, con grandes obras arquitectónicas, proyectadas por arquitectos de moda los llamados stars; es una ciudad inhumana, con grandes espacios libres, enormes distancias, circulaciones amplias para los vehículos, pero que en su concepción el hombre ha pasado a segundo término; es una ciudad impresionante pero inhumana. Entonces, ¿Qué hacer con nuestras ciudades, que características necesitan tener, de acuerdo con las necesidades presentes y futuras de sus habitantes? Deberían ser: Funcionales, eficientes, saludables, seguras, ecológicas, agradables, compactas, para así, proporcionar la mejor calidad de vida a sus habitantes.

Entendemos por funcionales y eficientes, que todos sus sistemas funcionen de manera correcta y en forma conjunta, lo cual permitirá que la ciudad opere bien y que todos sus habitantes obtengan no solo la posibilidad de satisfacer sus necesidades, sino tener calidad de vida. Deberá contar con vialidades correctas. Reglamentación urbana que fije usos, destinos del suelo y densidades, que tenga el equipamiento urbano suficiente de acuerdo con su población; el espacio público necesario para atender los requerimientos de vivienda en todos los niveles socioeconómicos; ser más incluyentes.

Se debe contar también con los servicios de infraestructura necesarios: agua, drenaje, energía eléctrica, transporte público, que es una de las carencias de nuestras ciudades, las distancias a recorrer son grandes y consumen el tiempo del usuario.

Las ciudades saludables serán un lugar donde prevalezca la justicia en igualdad, con cero impunidades, donde se respeten las leyes y reglamentos, la dignidad de las personas sin importar género, raza, condición social, creencias o preferencia sexual y exista convivencia armónica. Un lugar con acceso a los servicios de atención a la salud efectivo y de calidad, con espacios de esparcimiento, deportivos, libre de contaminantes; con educación de calidad; donde se privilegie al peatón y no al automóvil. Con una sociedad civil organizada que promueva los derechos políticos y sociales de todos los individuos y se involucre en las decisiones políticas que inciden en su bienestar y calidad de vida.

La delincuencia y violencia urbana es motivada por factores sociales, desigualdad, discriminación, injusticia e ignorancia. Las ciudades deben ser ecológicas. El daño ecológico que ha hecho la humanidad a nuestro planeta debe acabar. Para ello es necesario establecer normas y una reglamentación obligatoria. Las ciudades son ecológicas cuando su funcionamiento no daña los sistemas naturales, existe un uso racional de los recursos y se utilizan medidas de amortiguamiento al daño que causan los habitantes de la urbe. Que exista el ahorro de energías fósiles y se utilicen más, las energías limpias se utilice el agua con racionalidad, se evitan desperdicios, se trate y se recicle. Que la basura se clasifique y recicle.

La ciudad es agradable cuando existe en ella la tranquilidad, que responde a su buen funcionamiento, una ciudad amable que controle la delincuencia y exista seguridad.  

Una ciudad compacta, produce grandes beneficios; sus distancias son cortas; la infraestructura reduce longitudes, acorta el tiempo de recorrido del transporte.

La ciudad se forma, se constituye por los edificios, por la arquitectura y por los espacios públicos, que son lugares para el bienestar de los ciudadanos, de su convivencia, son áreas para todos sin privilegios. Establecer un programa de los llamados parques de bolsillo dan disfrute a los habitantes.

Y no olvidar que cuando proyectemos una obra arquitectónica, pensemos en ella, pero integrada a la ciudad, que la respete, que la engrandezca.

Hagamos una buena arquitectura que enriquezca a nuestras ciudades.