Estefanía Chávez y la Planeación urbana operativa en Michoacán.

El pasado no se puede comprender solo a partir de los valores del presente; no solo sería injusto, sino arcano, incomprensible. Frecuentemente se asocia a Estefanía Chávez con su trabajo en la academia, particularmente en la creación de la Licenciatura en Urbanismo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); sin embargo, Manina, para esos años ya tenía más de tres décadas de una intensa labor profesional como urbanista; entre otras, su participación como asesora del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas como gobernador del Estado de Michoacán.
“Asesorar” no le era suficiente; se involucraba en todas y cada una de las etapas y actividades que se requiriera.
Para comprender su legado en Michoacán, debemos situarnos a partir de cuatro sucesos:
- Su participación en las actividades de la Sociedad Interamericana de Planificación (SIAP)[1] y de la Sociedad Mexicana de Planificación (Somepla).[2]
- La organización de Hábitat I en Vancouver, Canadá; convocada por la ONU en 1976. Y en la que Manina abanderó un importante grupo de especialistas mexicanos.
- Las modificaciones al artículo 115 constitucional, en la que se descentralizaron diversas facultades a los gobiernos municipales; particularmente la hacienda pública y la planificación urbana. Estas se aprobaron a fines de los70s
- La publicación de la Metodología para la elaboración de Programas Municipales de Desarrollo Urbano y Centros de Población, emitida por la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP).

Sobre esta última, señalaba que uno de sus problemas, además de su origen altamente centralista, era que se confundía el proceso de planeación con la publicación del programa (Chávez, 1996, p. 99).
El objetivo de la planeación urbana debía ser el beneficio de la población urbana, no el número de programas publicados. Señalaba que los planos y mapas eran la verdadera herramienta de trabajo para la planeación del territorio y no los textos, los cuales se convierten en el centro de la discusión con y entre autoridades e inhiben su aprobación y aplicación. Los planos no deberían ser anexos, sino parte fundamental del instrumento de planeación.
Del mismo modo, consideraba que no debían existir dos versiones del mismo documento -la completa y la ejecutiva-; sino que debía ser una sola, para que su publicación fuera el mismo documento que se conociera y discutiera.[3] (Chávez, 1996, p. 112)
Su cercanía a la planeación y ejecución de proyectos de irrigación en el norte del país durante las primeras décadas del siglo XX, trabajos encabezados por el Ing. Eduardo Chávez -su padre-, sembró en ella la importancia de planificar el territorio, y su utilidad a la sociedad. Planear haciendo fue su estandarte para evidenciar que la planificación debía mostrar resultados tangibles en la calidad de vida de las personas. Así, durante su participación en el caso de Michoacán, se acuñó como programa de gobierno la Planeación Urbana Operativa (PUO).


La PUO Sembró las bases para la construcción de un naciente sistema de planeación urbana en el territorio michoacano, y que consistió principalmente en:
- La optimización de los recursos técnicos y materiales; así como del tiempo -desde luego siempre escaso-.
- La capacitación permanente de recursos humanos, que después serían los ejecutores en cada uno de los municipios y regiones de la entidad.
- La descentralización paulatina de lo recién aprobado en materia de zonificación hacia los gobiernos municipales.[4]
- Aprobación de instrumentos de planeación; y a la vez, la ejecución de diversos programas y acciones para generar cambios en los asentamientos humanos al corto plazo.
Al respecto de este último punto, la PUO se enfocó en constituir en un muy poco tiempo un sistema de instrumentos de planeación que fueran la base para la planificación del territorio estatal. Así, se realizaron licencias de uso del suelo y de construcción a través de los gobiernos locales para consolidar su rectoría en esta materia.
En pocos meses, se elaboraron y aprobaron 10 programas de centros de población, entre los que destacaron Morelia, Uruapan, Pátzcuaro, Ciudad Hidalgo y Puruándiro. Cabe destacar que el registro de estos programas fue en el Registro Público de la Propiedad, y no en los de planes y programas; lo que les dio un mayor peso jurídico.[5]
En 1983 se expidió para Michoacán la Ley de Desarrollo Urbano y Aprovechamiento del Territorio, que contenía el mando del gobierno estatal para regular el precio de los terrenos urbanizados con base en el valor catastral de los últimos cinco años, e investía como notarios a servidores públicos para expedir escrituras de los terrenos que adquiriera el gobierno estatal, quien se reservaba el derecho para elaborar proyectos de fraccionamientos. (Chávez, 1996, p. 160)
Al final de la administración del Ing. Cárdenas, algunos de los principales resultados de la PUO fueron:
- Elaboración de 64 planes de desarrollo urbano; de los cuales solo 14 no fueron aprobados.
- Emisión de las declaratorias de reservas territoriales en Uruapan, La Piedad, Apatzingán y Pátzcuaro.
- Elaboración y desarrollo de 268 fraccionamientos, en los cuales el gobierno estatal consolidó más de 3.7 millones de metros cuadrados de suelo en donación.
- Implementación de una amplia política de atención a grupos de bajos ingresos. Entre los principales resultados destacan la creación de 19,000 lotes para que más de 35,000 familias pudieran construir su patrimonio; 21 asentamientos reubicados para 2,590 familias; 1,563 convenios de compraventa de terrenos en favor del Estado; así como la adjudicación de más de 180 mil metros cuadrados de bienes que se orientaron a procesos de reubicación y regularización de la población de más bajos recursos.
Más allá de los resultados enlistados, para Manina los protagonistas no eran los instrumentos, sino las personas. El proceso era igual o más importante que los resultados; porque condensaban miles y miles de horas de capacitación, de formación y reflexión colectiva. Y si eso se podía replicar de una persona a otra, el proceso de transformación social y del hábitat, podría ser mucho más vigoroso, que la simple distribución y difusión de unos manuales. Conocía las deficiencias técnicas que podían tener los municipios y los estados sobre las materias de planeación territorial, creía firmemente en la necesidad de formar especialistas en estos campos. En este sentido, la creación de las licenciaturas en estos temas urbanísticos, no eran para sustituir a los programas de maestría o doctorados, sino para completar el ciclo formación de estos especialistas; e incluso a nivel básico, tan necesario en estos tiempos de creciente malestar en nuestras ciudades.


La Planeación Urbana Operativa -o Planear haciendo-, consistió más que en una metodología, en un ideario sobre el quehacer de la planeación urbana; donde los programas de desarrollo urbano no debían ser enciclopedias, sino herramientas de trabajo, principalmente para el uso de los gobiernos municipales y para el beneficio de todas las personas. A más de cuarenta años de las experiencias aquí expuestas, debemos reflexionar qué tanto ha cambiado la práctica del urbanismo en nuestro país.
“…La planeación operativa tiene como ventaja, que, si se ejercita con el propósito de alcanzar acciones concretas, tarde o temprano se llegan a ellas…” Estefanía Chávez
Bibliografía
- Camacho, L. (2007) Sociedad Interamericana de Planificación, SIAP 50 años Vida institucional y programática. Revista Bitácora Urbano Territorial, vol. 11, núm. 1, pp. 268-284. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, Colombia
- Chávez, E. (1996). Urbanismo en ciudades medias y pequeñas. PUEC-UNAM,
- SEGOB, Diario Oficial de la Federación. Recuperado el 16 de marzo de 202


Izq. Proyecto de fraccionamiento “Cosmos” elaborado por el IPN-ESIA por encargo del Gobierno del Estado de Michoacán (1984)
Fuente: (Izq.) Secretaría de Desarrollo Territorial, Urbano y Movilidad del Gob. De Michoacán; (Der) Elaboración propia con base en google earth.

