viernes, mayo 1, 2026
Desarrollo Urbano de MéxicoMiradas

Programa Integral de Remodelación de Poblados en el Estado de México

Francisco Covarrubias Gaitán

En 1972, el Instituto AURIS, instrumento de planeación urbana y vivienda del Estado de México, estableció un programa para la atención integral de 123 cabeceras municipales, que tenía como objetivo ponerlas en valor, a través del mejoramiento de sus servicios; dotarlas de equipamiento; mejorar su imagen urbana, y dar pauta a su desarrollo social y económico. Se produjo en forma paralela al intenso proceso de urbanización del Valle de México y del Valle de Toluca y planteaba que las cabeceras municipales fueran un referente en las zonas metropolitanas y en los municipios rurales del Estado.

La Operación Progreso, suponía una visión integral. Al mejoramiento de poblados, sumó una vertiente social, para alentar la convivencia, las actividades económicas e impulsar las acciones productivas.

El Gobernador del Estado de México, presentó al Presidente de la República un programa para atender a todas sus cabeceras municipales, que permitió la asignación de recursos federales, que significó un cambio de escala y la organización de mecanismos administrativos.

Los arquitectos, Julio García Coll y Carlos Villalobos, se incorporaron, desde AURIS, al Gobierno del Estado. Operación Progreso, integró a coordinadores y promotores locales; seleccionó matrimonios para capacitar, a hombres como a mujeres, en actividades con orientación de género, mediante talleres, en los que, además, se identificaron las necesidades y propuestas de la comunidad, para la integración del proyecto, así como para la ejecución de las obras, tomando en cuenta la participación los ritmos de la comunidad.

Para la elaboración de los proyectos urbanos sobre poblados y arquitectónicos, el programa se dividió en dos grupos: el primero del Instituto AURIS, al que se asignaron 62 cabeceras municipales con su ejecución por Operación Progreso; el otro se asignó al Arq. Francisco Artigas.

Los proyectos de las cabeceras municipales se realizaron para mejorar su calidad de vida; hacerlo atractivo en sus condiciones físicas y ambientales; mejorar su paisaje urbano, e impulsar sus actividades sociales y económicas. Se les dio valor como centros administrativos y culturales, transformándose en centralidades, en el ámbito metropolitano y, en el rural, se consolidaron para concentrar la población de cada municipio, con equipamientos y unidades económicas.

El programa se concertó con la Secretaría de Obras Públicas, que proporcionó materiales industrializados y cubrió las estimaciones de la mano de obra especializada, mientras que, con la población local, se organizaron brigadas que aportaron su mano de obra y materiales locales (arena, grava o piedra).

Se planteó atender a la estructura de cada poblado, su infraestructura y servicios, sus espacios públicos, vialidades y paramentos, así como la conservación de su patrimonio y se orientó a la población para el mejoramiento de sus viviendas.

Al inicio de 1973 se integraron los proyectos urbanos con la participación de equipos de arquitectos, que se les asignaron grupos de poblados:  Cooperaron: José Luis Benlliure, con Alejandro Suárez Pareyón y Enrique Lastra; en Ocoyacac y Metepec; Carlos Mijares, en Cuautitlán, Tepotzotlán y Tultitlán; como municipios metropolitanos, Innes Webster, Chimalhuacán, transformado en un punto de referencia para su entorno metropolitano; Manuel Sánchez de Carmona, Valle de Bravo, Donato Guerra, Amanalco y Santo Tomás de los Plátanos; Alberto Arouesti; en el sur del Estado; Imanol Ordorica y Mariano Benito Araluce, en la zona sur de Toluca

Un programa piloto para su ejecución en Jocotitlán, en el Eje Toluca- Atlacomulco por Xavier Hernández Benítez, Crispín López y Benjamín Arenas, iluminado con una paleta de colores amarillo mango, naranja, ocres y terracota, entendiendo que armonizar no es copiar, con un gran respeto, mediante el paisaje existente como raíz y cimiento de la obra nueva, respondió a las necesidades y aspiraciones de la población.

A través de visitas y talleres, se estableció una metodología común, que aplicó enfoques conceptuales de cómo abordar el mejoramiento y desarrollo de los poblados, poniendo en valor, lo patrimonial, el respeto a la arquitectura vernácula y local, independientemente del tiempo en el que hubieran sido construidas.

Se contó, en visita a los poblados, con la participación del Arq. Luis Barragán, quien comentó sus experiencias sobre el espacio, el tiempo, las secuencias en el recorrido de los poblados, la luz y la arquitectura mexicana, los materiales, la naturaleza, el color, lo introspectivo y lo intangible que aportaban. Había que entender esto, conservarlo y enriquecerlo, haciendo énfasis de la presencia del color como un elemento que los caracterizaba. “Pueblos azules, pueblos naranjas, pueblos morados y pueblos rosa mexicano…”

Se elaboró una cartera con los planos de su representación, que incluía la estructura visual, físico-espacial y ambiental, así como un esquema de desarrollo de cada poblado, que incorporaba sus áreas de conservación, protección y criterios para definir su crecimiento, considerando dinámicas de tres años, que correspondieran con los gobiernos municipales.

Dentro de los planos que atendían a la estructura visual, se incorporaron límites o bordes, senderos, secuencias y espacios integrados, puntos de referencia, nodos o intersecciones, zonas homogéneas de valor patrimonial y vistas panorámicas.

Se identificaron los usos del suelo, la tenencia de la tierra, el inventario del equipamiento, las condiciones de la infraestructura urbana, los servicios y su calidad. Se establecieron prioridades para la estructura urbana; los aspectos ambientales, el tratamiento de espacios abiertos, vialidades e intersecciones, y los servicios públicos y equipamientos; se sistematizaron y desarrollaron prototipos de mobiliario urbano.

En paralelo, se ejecutaron los proyectos del Arq. Artigas, con una visión de pueblos blancos y especificaciones fuera de la realidad, con arreglos escenográficos, ejecución de obras por constructoras y pérdida de los valores tradicionales de la arquitectura, lo que alteró y modificó el carácter de los poblados.

Finalmente, se decidió que el programa que ejecutó Operación Progreso pasara al Arq. Artigas, lo que generó desencanto en el grupo de arquitectos; además, hubo comunidades a las que les pareció inaceptable el cambió de ejecución y su limitada participación. El Arq. Luis Barragán lo llamó “el artigazo” y señaló que se había sustituido el rosa mexicano por el blanco de España.

Una Experiencia de Renovación Urbana en el Centro Histórico de Guadalajara.

Juan Ricardo Gil Elizondo

Los objetivos del Plan Parcial para crear el Centro Metropolitano de Guadalajara, “Plaza Tapatía”, están expresados en el decreto del 4 de enero de 1979 que aprueba la figura de “urbanización y control de edificación por causas de interés social” en la que se permite la asociación del Estado y los Particulares para la regeneración de su polígono. Contiene normas y procedimientos para respetar las garantías constitucionales de los participantes.

La Guadalajara de esa época padecía los problemas de un acelerado crecimiento, debido a las altas tasas de natalidad, al fenómeno de concentración de la población en centros urbanos que producía el crecimiento expansivo de su mancha urbana, lo que provocó el despoblamiento de su Centro Histórico, el abandono de sus elementos patrimoniales, el desaprovechamiento de los espacios públicos y el equipamiento existente.

Urgía una operación múltiple en su perímetro, más deteriorado alrededor de la zona de San Juan de Dios, para rescatar su patrimonio cultural, transformando inmuebles históricos degradados como: El Hospicio Cabañas (hoy el más importante Museo del Occidente del País); El rescate del templo de Santa María de Gracia, primera catedral de Guadalajara; La remodelación de dos importantes fincas históricas en su perímetro, en donde se instaló la nueva sede del Congreso del Estado, y del edificio aledaño al Teatro Degollado en el que se alojó la sede de los Tribunales del Estado. Se mejoró el uso de la tierra, utilizando lotes baldíos y fincas ruinosas, así como se resolvió su congestionamiento vial, para hacer resurgir esta zona de la ciudad con una operación concertada entre los gobiernos del Estado, del Municipio, los propietarios de tierra y el apoyo financiero de la banca oficial (Banobras).

Las principales obras fueron:

– El eje Juárez – Mina, forma un par que resuelve la circulación de oriente a poniente del centro de la ciudad

– Av. Hidalgo se prolonga y continúa por Av. República en 4 carriles

– El Túnel vehicular Miguel Hidalgo que desahoga el flujo vehicular.

El polígono de la “Plaza Tapatía” tiene una superficie de 70,000 m2: 20,000 de propiedad pública y 50,000 privada. Fue un proyecto autofinanciable

La plataforma que cubre los estacionamientos de la Plaza Tapatía sobre la que se construyeron las plazas y los paseos peatonales del conjunto; inicia en la fachada posterior del Teatro Degollado y termina al frente del Hospicio Cabañas, pasando 6 metros sobre la Calzada Independencia, antiguo cauce del rio de San Juan de Dios.

Así se unieron en el proyecto, el oriente y el poniente del centro histórico que tiene una traza urbana de calles estrechas en las que se asientan edificios históricos como la Catedral, el Museo Regional de Jalisco, Además, se adaptaron: La Plaza de la Liberación, la Rotonda de los Hombres Ilustres, la Plaza de Armas frente a Palacio de Gobierno y La Plaza de los Laureles frente al Ayuntamiento. El conjunto de estos cuatro espacios públicos creados en los años 40 es conocido como “La Cruz de Plazas”.

Para facilitar a la zona del oriente de la ciudad y a las zonas populares del poniente su acceso al centro histórico con fluidez; se habilitó un par vial de 16 kilómetros de longitud formado por las avenidas Hidalgo. en sentido oriente poniente y en sentido inverso Javier Mina y Vallarta, desde la Glorieta Minerva al Oriente, hasta Belisario Domínguez al Poniente. También se construyó un túnel vehicular de un kilómetro de largo, del mercado Corona al Hospicio Cabañas, ante la imposibilidad de ampliar las vialidades en esa zona y se conectó con los estacionamientos subterráneos de la Plaza Tapatía; y con la ampliación en dos kilómetros a cuatro carriles con la calle de República al poniente.

El par vial fue dotado desde un principio por un sistema de transporte colectivo compuesto por trolebuses eléctricos y semaforización computarizada.

Las obras de la Plaza Tapatía se realizaron por la vía de la asociación Público-Privada entre el Estado y los particulares. Cabe mencionar que el 60% de los propietarios optaron por participar en el proyecto obteniendo una plusvalía muy superior al valor original de su propiedad, en virtud de las obras públicas de vialidad, hidro-sanitarias, espacios públicos y estacionamientos que construyó el Estado,

dejando la medida de la expropiación como último recurso para aquellos propietarios que no desearan asociarse, o en su caso vender sus propiedades al Fideicomiso Público Privado que se instituyó

Es importante destacar que, en el Polígono, se regresaron a sus propietarios 40,000 m2, quienes los vendieron para la realización de edificios de usos mixtos con plantas bajas activas y 30,000 m2 se convirtieron en plazas y corredores arbolados.

Con un crédito amortizado en 5 años se construyeron 1,000 lugares de estacionamientos subterráneos. Los espacios públicos se realizaron con las utilidades de la reventa de 16,000 m2, a cargo del Fideicomiso, ya que el decreto del Estado permitió vender estas propiedades a terceros siempre y cuando se reinvirtieran los recursos en acciones en favor del polígono decretado.

La Plaza Tapatía demostró que, con la conducción del Gobierno, con leyes claras para la participación de la Iniciativa Privada, se pueden hacer proyectos de regeneración urbana en áreas centrales, dinamizarlas, repoblarlas y hacerlas más vivibles y sustentables. Este sistema ha encontrado un nuevo cause en los polígonos de Sistemas de Actuación por Cooperación (SAC ́s) de la CDMX; en los que también he participado, en particular en el correspondiente a Tacubaya en el que realicé el Plan Maestro y fui líder del proyecto del 2017 al 2019.

Patrono del Proyecto: Lic Flavio Romero de Velasco

Gobernador del Estado

Director General del Proyecto y Obra: Arq. Juan Ricardo Gil Elizondo.

Participaron:

Arq. José Pliego Martínez, Arq. Guillermo Navarro Franco, Arq. Fabián Medina Ramos, Arq. Carlos Felipe Arias García y Arq. Ignacio Vázquez Ceseña

Los primeros conceptos para intervenir el área de la actual Plaza Tapatía se deben al Arq. Ignacio Díaz Morales en los años 60.